En el apartamento de nuestra infancia en Montevideo, la música no era un simple pasatiempo; era el verdadero latido de la casa.
Las teclas marcadas con lápiz
En el apartamento de nuestra infancia en Montevideo, la música no era un simple pasatiempo; era parte del verdadero latido de la casa.
Mi madre Isabel era una pianista excepcional. Mi padre, en cambio, tenía un enfoque musical completamente diferente: él tocaba el piano puramente de oído, aunque también había estudiado guitarra. En el teclado del comedor le encantaba interpretar tangos y fue él quien, con infinita paciencia, me enseñó a tocar el principio nada más y nada menos que La Cumparsita.
Las demás piezas del repertorio tanguero me las fui aprendiendo solita, de tanto escucharlo tocar a él a la hora de la siesta o en los atardeceres.
Para darme una mano al principio, mi padre agarró un lápiz y escribió con cuidado las notas directamente sobre algunas teclas del piano para que yo pudiera asociarlas, un truco que me sirvió tanto que aprendí a ejecutarlas con una rapidez asombrosa. Al poco tiempo empecé a sacar mis propias melodías de oído
Él también se tomó el trabajo de enseñarme algunas cosas en la guitarra.
¡Aporreando el tango!
Hace un tiempo, alguien me envió al teléfono un video de La Cumparsita. Lo escuché infinidad de veces consecutivas. En cada reproducción, las imágenes me transportaban directo al living de mi infancia, viendo a mi padre aporreando el piano con una energía y una fuerza tan descomunales que de verdad parecía que iba a romper las teclas en cualquier momento. ¡Pero tocaba endiabladamente bien!
Sin embargo, ese día el video me rescató otro retazo del pasado; uno de esos recuerdos entrañables que uno sepulta inconscientemente en el fondo de la memoria y que, de repente, saltan a la superficie para sorprendernos, tal como pintó de forma magistral Joan Manuel Serrat en las estrofas de esa hermosa canción titulada «Aquellas pequeñas cosas»: mis padres solían salir a la pista y bailar tango abrazados en cada una de las reuniones familiares que se armaban en casa.
Cuando era una niña chica yo no lograba entender ni la melancolía ni la estructura del tango; me tomó muchísimos años de adultez comprender que cada una de esas canciones es una joya literaria y musical absoluta.
Hoy miro hacia atrás y tengo la certeza de que el tango es una parte indisoluble de mi cultura rioplatense, una de las tantas cosas que me definen y me hacen ser quien soy.
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Editado: 20.10.2026