Marcada por el Alfa

Capítulo 22

El viaje hasta Hollow Creek se siente completamente distinto esta vez: en lugar del terror y la desesperación que definieron mi huida original hacia este pequeño pueblo escondido en las montañas, ahora viajamos con una comitiva pequeña pero cómoda, Kael conduciendo con Luna dormida plácidamente en su asiento especial mientras yo contemplo el paisaje familiar con una mezcla de nostalgia y anticipación genuina.

—¿Nerviosa? —pregunta Kael, notando mi expresión pensativa mientras nos acercamos finalmente al cartel desgastado que marca la entrada al pueblo, el mismo que vi por primera vez hace ya más de dos años, exhausta y aterrorizada, sin saber que este pequeño lugar se convertiría en un refugio tan importante durante uno de los períodos más difíciles de mi vida.

—Emocionada, más que nada —respondo, sintiendo una sonrisa genuina extenderse por mi rostro mientras las calles familiares del pueblo empiezan a aparecer frente a nosotros—. No puedo esperar para que Rosie conozca finalmente a Luna en persona.

Encontramos la cafetería exactamente donde la recuerdo, con el mismo letrero pintado a mano ondeando suavemente con la brisa de la tarde, aunque noto algunos cambios pequeños: una nueva capa de pintura en la fachada, mesas adicionales en el exterior que no existían durante mi tiempo trabajando aquí. Antes de que podamos siquiera bajar completamente del vehículo, la puerta de la cafetería se abre de golpe y Rosie sale corriendo con una velocidad sorprendente para una mujer de su edad, con lágrimas de alegría ya cayendo por sus mejillas.

—¡Aria! —grita, envolviéndome en un abrazo tan fuerte que casi me quita el aliento completamente—. Cariño, no puedo creer que finalmente estés aquí.

—Te extrañé muchísimo —digo, con la voz quebrada por la emoción mientras la abrazo con la misma intensidad, sintiendo la calidez familiar de esta mujer que se convirtió en la abuela que nunca tuve durante mis meses más desesperados de soledad y miedo.

Rosie finalmente se separa lo suficiente para notar a Kael, quien espera pacientemente con Luna ahora despierta en sus brazos, observando a esta desconocida con esa curiosidad abierta que caracteriza a los niños pequeños ante rostros nuevos.

—Y esta debe ser la famosa Luna —dice Rosie, con una ternura evidente mientras se acerca lentamente, extendiendo una mano con cuidado hacia nuestra hija—. Hola, pequeña. He escuchado tanto sobre ti.

Para mi sorpresa y deleite, Luna, quien normalmente muestra cierta timidez inicial ante desconocidos, sonríe inmediatamente hacia Rosie, extendiendo sus propios brazos pequeños hacia ella con una confianza instintiva que hace que las lágrimas de Rosie se intensifiquen considerablemente.

—Puedes cargarla, si quieres —ofrezco, observando con el corazón lleno de calidez cómo Rosie recibe a Luna entre sus brazos con una experiencia evidente después de haber criado a sus propias tres hijas hace tantos años.

—Es absolutamente hermosa —dice Rosie, meciendo suavemente a Luna mientras nos guía hacia el interior de la cafetería, donde reconozco inmediatamente cada detalle familiar: las mesas donde serví innumerables tazas de café durante mis meses aquí, el mostrador donde Rosie me ofreció por primera vez un lugar donde quedarme cuando más lo necesitaba—. Tiene tus ojos, Aria, pero definitivamente el resto de ella refleja a su padre.

Kael sonríe ante ese comentario, acercándose para presentarse formalmente ante la mujer cuya bondad hacia mí durante mis meses más vulnerables nunca podrá agradecer completamente.

—Rosie, no tengo palabras suficientes para expresar lo agradecido que estoy por todo lo que hizo por Aria durante el tiempo que pasó aquí —dice, con una sinceridad genuina que refleja exactamente la gratitud profunda que ambos compartimos hacia esta mujer extraordinaria.

—Cualquiera habría hecho lo mismo por una joven necesitada de ayuda —responde Rosie, aunque su expresión sugiere que aprecia profundamente el reconocimiento—. Pero me alegra muchísimo ver que finalmente encontraron su camino de vuelta el uno hacia el otro. Y hacia esta hermosura.

Pasamos el resto de la tarde poniéndonos al día completamente, con Rosie ansiosa por escuchar cada detalle sobre nuestra vida en Ravenswood, sobre el crecimiento acelerado de Luna, sobre la ceremonia de apareamiento que selló formalmente nuestra unión. A cambio, ella comparte las noticias del pueblo: la boda reciente de la hija de uno de los granjeros habituales, la jubilación de la doctora Hensley después de tantos años sirviendo a la comunidad, pequeños fragmentos de una vida cotidiana que, a pesar de todo lo que hemos experimentado desde que salí de Hollow Creek, sigue ocupando un lugar especial y permanente en mi corazón.

—¿Y qué hay de Ezra? —pregunta Rosie en un momento de la conversación, con una sonrisa pícara que sugiere que recuerda perfectamente las visitas ocasionales de mi mejor amigo durante mi tiempo trabajando en la cafetería—. Todavía me pregunto si algún día va a encontrar a alguien que finalmente lo haga sentar cabeza.

—Sigue igual de encantador y evasivo que siempre —río, pensando en mi amigo de toda la vida, quien continúa siendo una presencia constante y reconfortante en nuestras vidas en Ravenswood, aunque todavía sin ningún indicio de interés serio en establecerse con alguien—. Pero es feliz así, creo. Y eso es lo que realmente importa.

Cuando finalmente llega el momento de partir hacia el pequeño hotel donde nos hospedaremos durante nuestra estadía de unos días en el pueblo, Rosie nos abraza a cada uno con una intensidad que refleja exactamente cuánto significó nuestra visita para ella.

—Prométeme que no van a esperar otros dos años para volver a visitarme —dice, con una firmeza cariñosa mientras sostiene el rostro de Luna entre sus manos por un momento final—. Y prométeme también que me vas a mantener informada sobre cada pequeño logro de esta hermosura. Sus primeros pasos completos, sus primeras palabras completas, todo.




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