Entre los recuerdos más felices de mi infancia, una de las cosas auténticamente más divertidas era ir a meternos en la cama de mis padres por las mañanas. Era una gran alegría que disfrutábamos al máximo, especialmente en aquellos días en que mi papá no tenía que trabajar y la rutina nos daba una tregua.
Los años avanzaron y el afecto repitió su curso de forma idéntica en mi propia casa: tiempo después fui yo quien mantuvo vivo ese andén de juegos y mimos con mis propios hijos.
Y hoy en día, repasando la trastienda familiar en mi Mac, espero que la cadena no se rompa: mi hija Ale hace exactamente lo mismo con mis nietos en su rutina diaria.
Configura una hermosa y noble tradición generacional que espero, con total stock de amor en el fuero interno, continúe replicándose en los hijos de mis nietos de cara al futuro.
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historias familiares, alegrías y tristeza, alegrías cotidianas
Editado: 20.10.2026