
Cory Shane.
12 DE ABRIL DEL 2019
Coloqué el codo de mi brazo derecho en la butaca, y recargué la mejilla sobre la palma de mi mano, admirando las últimas escenas de la película que se estaba reproduciendo a través del proyector.
El profesor era un fanático empedernido de las películas de Tim Burton y había traído consigo la de Edward Scissorhands para analizar la narrativa, el simbolismo y, sobre todo, la estética que presenta. A mí también me fascinaban las películas de Tim Burton; más que nada por la manera en la que conseguía hacer algo único e inigualable con conceptos completamente raros. Había soñado con llegar a trabajar a su lado y aprender de uno de los mejores directores del cine en todo el mundo.
Su estilo era una locura de la que me había enamorado desde la primera vez que miré una película dirigida y escrita por él. Podría ver una y otra vez toda su filmografía y nunca me aburriría. Lamentablemente, en ese momento ya había terminado la película y tocaba volver a la realidad que me esperaba fuera del mundo de Tim Burton.
En cuanto los créditos aparecieron, se encendieron las luces del salón y el profesor se colocó delante de la clase, mirando la hora en su reloj digital.
Hizo una mueca de resignación y nos miró a todos con un dejó de lamentación fingida.
—Tengo una reunión con el rector en estos momentos, por lo que no podremos continuar con la clase, —espetó el profesor—, así que pueden retirarse, pero espero que hayan tomado apuntes sobre la película. Mañana os preguntaré a todos, sin excepción. Y estén atentos a vuestros correos, porque os mandaré una tarea referente a lo que vimos en esta película.
Tras decir eso, el profesor guardó sus pertenencias, cogió el maletín y se retiró finalmente.
El salón entero se puso eufórico por la hora libre que nos había regalado y no tardaron en salir del aula más rápido que un abrir y cerrar de ojos.
Fui la única que se quedó, no porque no quisiera irme, sino porque necesitaba un momento para enfrentarme a lo que me esperaba fuera del aula. Guardé mi libreta de apuntes y permanecí un momento más sentada, hasta que decidí salir finalmente.
Habían sido dos semanas demasiado largas para mí, en comparación con lo que probablemente pensaría cualquier otra persona que haya estado siguiendo mi día a día. Pero era lógico, ni mis seguidores ni la gente ajena a mi vida personal sabría realmente más de lo que se cuenta en las notas amarillistas o las redes sociales.
Había terminado con Ithiel hace apenas dos semanas, y ese tiempo se había vuelto un calvario de dolor al no saber cómo procesar lo que hice. Sabía, muy en el fondo, que había sido lo correcto. Si seguía perdonándolo y aceptando sus disculpas vacías, nunca íbamos a salir de ese bucle, e Ithiel no se daría cuenta que sus tratos me hacían demasiado daño.
A veces lo miraba por el campus con alguno de sus amigos o con los dos, y me preguntaba si a él también le estaba pasando factura nuestro rompimiento, pero no se notaba decaído ni afectado. Siempre lucía perfecto, como si nada hubiera pasado.
Pensé que trataría de convencerme de desistir de esa decisión o que buscaría la forma de hacer que volviera, pero me había estado dando espacio, y una parte de mí se lo agradecía profundamente, pero tenía que admitir que deseaba que Ithiel hiciera algo. No lo sé, cualquier cosa que pudiera demostrarme lo que me dijo antes de alejarme de él hace dos semanas.
"No sé vivir sin ti, Cory. No sé quién soy sin ti. Si me dejas... me destruyes." había dicho entonces, mientras me miraba como si se le estuviera rompiendo más que solo el corazón, si es que tenía uno.
Afuera del salón, el bullicio del alumnado me envolvió por completo. Algunos me volteaban a ver como si sintieran lastima por mí, pero había una que otra chica que parecía no tolerar siquiera mirarme. Ya estaba acostumbrada a eso desde que había empezado mi relación con él. Y, aunque no entendía por qué me odiaban, intentaba ignorarlos.
Me puse unos auriculares y salí del edificio, entonces, me senté bajo un hermoso roble que se encontraba junto a una de las mesas de mármol que había en distintas áreas estratégicas del campus. Las chicas y yo a veces los reuníamos en esa mesa a platicar sobre cosas triviales o asuntos importantes. Solía contarles mi experiencia en distintas sesiones fotográficas para mis redes sociales o sobre los vídeos que grababa junto a Ithiel. Claro que esa colaboración se acabó, y tenía la suerte de no haber firmado un documento que me obligara a seguir haciéndolos sin importar lo que pudiese haber pasado entre los dos.
Saqué mi móvil y estaba a punto de marcar a Bradley para decirle que ya había salido y necesitaba que me llevara a casa, cuando de repente, una colonia muy característica llenó mis fosas nasales. Levanté la cabeza y mis ojos reconocieron inmediatamente ese cabello oscuro y ligeramente ondulado. Me sonrió con esa alegría contagiosa que siempre había tenido a su alrededor, incluso a pesar de lo increíblemente ruin que podía ser su propia familia.
Se sentó junto a mí un momento después.
—Hola, Cory —aunque había usado un tono fuerte, tuve la sensación como si me susurrara al oído— ¿Cómo estás? Me he enterado hace poco de lo que ocurrió entre tú y el hijo del exduque de Somiedo. ¿Estás bien?
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Editado: 26.09.2026