¿soy una bully?

Capítulo 31: ¿Mamá?

Evelyn volvió a su casa y entró corriendo, dando un portazo.

—¡Mamá!

Se dirigió hacia el comedor con rapidez.

—¡Mamá!

Luego la buscó en su cuarto.

—¿Mamá?

Y luego regresó al comedor.

—¿Dónde estás? Necesito contarte algo.

Clara entró al comedor y la vio exaltada.

—¿Estabas llamándome?

—¿Dónde estabas, mamá?

—Estaba en el patio, colgando ropa. ¿Sucedió algo?

Evelyn corrió a abrazarla y comenzó a llorar.

—¿Hija, qué sucede?

—Estoy perdidamente enamorada, mamá.

Clara la abrazó y comenzó a acariciar su espalda.

—Eso ya lo sé, hija. ¿Acaso sucedió algo malo?

—No, mamá, ella aceptó ser mi novia.

Clara se sentía muy confundida. ¿Por qué su hija lloraría si le pasó algo lindo?

—No estoy entendiéndote, ¿por qué lloras?

—Tengo miedo, mamá. No dejes de abrazarme... por favor.

Clara la abraza con fuerza y besa su cabeza.

—No dejaré de abrazarte, hija, pero cuéntame, ¿qué tienes?

—Tengo miedo de perderla, mamá. ¿Qué tal si me equivoco?

Sus lágrimas caían por sus mejillas, mientras moqueaba.

—¿Qué tal si la lastimo? Ya lo he hecho antes. Todo esto me está superando, mamá. Soy tan feliz con ella... no quiero perderla nunca.

—¡Shhh! Tranquila, hija, no llores.

Continuó haciéndole caricias para calmarla.

—Entiendo cómo te sientes, pero... no tienes motivo para pensar eso, debes disfrutar de lo que te haga feliz. Si ella te hace feliz, entonces permítete serlo.

La apartó apenas con sus manos para poder verla a los ojos.

—Has cambiado mucho desde que la conociste, no te reconozco y es hermoso verte así.

Secó sus lágrimas y continuó:

—No llorando por miedo, me refiero a feliz y enamorada. Ya eres una mujer, ya no eres mi chiquitita.

Y volvió a abrazarla con fuerza.

—Si le eres fiel y te dedicas a ella, no la perderás. Ámala como si nada más importara en tu vida y sé feliz con ella.

Evelyn no dejó de llorar, su cuerpo temblaba mientras abrazaba con fuerza a su madre.

—No han pasado ni 2 horas desde que nos despedimos en la escuela y ya la extraño. Tendré una cita con ella el domingo.

—¿Una cita?

—Sí, mamá, no sé qué haré durante toda la cita. Al menos en la escuela jugamos dodgeball, o hacemos tareas juntas. Pero en una cita, no quiero aburrirla.

Intentaba secar sus lágrimas, pero sus mejillas continuaban empapándose.

—Ya tuvimos una cita, una vez. Pero esta es diferente, ahora es mi novia, no mi amiga. No puedo creer ni mis propias palabras, se oye tan raro decir "Mi novia".

Aunque no podía dejar de llorar, pensar en ella la hacía sonreír.

—Al instante se viene su imagen a mi mente, mi corazón late muy fuerte y mi boca tiembla. La amo mucho, no puedo dejar de pensar en ella, no quiero estar un solo segundo sin ella. La extraño...

—Desahógate, hija, te hará bien. Espero que me la presentes pronto.

Evelyn alzó la mirada de repente.

—¿Qué?

—Así es, quiero saber quién domó a la furiosa Evelyn. No te reconozco, hija, en serio.

—¡Mamáaaa! Aún es muy pronto para invitarla aquí.

—Piénsalo... podrías verla más seguido si la dejas venir aquí.

—Qué tramposa eres, mamá, te aprovechas de mi sufrimiento.

Ambas comenzaron a reírse muy fuerte.

—Me alegra que estés riéndote, estoy contenta de que tengas a alguien en tu vida.

—Gracias, mamá. Iré a mi cuarto, debo pensar qué ponerme en nuestra cita.

Evelyn soltó un largo suspiro y se dirigió a su cuarto a planear su cita.




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