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Vigésima Tercera Unión: Complicidad

Antonio y Jayce fueron a casa del primero, pues sus padres no estaban y necesitaban algo de privacidad. El deportista pidió permiso para estar ahí, prometiendo regresar no muy noche y no consumir alcohol para nada del mundo.

Una vez en el sitio, Jayce se sentó en la cama de su amigo, mientras que aquel se colocó en un pequeño sofá que tiene en la habitación, nervioso por lo que su amigo le fuera a decir, ya que se notaba algo serio y hasta preocupado.

–¿Estás seguro que es tuyo el niño? –cuestionó, a lo que Antonio, con la mirada baja y los labios apretados, asintió moviendo la cabeza.

–Se parece bastante a mí. Es un hecho –explicó el castaño, regresando su mirada al deportista.

–¿Qué tanto le quieres? –La pregunta sonaba rara, extrañado el anfitrión cuando escuchó eso, apretando el entrecejo y cuidando su respuesta.

–Pues… Para ser sincero, sólo lo he visto un par de veces. Apenas y lo toqué en ambas. Si tengo sentimientos encontrados con él, pero no soy muy apegado… Hay algo en mí que lo quiere, pero sé que podría vivir si se lo llevan lejos –explicó Antonio con algo de vergüenza, a lo que Jayce analizó un poco, llevándose una mano a la barbilla.

–Yo hablo de algo más que sólo «llevárselo». –El tono cambió a uno más serio, al igual que el del otro.

–Sé claro…

–Mira, Antonio. Marbella es una persona difícil y grosera. Me lo has dicho y yo mismo lo presencié. Es obvio que te está usando para obtener dinero, el niño quien sabe en qué condiciones vive y tú en un inicio hubieras votado por abortarlo. ¿No?

–¡Claro! ¿Tengo cara de que soy un buen padre o al menos quiero ser uno? –emitió con cierta molestia.

–No estás muy tarde de quedar libre de esa responsabilidad, entonces.

–Jayce, no seas ridículo.

–El «vampiro», Antonio. Hendrik podría encargarse no sólo de Marbella, sino también de tu hijo –explicó el macabro plan el invitado, asustado un poco el castaño, notado cierto bacilar de su amigo.

–¿Qué? Jayce, una cosa es que veamos a los muertos y que se nos hayan ido personas cercanas. Otra muy diferente es que pongamos a alguien conocido en la línea de cacería del «vampiro». Suena como si pusiéramos una gallina en la jaula del león por morbo… No, más bien como si pusiéramos a un perrito, una mascota nuestra, para ver cómo muere –enunció el hombre, avergonzado el deportista de eso.

–¡Lo sé! Suena cruel y horrible, pero recuerda lo que dijo Marisa. Debemos predecir un ataque para encarcelarlo. ¿Qué mejor que hacerlo con esta persona nefasta que te está haciendo la vida imposible? –Los argumentos del pelinegro sonaban horrorosos, como si no tuviera un ápice de empatía por la mujer o el infante.

–Jayce, ¿te das cuenta de lo que dices?

–¡Lo sé! Pero, rayos… Hendrik igual acabará a más personas. Tal vez gente buena como lo era la maestra Lucila o Vanessa. Darle a una víctima que nos beneficiará su eliminación para atraparlo suena como una mejor opción que tratar de adivinar. Es darle a dos pájaros de un tiro.

–Es demasiado cruel, Jayce. Mi hijo… ¡El niño no tiene ninguna culpa de lo que hayamos hecho! –replicó un tanto abrumado, poniéndose de pie y dándole la espalda a su amigo.

–Está en el fuego cruzado. Tal vez no le pase nada, pero quién sabe que haga Hendrik al final. Debemos considerar una posibilidad que también lo acabe una vez lo haga con Marbella –explicó el deportista al colocarse tras Antonio, puesta una mano sobre su hombro–. Sé que tienes miedo y que suena inhumano, pero si no lo haces, ella seguirá abusando de ti hasta que terminé por decirle a tus padres. Necesitas quitarte ese peso de encima ahora que puedes, con esta oportunidad.

–Maldición… Ya caí muy bajo con ese niño, ahora lo pondré en las manos del «vampiro» porque su madre es una desgraciada. No me parece justo.

–Tony, escúchame bien. No sabemos en qué condiciones vive el hijo de una drogadicta como ella. Tal vez el niño tiene alguna deformación o malestar por las drogas que no se le nota a simple vista. Además, aunque lo trajeras a casa, terminarías en serios problemas. Tal vez tu papá lo mandaría al orfanato de todas formas. Una vida cruel, si me lo preguntas.

–Entonces está mejor así. ¿No? –preguntó con lágrimas en los ojos, pensativo.

–Desgraciadamente sí. ¡Oye! Ya sé que sueno como un maldito descorazonado odia bebés, pero sólo trato de encontrar solución a dos problemas que tenemos. El asesino seguirá al asecho, quien sabe cuánto tiempo falte para que me haga una propuesta que no pueda aceptar y me termine eliminando a mí también. Entonces, supongo que pueden ir a la policía a acusarlo… –teorizó Jayce, resignado.

–¡No puede ser! ¡Ese siempre fue el plan de Marisa! Eres su as bajo la manga. Predecir tu muerte será su prueba final si no consigue atraparlo en medio del acto. ¡Esa bruja! –emitió molesto Antonio, mirando de frente a un Jayce triste y temeroso.

–Es mi vida o la de Marbella y de un niño que sólo la sangre lo une contigo. Nada más, Tony. Quien sabe a quién tenga en mente Marisa, pero ha estado muy callada desde que nos separamos. Ella siempre tiene un plan, y que no nos haya dicho nada al respecto da un poco de miedo –comentó el deportista muy serio, a lo que Antonio reflexionó unos momentos, ahora sentándose él en la cama, colocando sus codos sobre sus rodillas y cruzando los brazos.

–No tengo corazón para tomar una decisión así. Marbella es una persona horrible, pero no sabemos por lo que haya pasado. Mi hijo no tiene la culpa de eso, ni de las tonterías de mi tío o de mi debilidad ante él a pesar de nunca haber tenido dificultades en mi vida. Marisa nos dijo que ha tenido que pasar hambre y hemos visto donde vive, tú mismo dijiste que de pequeño las cosas eran diferentes a ahora. Siento que de los tres soy el que siempre ha vivido en una maldita cuna de oro y, de alguna manera, éste es el equilibrio justo que debo cargar. Por vivir tan a la ligera cuando otros sufren. Lanzar una sentencia así sobre Marbella y mi hijo sería admitir que veo a todos desde arriba, como si fueran cucarachas –explicó Antonio, sorprendido Jayce de lo maduro que sonaba y de lo mucho que le afectaba todo eso.




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