Al otro día, Azul llegó a la escuela. Pensando en qué haría, el momento estaba por llegar.
Las otras chicas de segundo la estaban esperando, riendo entre ellas.
—Hoy es el día, Azul. Si lo logras... habrás ganado el próximo partido de dodgeball —dijo Nicol.
Azul bajó la mirada. Suspirando varias veces, mantuvo el silencio.
Leila se acercó a ella y levantó su mirada con sus dedos, intentando subirle el ánimo.
—Debes olvidarte de ella, es una de las perras de primero. Tú mereces algo mejor que eso.
Azul le quitó la mano de su rostro con fuerza y la miró fijamente, frunciendo el ceño sin decir una sola palabra.
En ese momento, Nicol interrumpió diciendo:
—Fiore está en los casilleros, nosotras observaremos desde la puerta sin que nos vea. ¡No nos decepciones!
—No te decepcionaré —mencionó sin entusiasmo.
—Eso espero, o vete despidiendo de nuestra amistad.
Azul caminó lentamente hacia los casilleros, retrasando el momento, pensando en todas las maneras en las que Fiore la odiaría.
Al llegar a los casilleros, Fiore estaba revolviendo sus cosas, haciendo algo de limpieza.
—Vamos, Azul, ahí está ella. ¡Sorpréndenos!... Amiga.
—Está bien, Nicol. No tienes que seguir presionándome, lo haré.
Nicol le dio un pequeño empujón, obligándola a entrar.
Ella observó a Fiore, tomó un mechón de su pelo y comenzó a hacerse rulitos.
Caminó lentamente hacia ella; a cada paso que se acercaba, su corazón latía más fuerte.
Fiore cerró tan fuertemente el casillero que hizo dar un salto a Azul.
—Hola, Azul —saludó con su mano y una gran sonrisa—. Hoy tenemos un partido en la última hora, te deseo suerte.
—Y-yo... —giró la cabeza mirando la puerta, dándose cuenta de que sus amigas estaban observándola.
—Me llamo Fiore, me gustaría ser tu amiga —dijo, extendiéndole la mano.
Azul le miró la mano. Apretó sus puños y dio un gran suspiro.
—No vuelvas a hablarme. —Empujó a Fiore contra los casilleros, haciendo que se golpeara la cabeza.
Fiore se quedó con una mirada de terror, mientras sus ojos comenzaban a humedecerse.
Azul la señaló con su dedo tembloroso y dijo:
—No somos amigas, no vuelvas a mirarme. ¡Perdedora!
Notó que Fiore bajaba la mirada y, enseguida, se quebró. Su respiración comenzó a acelerarse. No había marcha atrás.
Dio media vuelta y corrió lo más rápido que pudo, dejando caer sus lágrimas.
—¡Bien hecho, amiga! —dijo Nicol al verla pasar corriendo.
Llegó al baño de chicas y solo se arrinconó. Sentada en el piso húmedo, abrazando sus piernas con el rostro cubierto en lágrimas.
«Lo siento... Lo siento. No me va a perdonar jamás. Soy una estúpida. Me odio, me odio».
Golpeaba su propia cabeza con las palmas de sus manos.
—Eres una estúpida, Azul, eres una estúpida. Ella era la única que realmente te veía como eres. Te odio, Azul —se decía a sí misma.
Fiore se quedó sentada en uno de los bancos, cuando vio entrar a Evelyn.
—Vete, Evelyn, no quiero hablar hoy. No jugaré ese partido.
Ella se sentó a su lado y comenzó a acariciar su espalda.
—¿Qué sucedió?
—Ella me detesta —dijo mientras secaba sus lágrimas.
—¿De quién hablas?
—De Azul...
—Ella no te odia.
—¿Ah, no? ¿Y cómo explicas que acaba de empujarme y romper mi corazón en mil pedazos?
Evelyn, sorprendida, no sabía qué decirle. No entendía por qué Azul había hecho eso.
—Ella me odia, Evie. Quiero irme de esta escuela.
—No puedes hacer eso.
—Puedo y lo haré. Fue un gusto conocerte, amiga.
Se levantó y comenzó a juntar sus cosas del casillero.
Evelyn comenzó a mirar hacia todos lados, pensando qué decirle.
—¡Espera! Puedo asegurarte que ella no te odia.
—Ya basta, Evelyn.
—Lo que digo es cierto, ella se acercó a mí en la plaza el otro día.
—¿Qué? ¿Ya no te basta con Nilin y ahora también Azul? Gracias, amiga —dijo enfurecida, y luego caminó hacia la salida.
Evelyn la persiguió mientras intentaba aclarar el malentendido.
—¡Escúchame, Fiore! Yo amo a Nilin y jamás estaría con otra persona. Jamás la traicionaría, ni a ti.
Fiore continuó caminando sin prestarle atención. Evelyn la sujetó de su vestido y la empujó contra la pared sin soltarla.
—Vas a escuchar lo que tengo que decirte y luego decides si irte o no.
Nilin se acercó intentando detener a Evelyn, creyendo que estaban peleando.
—¡Evie!
—Ella no te odia. La vimos en la plaza y se acercó a nosotras, dijo que las chicas de segundo planeaban hacerte daño.
—Qué bueno que les haya funcionado.
—No les funcionó. ¡Escúchame! Ella nos pidió cuidarte. Preguntó si sentías algo por ella y yo no le respondí. Ella se interesa en ti.
La puerta del baño se escuchó y todas giraron a observar... era Azul, quien miró a Evelyn con una mirada penetrante.
—¡Suéltala, Evelyn!
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Editado: 02.10.2026