Mi padre

Quintina 005

Quintina 005

Cuando yo tenía apenas 5 años, ya éramos 4 hermanas. Pero 3 años después, mi madre volvió a quedar embarazada. Justo en ese tiempo se organizaba una cacería de tesoros en La Paloma —un balneario de playas oceánicas que queda al este de Uruguay —, y nuestra familia participó con el auto que teníamos en ese momento, que creo que era un Volkswagen blanco.

Mi padre, con mucho humor, pintó en varias partes de la carrocería el nombre de nuestro equipo: Quintina 005. Todos pensábamos que se vendría otra nena.

Esa cacería de tesoros en familia es uno de los recuerdos más lindos de mi infancia.

El único varón

A mediados de 1970, cuando yo estaba en 4º de escuela, nació "Quintina", pero no fue una nena, como todos habíamos pensado, sino un varón. Le pusieron el primer nombre de mi padre y del abuelo de mi madre, Nicolás. Y así lo llamamos todos hasta el día de hoy. Con el tiempo, mi madre se volvió a embarazar y pensábamos que ahora vendría otro hermano, pero no. Nico fue el único, y lo fue en muchos sentidos.

La gente nos decía, casi sistemáticamente: “¿5 mujeres y 1 varón? ¡Pobrecito!” Pero la contestación nuestra era que ¡las pobrecitas éramos nosotras!

Yo era mucho mayor, ya tenía 10 años, 3 hermanas menores, mucho horario con las clases curriculares y actividades extra curriculares, deberes a diario y problemas de aprendizaje que me parecían insolubles en ese entonces. Todo eso hizo que el advenimiento de un nuevo miembro a la familia fuera casi insignificante para mí, pero entendía que era importante para mis padres por fin haber logrado tener un varón.

Un bebé gordo

Era muy grande al nacer y un bebé gordo. Keika lo cuidaba y lo malcriaba, al igual que Emilia, aunque esta se dedicó más bien a echar a perder a mi hermana menor, que aún no había llegado en ese momento. Ellas cebaban al nene porque pensaban que, en esos años, un bebé gordo era sinónimo de saludable.

Keika le daba yogur a diario. Era un yogur ácido, casi leche cortada, y lleno de grumos. No se parecía en nada a los yogures exquisitos, de buena textura, que hay ahora. Yo pensaba que era un disparate hacerlo engordar más, pero nadie pedía mi opinión en ese tiempo.

Abajo: Un orgulloso tata con su único nieto varón.

Nota: Si desean saber más sobre Keika, hay un libro completo con sus historias.

La foto de Nico y Tata la encontré en setiembre de 2025. Se la mandé a él y luego le envié otras. Me sorprendió que, sin ser en mi casamiento, la comunión de él o alguna reunión de hermanos, no he encontrado aún fotos con él luego de la primera infancia de mi hija.

Eso muestra claramente lo poco cercano que Nico y yo hemos sido, algo que intento que cambie.




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