Nuestra pequeña tregua

CAPÍTULO 3

CAPÍTULO 3

ANTÓN

—¿Y mi sobrina favorita? —pregunto nada más entrar, y Aurora levanta la vista de la tablet con esa expresión de falsa indignación que lleva perfeccionando desde que Marina nació.

—Solo tienes una sobrina, Antón.

—Por eso mismo, es mi favorita.

Ella pone los ojos en blanco mientras empieza a caminar a mi lado por el pasillo. Yo sigo su ritmo mientras varios residentes se apartan al vernos venir.

—Está con Milán —dice al final y suelta una risilla—. Hoy le tocaba vacuna. Tú cuñado y la princesita han decidido vivirlo como si fuera una tragedia griega.

—Es su hija, de tal palo, tal astilla. Demasiado bien lo está llevando mi pequeña caprichosa.

Aurora termina riéndose bajito mientras niega con la cabeza.

—Lo peor ha sido después, como no ha podido librarse del pinchazo, ahora está enfadada con él y lleva media mañana ignorándolo.

—Vaya, además de guapa, también es inteligente la niña.

Mi hermana me golpea suavemente el brazo con la carpeta antes de seguir caminando.

—¿Y tú qué tal? Porque llevas aquí dos días y ya tienes cara de querer discutir con alguien.

—Trabajo en oncología pediátrica, Aurora. Discutir forma parte del sueldo.

—No. Discutir con Priscila forma parte de tu personalidad.

La miro de lado.

—No llevábamos ni dos minutos hablando y ya estás de nuevo con Priscila.

—Te conozco demasiado bien para saber que algo pasa, aunque ni tú mismo lo quieras reconocer. Nunca me has dicho porque lo vuestro acabó antes de empezar. ¿No te gustaría hablarlo con tu hermana?

—Te prometo que hablaremos en algún momento, pero dame tiempo, enana. ¿Vale?

Suelto una pequeña exhalación por la nariz al llegar al control de enfermería, apoyo una mano en el mostrador y echo un vistazo rápido alrededor, buscando a la culpable de mi insomnio.

Priscila no está.

Me doy cuenta enseguida y Aurora sigue automáticamente mi mirada, sonriendo un poco.

—Sí, definitivamente todo sigue igual. Os repeléis, pero os buscáis.

—No empieces. Te acabo de pedir tiempo.

—No he empezado nada…

Antes de que pueda responderle, veo a Priscila aparecer al fondo del pasillo hablando con Laura mientras revisa una carpeta. Lleva el pelo recogido en una coleta mal hecha y una expresión seria que hace pensar a cualquiera que acercarse demasiado probablemente sea una mala idea.

Levanta la vista al acercarse y durante un segundo mantiene la mirada fija en mí antes de detenerse junto al control.

—Aurora —sonríe.

—Hola, borde.

Aurora sonríe antes de abrazarla rápidamente. Después, Priscila gira la cabeza hacia mí.

—Doctor Bianchi.

—Doctora Moretti.

Aurora nos mira a los dos y niega con la cabeza.

—De verdad, más que compañeros parecéis una pareja divorciada.

—No exageres —murmura Priscila mientras deja la carpeta sobre el mostrador.

—Aurora siempre fue la exageración personificada —confirmo.

—No estoy exagerando nada y los dos lo sabéis. Solo que para eso sí os ponéis de acuerdo.

Abro directamente los informes para evitar seguir escuchándola disfrutar de la situación, pero en cuanto veo los resultados se me borra cualquier intento de conversación o atisbo de sonrisa.

No me gustan nada.

Priscila lo nota enseguida porque deja de mirar a Aurora y centra toda su atención en mí.

—¿Qué pasa?

Paso una página más antes de levantar la vista.

—Los leucocitos han empeorado más rápido de lo esperado.

Aurora frunce ligeramente el ceño.

—¿Tan mal está, Antón?

—Me temo que sí.

El ambiente cambia al instante. Priscila se acerca un poco más y mira también los resultados.

—La fiebre ha vuelto esta madrugada. Laura me ha avisado hace un rato.

Asiento despacio mientras cierro parcialmente la carpeta.

—Tenemos que empezar el tratamiento cuanto antes.

—Sí, pero antes quiero que hables con ella.

Levanto la mirada hacia Priscila.

—Lo haré.

—Y porfavor, explícaselo con calma.

—Priscila, sé cómo hablar con una niña de cuatro años.

—Ya lo sé.

—Entonces, ¿qué pasa?

Ella sostiene mi mirada durante unos segundos.

—Que Valentina acaba de empezar a confiar en ti y no quiero que entre en pánico cuando le digamos que vamos a hacerle más pruebas y empezar un tratamiento. Ella sabe que perdió a su padre estando en un hospital...

La respuesta consigue que baje un poco la tensión de los hombros.

—Hablaré con ella con calma.

—Eso es lo único que te estoy pidiendo.

—Y eso es exactamente lo que voy a hacer.

Priscila asiente despacio, aunque sigue mirándome como si quisiera asegurarse de que lo he entendido.

—Anoche volvió a preguntar por su familia.

Frunzo el ceño.

—¿Preguntó por sus familiares?

—Sí. La Hermana Clara dice que la policía está investigando, pero por ahora, no quiere mover otra vez el tema.

—¿No han encontrado a nadie?

Niega despacio.

—Todavía no. Pero Valentina sigue preguntando si tiene tíos, abuelos o a alguien más aparte de sus padres.

Bajo la mirada hacia los informes durante unos segundos.

—Es mejor no remover nada por ahora.

—Necesita tranquilidad.

—Y necesita saber que no vamos a dejarla sola. —Priscila me mira directamente y suspira cuando comprendo su punto.

—Exactamente.

No sé por qué, pero esa última palabra se queda conmigo un instante más de la cuenta.

Aurora termina aclarándose la garganta suavemente antes de empezar a retroceder.

—Bueno… creo que este es mi momento para desaparecer.

Priscila gira la cabeza hacia ella.

—¿Nos vemos luego?

—Sí —confirma Aurora con una sonrisa—. Y tú intenta no discutir con todo el mundo en tu primera semana.

La miro. —No prometo nada.

—Ya me lo imaginaba.

Aurora niega divertida con la cabeza y termina alejándose pasillo abajo.




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