Mar lo miró sin comprender.
— ¿Conocer su origen? ¿Qué significa eso?
Aaron guardó silencio durante unos instantes. Después dio un paso atrás y alzó la vista hacia las últimas chispas doradas que aún flotaban sobre el claro.
— Hubo un tiempo en que la memoria del mundo tenía forma. Antes de los reinos, antes de los clanes y de las guerras, la magia recordaba quién era y de dónde había nacido.
Su mirada regresó a Mar.
— Pero ese conocimiento se perdió hace siglos. Solo quedaron fragmentos, ecos de algo mucho más antiguo.
— ¿Y qué tiene que ver eso conmigo? — Mar frunció el ceño.
— Todo. Tus llamas han comenzado a despertar recuerdos que ni siquiera comprendes. Por eso has llegado a un límite. Puedes seguir entrenando si quieres, pero no avanzarás más hasta que entiendas de dónde procede realmente tu poder.
El silencio se hizo entre ellos.
— ¿Y cómo se supone que voy hacer eso?
Aaron respiró hondo.
— Yendo al único lugar donde ese conocimiento aún existe.
— ¿Dónde?
Aaron sostuvo la mirada.
— En el Umbral.
Unai se tensó al instante.
— Aaron…no están sencillo. Cruzar la fisura nunca lo ha sido.
Lucas apartó la vista del fuego extinguido y observó a los presentes uno a uno.
— Tal vez, esta vez sea diferente.
Todos lo miraron
— Unai, Aaron, y yo mismo pertenecemos al clan de los centauros ubicados en el sur. Yo conozco parte de los caminos que conducen a las diferentes regiones. Anna está vinculada a Lykar, el guardián…y Mar…
Su voz se apagó un instante.
— Mar esta conectada con algo que empezó mucho antes que nosotros.
El silencio volvió a hacer sobre el claro.
— Tenemos que intentarlo.
Unai pasó una mano por su nuca y suspiró.
— Incluso si decidiéramos hacerlo, seguimos teniendo el mismo problema. Las fisuras no aparecen donde uno quiere. Ni siquiera sabemos dónde está la entrada.
En ese momento una sombra se deslizó sobre la hierba.
La de Anna.
La oscuridad a sus pies se alargó lentamente y comenzó a elevarse por detrás de ella, adoptando una forma que todos reconocieron al instante. Los ojos de Anna se volvieron dorados y luego su transformación. La voz del guardián resonó alto y claro.
— En eso…puedo ayudaros.