Marcada por el Alfa

Capítulo 21

El primer aullido de Luna resuena por todo el jardín interior de la fortaleza, agudo y torpe, más parecido al chillido entusiasta de un cachorro que apenas descubre su propia voz que a cualquier cosa remotamente amenazante, pero suficiente para que dos de los guardias más veteranos de la manada se giren instintivamente hacia el sonido con las manos ya cerca de sus armas, antes de relajarse por completo al ver la causa real de la alarma.

—Otra vez no —río, corriendo detrás de ella mientras cruza el jardín en su pequeña forma lupina, un cachorro de pelaje castaño oscuro salpicado con mechones más claros, persiguiendo una mariposa con una determinación absoluta que ya reconozco perfectamente como heredada directamente de su padre.

Ha pasado poco más de un año desde que Luna llegó a nuestras vidas, y el cambio en ella durante estos doce meses ha sido tan asombroso como Fiona predijo aquella primera semana después de su nacimiento. Empezó a caminar considerablemente antes de lo que cualquier libro tradicional sobre crianza humana hubiera anticipado, y su primera transformación parcial hacia su forma lupina, ocurrida apenas hace dos meses durante una noche de luna especialmente brillante, generó una celebración espontánea entre toda la manada que se extendió hasta bien entrada la madrugada.

—¡Luna, espera! —llamo, aunque sé perfectamente que mis palabras tienen poco efecto sobre una cachorra completamente decidida a atrapar su objetivo actual.

Kael aparece entonces desde el corredor principal, todavía vestido con las ropas formales que utiliza para sus reuniones matutinas con el consejo, pero abandonando por completo cualquier formalidad al ver a nuestra hija correteando libremente por el jardín.

—¿Otra vez escapó de la siesta? —pregunta, con una sonrisa que ilumina completamente su rostro, esa expresión que se ha vuelto considerablemente más frecuente desde que Luna transformó por completo la dinámica de nuestra pequeña familia.

—Según ella, las siestas son completamente innecesarias cuando hay mariposas que perseguir —respondo, riendo mientras finalmente logro alcanzarla, levantándola entre mis brazos donde inmediatamente se transforma de vuelta a su forma humana, con una risa cristalina que llena el jardín entero de una calidez que jamás me canso de escuchar.

—Mamá —dice, con esa pronunciación todavía imperfecta pero absolutamente adorable que ha desarrollado durante los últimos meses—. Mariposa bonita.

—Sí, muy bonita —confirmo, depositando un beso suave sobre su frente mientras Kael se acerca para unirse a nosotras, extendiendo los brazos para recibir a Luna, quien inmediatamente se lanza hacia él con la misma confianza absoluta que ha caracterizado su relación desde el primer día.

—¿Cómo estuvo la reunión del consejo? —pregunto, mientras caminamos juntos hacia el interior de la fortaleza, dejando atrás el jardín donde Luna ya parece haber olvidado completamente a la mariposa, ahora completamente concentrada en jugar con un mechón del cabello de su padre.

—Productiva —responde Kael, aunque detecto cierta reserva en su tono que reconozco después de más de un año compartiendo cada aspecto de su vida como Alfa—. Los reportes de vigilancia fronteriza siguen tranquilos. Ninguna actividad sospechosa relacionada con los Thornwood durante los últimos meses.

—Pero. —Completo la frase que sé que está evitando pronunciar completamente frente a Luna, aunque nuestra hija todavía es demasiado pequeña para comprender completamente las conversaciones sobre amenazas potenciales.

—Pero Elena sigue recibiendo rumores ocasionales sobre movimientos de Damien entre manadas menores descontentas. Nada concreto todavía, pero suficiente para mantener la vigilancia activa indefinidamente.

Asiento, sintiendo esa familiar mezcla de precaución y confianza que ha caracterizado nuestra vida durante este último año: consciente siempre de la posibilidad de amenazas futuras, pero negándonos absolutamente a permitir que esa consciencia nos robe la felicidad genuina que hemos construido juntos.

Esa tarde, mientras Luna duerme finalmente su siesta pospuesta, acurrucada pacíficamente en la cuna que ya empieza a quedarle pequeña considerando su crecimiento acelerado, Kael y yo nos sentamos juntos en el balcón familiar, disfrutando de un momento raro de tranquilidad completa.

—¿Puedes creer que ya pasó un año completo? —pregunto, apoyando la cabeza contra su hombro mientras contemplamos juntos el atardecer que tiñe el cielo sobre Ravenswood con tonos dorados que inevitablemente me recuerdan a los ojos de Kael, ahora también reflejados perfectamente en los de nuestra hija.

—Un año desde que finalmente pude sostenerla entre mis brazos por primera vez —confirma Kael, con una voz cargada de una gratitud profunda que nunca deja de conmoverme, considerando cuánto ha cambiado desde aquel Alfa frío y distante que conocí en El Refugio—. Pero también, en cierto sentido, se siente como toda una vida desde aquella primera noche bajo la luna llena.

—Mucho ha cambiado —coincido, pensando en el camino completo que nos trajo hasta este momento de paz genuina: el instinto que nos unió inicialmente, mi huida desesperada, las semanas de búsqueda incansable, el terror del cautiverio, el rescate heroico, la ceremonia que selló formalmente nuestra unión, y finalmente esta vida completa que hemos construido juntos como familia.

—¿Alguna vez extrañas Hollow Creek? —pregunta Kael, con una curiosidad genuina que refleja el interés constante que mantiene hacia cada aspecto de mi vida, incluso aquellos períodos anteriores a nuestra reconciliación completa.

Considero la pregunta con cuidado, sintiendo una nostalgia agridulce al pensar en el pequeño pueblo que me ofreció refugio durante mis meses más difíciles de soledad y miedo.

—A veces —admito honestamente—. Extraño a Rosie, especialmente. Todavía le escribo regularmente, ya sabes, y ella insiste en que debemos visitarla pronto para que pueda conocer a Luna en persona, no solo a través de fotografías.




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