Las heridas que no se ven

Epílogo: después

No hay una forma correcta de volver a empezar.

Ni una línea clara que diga “a partir de aquí”.

Solo días.

Uno detrás de otro.

Y algo dentro que, sin darte cuenta, deja de estar siempre en alerta.

He dejado de contar tanto.

Los minutos.

Las señales.

Las ausencias.

A veces aún lo hago.

Pero ya no es lo primero.

Ya no es lo único.

Luna dice que me río más fácil.

No lo dice como algo grande.

Lo dice como quien nota que una planta ha cambiado de dirección hacia la luz.

—No te ríes igual que antes —me dice un día.

La miro.

—¿Mejor o peor?

—Más real —responde.

Y no sé qué contestar a eso.

Pero no me duele.

Ara ya no es urgencia.

No es caída.

No es salvación.

Es presencia.

A veces la veo y no siento ese impulso que antes me rompía por dentro.

Solo siento ganas de quedarme.

Y eso es nuevo.

Y extraño.

Y estable.

La terapeuta me dice que no todo lo que sana se siente como alivio.

Que a veces se siente como cansancio.

Como aprendizaje.

Como vida normal.

No como película.

Asiento.

Porque ahora entiendo un poco mejor lo que quería decir.

Hay días en los que Eren aparece en mi cabeza.

No como herida abierta.

No como todo lo que era antes.

Solo como alguien que fue parte de una historia que dolió y también construyó cosas.

Y eso ya no me rompe.

Solo me acompaña.

Hoy he quedado con Ara.

No porque lo necesite.

No porque me falte.

Sino porque quiero.

Y eso, todavía, me sorprende un poco.

El cielo está normal.

Como casi siempre.

El mundo no cambia cuando tú lo haces.

Solo tú.

Ara llega tarde unos minutos.

No importa.

No lo siento como antes.

No siento caída.

Solo espera.

Y la espera ya no es miedo.

Es espacio.

—Perdón —dice al llegar.

—No pasa nada —respondo.

Y lo digo de verdad.

Nos sentamos en un banco cualquiera.

No hay dramatismo.

No hay necesidad de llenar todo.

—Me gusta esto —dice ella de repente.

—¿Esto qué?

Ara me mira.

—No tener que serlo todo.

Asiento.

Porque yo también lo estoy aprendiendo.

El viento pasa entre nosotras.

No rompe nada.

No arrastra nada.

Solo está.

Y por primera vez, no pienso en cómo va a acabar esto.

Solo pienso en que no todo lo que empieza después de romperse vuelve a romperse otra vez.

Y eso es suficiente.



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En el texto hay: historia amor, hospital, salud mental

Editado: 22.09.2026

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