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Vigésima Segunda Unión: Error

Antes de entrar a clases, Jayce esperaba a sus amigos en la entrada de la preparatoria, preocupado, sólo viendo cómo se acercaba Marisa, cuyo rostro era también de mortificación.

–¿Dónde está Tony? No contesta los mensajes.

–Ni llamadas… Quien sabe que trae, pero su mamá publicó su estado de piolín de todos los días, así que está bien. Tal vez sólo está enfermo –explicó la muchacha al alejarse ambos de la multitud de alumnos–. ¿Algo nuevo que descubriste con Hendrik?

–Tuvimos una pelea por Amanda, y antes que me regañes, quiero que sepas que todo va bien entre nosotros. Le dio like a las historias que subí, como siempre. Eso es una buena señal.

–Sí lo es. Te encanta vivir en el extremo horrible de las cosas. Por otro lado, nosotros fuimos a hablar con el estilista. Tony se tuvo que cortar el cabello porque no aceptaba entrevista. Tenías razón, el asesino debe tenerlo en la mira, aunque el sujeto es algo apuesto, puede que sea la razón por la cual no lo mata el vampiro –comentó la chica, pensativa.

–¿Qué dijo?

–Pues que Vanessa era amable con los clientes fuera y dentro del local. Era raro verla hacer caras en público o siendo detestable. Identificó a Hendik, aunque no sabía cómo se llamaba, y dijo que fue un par de veces a cortarse el cabello. Todas las ocasiones Vanessa terminó haciéndole el corte y le hizo un buen trabajo, además que hablaban de manera bastante amigable. No entiendo cómo eso degeneró en la muerte de la mujer. –La información extrañó un poco al deportista. Pensaba en qué pudo haber pasado como para que Hendrik decidiera atacar a Vanessa.

–¿Qué sabemos de cómo terminó ella?

–Tony es el que sabe… Él guarda los casos en su móvil. Yo los tengo en casa impresos, pero según recuerdo, tenía ambas manos dentro de su boca. –Jayce cerró sus ojos al crear la imagen en su mente, suspirando de manera profunda, tratando de borrar aquello.

–Maldita sea… Nos deja en terreno difícil otra vez. Debe de haber un indicio o algo que nos diga qué pasó. ¿Por qué al final Hendrik mató a Vanessa?

–¿Hace cuanto fue? –cuestionó Marisa mientras revisaba la información en su teléfono–. No tengo tampoco ese dato… ¡Maldito Tony! ¿Cómo se le ocurre faltar en un momento así?

–¿Qué sabes de la nueva víctima? –preguntó Jayce algo temeroso, pues deseaba con todas sus ganas que fuera un total desconocido.

–Bueno, no mucho. Sólo que fue encontrada en un viejo mercado del centro. Uno que ha estado cerrado por mucho tiempo. Fue decapitada de tajo, con un corte limpio. Se trataba de una mujer mayor de ojos azules, piel blanca y cabello cano castaño. Es todo lo que sé. –Al escuchar la descripción, el joven no pudo pensar en otra persona que no fuera la amable señora que le había platicado de un antiguo alumno que encajaba con la descripción de Hendrik.

–¿Ese mercado está por la estación Monarca? –Esas palabras llevaban una mortificación enorme detrás, captada por Marisa.

–¿La conocías?

–Sí fue ahí entonces.

–Sí, Jayce. Es un mercado abandonado cerca de la estación Monarca. ¿Qué sabes de ella? –emitió un poco desesperada la mujer, algo que no ayudó para nada a un preocupado Jayce.

–No mucho. Fue una señora que notó cómo Hendrik me puso en trance. Fue ella la que me confirmó que el hombre fue a entregarme el naipe y se marchó. Me la encontré por tercera vez en el metro cuando iba a casa después de ver a Hendrik. Me explicó que tenía un alumno con características que apuntan a nuestro sospechoso, pero antes de poder preguntarle como se llamaba su viejo estudiante, llegamos a Monarca y se bajó. ¿Crees que haya sido coincidencia? Yo no estaba en un estado de ilusión. Lo sé porque me llevé mi pelota para comprobarlo como me dijiste. –Marisa se quedó pensativa, tratando de entender si fue una coincidencia o tal vez su amigo estaba confundiendo a la víctima.

–Necesito fotos del siniestro para que compruebes que es la misma persona. Sé que suena loco, pero hay mucha gente en esta ciudad. Debe haber otra señora blanca, cabello castaño cano y de ojos azules que bajó en Monarca esa noche. Al menos quiero ser un poco positiva sobre el asunto.

–Espero equivocarnos con la señora. ¿Cómo se llamaba?

–Lucila Estrada. ¿No te suena?

–La verdad nunca le pregunté su nombre. Nos topamos tres veces y la primera sólo ella me vio, así que no tuvimos una gran interacción como para saber tanto el uno del otro. No obstante, la señora era amable y tranquila, hasta servicial. Hecha abajo nuestras teorías. –En eso, la muchacha bajó la mirada, examinando lo que sabía de Lucila con la información que le dio Jayce.

–Dijiste que tenía un alumno que encajaba con la descripción de Hendrik, por lo que hay posibilidades de que él haya sido ese estudiante. Esto pudo ser también muy personal. Necesitamos hablar con alguien de la preparatoria G que haya conocido a la maestra –concluyó la chica, a lo que su amigo suspiró un poco.

–Roberta y Edgardo estuvieron ahí, pero conozco a alguien más cercano. Déjame preguntarle. –Con algo de vergüenza, Jayce envió un mensaje a su hermana Minerva, preguntando por la profesora Lucila y sus actitudes hacia los alumnos.

–Tony no llegó… ¿Crees que esté enfermo?

–No, siempre publica cuando está en cama muriéndose. Tengo un mal presentimiento –respondió el deportista, entrando a clases detrás de Marisa, viendo la banca sola de su amigo, no pudiendo evitar pensar en él.

Una vez las clases acabaron, vieron que los mensajes seguían sin poder llegarle a Antonio. Por ello, Marisa prometió investigar lo que pudiera yendo a la casa del muchacho, a la par que el de ojos azules asistía a entrenar, puesto en dos días sería el esperado partido contra la preparatoria G.

La mayoría del equipo parecía tener la moral un poco baja. Luego de lo que le pasó a Ricardo y a la hermana de Carlos, no parecía que querían seguir con los intramuros, pero Jayce se negaba a rendirse, demostrando que deseaba ganar y poniéndole todo su empeño al entrenamiento, lo que inspiró a sus compañeros de equipo, siguiéndolo con ánimo.




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