La sala del consejo de Ravenswood se ha transformado por completo desde la última vez que reuní a mis líderes bajo circunstancias mucho menos urgentes. Ahora, mapas cubren cada centímetro disponible de la mesa de roble macizo, marcados con anotaciones frenéticas sobre territorios conocidos de los Thornwood, rutas de patrullaje, y cada fragmento de información que hemos logrado reunir durante los últimos cinco días de investigación implacable.
Mis heridas, aunque todavía visibles, han sanado lo suficiente para permitirme funcionar con la claridad mental absoluta que esta situación exige. No he dormido más de dos horas seguidas desde la noche del ataque, alimentado por una determinación fría y calculadora que ha reemplazado por completo cualquier vestigio de la vulnerabilidad emocional que me permití mostrar durante las semanas anteriores.
—Marcus. —Mi voz corta a través del murmullo de conversaciones en la sala, silenciando de inmediato cualquier discusión secundaria—. Informe de reconocimiento.
—Hemos confirmado tres ubicaciones posibles para la base principal de los Thornwood. —Marcus señala tres puntos marcados en el mapa más grande, cada uno en territorios remotos y densamente boscosos que sugieren un cuidado meticuloso por mantener su ubicación oculta—. Basándonos en los patrones de movimiento que nuestros exploradores han rastreado durante los últimos días, creemos que la ubicación más probable es esta, en las montañas al este de donde ocurrió el ataque.
—¿Nivel de certeza? —pregunto, con una precisión clínica que enmascara completamente la tormenta de emociones que ruge debajo de la superficie cada vez que pienso en Aria, sola, asustada, en manos de un enemigo sin escrúpulos.
—Setenta por ciento, quizás algo más. —Marcus duda un momento antes de continuar—. Pero Kael, atacar directamente esa ubicación sin confirmación absoluta podría ser catastrófico. Si nos equivocamos, alertamos a los Thornwood de que estamos cerca, y podrían trasladarla a una ubicación completamente nueva antes de que tengamos otra oportunidad.
La frustración que siento ante esa posibilidad es casi insoportable, una furia fría que amenaza con consumir cada pizca de la disciplina estratégica que necesito mantener si quiero tener alguna posibilidad real de recuperarla con vida.
—Entonces necesitamos confirmación absoluta antes de movilizar un ataque directo —decido, obligándome a pensar con la claridad calculadora que una década de liderazgo me ha enseñado a mantener incluso en las circunstancias más desesperadas—. Elena, ¿qué progreso tenemos con nuestros contactos entre las manadas aliadas?
Elena se adelanta, con una expresión seria que sugiere que las noticias que trae no son completamente positivas.
—Los Redwood y los Ashford han confirmado su apoyo completo, comprometiendo guerreros para cuando llegue el momento del ataque. —Hace una pausa—. Pero los Silverpine todavía están evaluando su posición. Su Alfa expresó preocupación sobre comprometer recursos en un conflicto que consideran, cito textualmente, "una disputa personal de Ravenswood".
Aprieto la mandíbula, sintiendo la furia calculada intensificarse ante la burocracia política que amenaza con retrasar cada momento crítico de esta operación.
—Envía un mensaje directo a su Alfa. —Mi voz se vuelve más dura, cargada de la autoridad absoluta que define mi liderazgo—. Recuérdale que los Thornwood no van a detenerse en Ravenswood si logran expandir su territorio con éxito. Esto no es una disputa personal. Es una amenaza que eventualmente va a afectar a cada manada de la región si no la detenemos ahora, con fuerza unificada.
—Entendido.
Ezra, que ha permanecido en silencio observando la reunión desde un extremo de la mesa, finalmente habla, con una voz cargada de una determinación que ha ido fortaleciéndose considerablemente desde la noche del ataque.
—Kael, ¿qué hay de un enfoque diferente? En lugar de esperar confirmación absoluta antes de un ataque a gran escala, podríamos enviar un pequeño equipo de reconocimiento encubierto. Rastreadores expertos, capaces de infiltrarse en la zona sin ser detectados, para confirmar la ubicación exacta y evaluar las defensas antes de comprometer toda nuestra fuerza.
La sugerencia resuena con una lógica que reconozco de inmediato como sólida, una estrategia que combina la urgencia desesperada que siento con la precaución calculada que necesito mantener para no poner en mayor riesgo la vida de Aria con un movimiento apresurado.
—Voy a liderar ese equipo personalmente —digo, con una determinación absoluta que no admite ningún argumento en contra.
—Kael, con todo respeto —interviene Marcus de inmediato, con la franqueza que solo él se permite conmigo—, eres el Alfa de Ravenswood. Si algo te sucede durante una misión de reconocimiento, toda la manada queda vulnerable, especialmente en medio de un conflicto activo con un enemigo tan calculador como los Thornwood.
—No me importa el riesgo personal. —Mi voz sale con una intensidad que hace que varios de los presentes en la mesa se remuevan incómodos en sus asientos—. Aria está sola, asustada, embarazada de mi hijo, en manos de un enemigo que ya ha demostrado que no tiene ningún reparo en usarla como herramienta de negociación. No voy a quedarme sentado en Ravenswood mientras otros arriesgan sus vidas para encontrarla.
El silencio que sigue está cargado de una tensión palpable, hasta que Elena finalmente habla, con una voz más suave pero igualmente firme.
—Entonces al menos permite que un equipo experimentado te acompañe. No solo Ezra, sino nuestros mejores rastreadores. Si vas a insistir en liderar esta misión personalmente, hagámoslo de la forma más segura posible, considerando las circunstancias.
Considero la propuesta un momento, sintiendo la tensión entre mi urgencia desesperada por actuar de inmediato y la responsabilidad que todavía cargo hacia el resto de mi manada, hacia Ravenswood en su totalidad, que no puede permitirse perder a su Alfa en un momento tan crítico.
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Editado: 29.09.2026