Mi padre

La casa de mi padre

El ultimátum de mi madre funcionó.

Mi padre apuró los papeles y adquirió una hermosa y señorial propiedad que es la que le da el nombre principal a toda esta saga familiar, ubicada en la intersección de Bulevar Artigas y la avenida Gallinal, una edificación imponente que con el correr de los almanaques se terminaría transformando en la conocida automotora CARPER. En realidad, hoy en día esa automotora es la unión de dos casas, pero empezó por la de mi padre que fue nuestra y de mi madre al fallecer él.

Hay un detalle legal de suma importancia que explica la trastienda de esta transacción: mis padres tenían un régimen estricto de separación de bienes. El apartamento en el edificio Positano, donde colapsábamos por falta de espacio, era una herencia directa de la familia Costa Ibero y propiedad exclusiva de mi padre y, debido a todo ese entramado legal, la nueva casa de Bulevar quedó registrada de forma exclusiva a su nombre.

Aquellas paredes fueron el refugio incondicional. Una nueva vida comenzaba y habría que hacer varios ajustes, pero todos amamos aquella casa excepto, tal vez, mi madre, que era friolenta y sufría mucho ahí. A veces me pregunto cómo pudo vivir tantos años con mi padre que, por el contrario, ¡era tan acalorado!




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