Marcada por el Alfa

Capitulo 16

Me despierto de golpe en medio de la noche, con el corazón latiendo a un ritmo acelerado que no logro explicar completamente, y una sensación extraña vibrando en mi pecho que no había sentido con esta intensidad desde la última vez que estuve cerca de Kael. Es cálida, insistente, casi como si algo dentro de mí reconociera una presencia distante pero innegablemente real.

Me siento en el suelo frío de la celda, con las manos instintivamente apoyadas sobre mi vientre, ahora considerablemente más redondeado después de las semanas de cautiverio, sintiendo el movimiento inquieto de mi bebé como si también él percibiera el mismo cambio sutil en el aire que yo estoy sintiendo.

—¿Puedes sentirlo tú también? —susurro hacia mi vientre, con una esperanza tan frágil que casi temo pronunciarla en voz alta, como si nombrarla pudiera hacer que se desvaneciera antes de confirmarse como real.

La sensación persiste durante los minutos siguientes, un tirón cálido en mi pecho que se siente exactamente como aquella primera noche bajo la luna llena, cuando reconocí en Kael algo que trascendía cualquier explicación lógica. Es el lazo de apareamiento, estoy segura de ello ahora, vibrando con una intensidad renovada que solo puede significar una cosa: está cerca. Más cerca de lo que ha estado desde que me trajeron a este lugar aterrador.

Me pongo de pie con dificultad, acercándome a la ventana alta y estrecha que ofrece mi única conexión visual con el mundo exterior, aunque el ángulo limitado apenas me permite ver un fragmento del cielo estrellado sobre las montañas circundantes. Miro hacia la oscuridad, hacia la dirección donde ese tirón instintivo parece originarse con mayor intensidad, y por primera vez en semanas siento algo que casi había olvidado cómo experimentar completamente: esperanza genuina, no la esperanza desesperada y frágil que he estado forzándome a mantener para sobrevivir psicológicamente cada día de cautiverio, sino algo más sólido, más certero.

—Vienes por nosotros —susurro hacia la noche, con una certeza que trasciende cualquier evidencia concreta que pueda ofrecer para justificarla—. Puedo sentirlo, Kael. Estás cerca.

Los días siguientes, esa sensación persiste, fluctuando en intensidad pero nunca desapareciendo por completo, como una brasa cálida instalada permanentemente en mi pecho que me ayuda a sobrellevar el terror constante de mi situación con una fortaleza renovada que sorprende incluso a los guardias que me vigilan diariamente.

—Pareces distinta —comenta Damien durante una de sus visitas cada vez más infrecuentes, estudiándome con esa atención perturbadora que nunca ha dejado de sentir hacia mí, a pesar de mi rechazo constante y absoluto—. Más... esperanzada. ¿Qué ha cambiado?

—Nada que necesites saber —respondo, con una firmeza que ha ido fortaleciéndose con cada día que sobrevivo en este lugar, negándome absolutamente a permitir que su presencia perturbadora erosione la determinación que he cultivado tan cuidadosamente.

Damien entrecierra los ojos, estudiándome con una sospecha creciente que hace que un escalofrío de aprensión recorra mi columna vertebral, a pesar de la fortaleza renovada que el lazo de apareamiento me ha proporcionado durante estos últimos días.

—Kael se está acercando, ¿verdad? —pregunta finalmente, con una voz que se ha vuelto considerablemente más fría, más calculadora—. Puedo verlo en tu expresión. Ese lazo instintivo del que tanto hablan los ancianos sobre las parejas destinadas.

No respondo, negándome a confirmar sus sospechas, pero mi silencio evidentemente le dice todo lo que necesita saber, porque su expresión se endurece considerablemente, cualquier vestigio del encanto calculado que ha intentado mantener durante mis semanas de cautiverio desapareciendo por completo.

—Bien —dice finalmente, con una calma helada que resulta mucho más aterradora que cualquier arrebato de ira—. Entonces necesitamos acelerar nuestros planes considerablemente antes de que tu Alfa cometa el error de acercarse demasiado sin estar completamente preparado para lo que va a encontrar aquí.

Se va poco después, dejándome sola con un terror renovado mezclándose incómodamente con la esperanza que había estado cultivando durante los últimos días. Si Damien sospecha que Kael se acerca, podría tomar medidas desesperadas, medidas que podrían poner en mayor peligro tanto mi vida como la del bebé que llevo dentro.

Esa noche, mientras me acurruco en la esquina más alejada de la ventana, intentando conservar el calor en la habitación fría de piedra, la sensación del lazo se intensifica de nuevo, más fuerte que nunca, casi como si pudiera sentir la determinación absoluta de Kael vibrando a través de la distancia que todavía nos separa.

—Estoy aquí —susurro hacia la oscuridad, cerrando los ojos y concentrándome completamente en esa conexión instintiva, preguntándome si de alguna forma, a pesar de la distancia física, Kael puede sentir también mi presencia con la misma intensidad—. Estamos esperándote. Por favor, date prisa.

Pongo ambas manos sobre mi vientre, sintiendo el movimiento constante y reconfortante de mi bebé, y por primera vez en semanas de cautiverio aterrador, me permito llorar lágrimas que no son completamente de desesperación, sino que están teñidas también de una esperanza genuina que ha ido creciendo con cada día que ese lazo instintivo se fortalece.

—Tu papá viene por nosotros —susurro, con una certeza que ya no necesito cuestionar—. Puedo sentirlo. Y cuando llegue, vamos a estar bien. Los tres, juntos, finalmente vamos a estar a salvo.

Los guardias cambian su rutina al día siguiente, con una tensión palpable que confirma mis peores sospechas sobre la reacción de Damien ante la posibilidad de que Kael esté acercándose. Las visitas de comida se vuelven más frecuentes, aunque no necesariamente más generosas, y noto un incremento notable en el número de patrullas visibles a través de mi ventana estrecha, guardias adicionales moviéndose con una urgencia que sugiere preparativos defensivos considerablemente más intensos que los que había observado durante las semanas anteriores.




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