Evelyn vació todo su ropero, su cuarto era una montaña de ropa.
—¡Ay no! ¡Ay no! ¿Qué demonios voy a ponerme?
Revisaba y revisaba, nada terminaba de convencerla.
—Este vestido azul es lindo... ¿Y si no le gusta?
Lanzó el vestido a la montaña de ropa.
—¿Qué tal este? —se preguntaba, mientras se mira en el espejo colocando el vestido frente a ella y haciendo muecas—. Nop... tampoco.
Continuó mirando su ropero, mientras se mordía las uñas. Luego, comenzó a caminar de lado a lado por todo su cuarto preguntándose...
—¿Qué me pongo? ¿Le gustará este maquillaje? ¡Ay no! Parezco un maldito payaso. ¿Por qué es tan difícil tener novia?
Lavó su rostro y continuó:
—Calma, Evelyn, tienes que calmarte —se decía a sí misma—. Muy bien, pestañas arqueadas, cabello peinado.
Movía sus labios pintados frente al espejo.
—Labios listos.
Caminó hacia su colección de perfumes y comenzó a revisar uno por uno.
—¿Qué perfume le gustará? ¡Ayyy! Estoy perdiendo la cabeza.
Buscó entre sus zapatos.
—¿Tacones? ¡Mmmmm!
Cayó la noche mientras Evelyn seguía mirándose al espejo.
—¡Listo! ¡Wow! Muñeca... ¿Eres de por aquí? ¡Grrrr!
Al fin estaba contenta por cómo se veía.
—¡Muy bien! Ya sé cómo iré mañana a esa cita. Un momento... ¿Estoy segura de que así le gustaré?
O tal vez no tan segura.
—¡Aaaay! No puede ser. Quisiera una bola mágica que me dijera... Sí, todo saldrá perfecto, Evelyn —dijo imitando una voz extraña.
Al ver que era de noche, se fue a dormir, aunque la mayor parte del tiempo se la pasó mirando el techo.
—¡Evelyn, son las 12:30. ¡Despierta!
Se despertó exaltada al oír la hora que era.
—¿Qué? ¿Tan tarde?
—Debo arreglarme y correr.
Se preparó lo más rápido que pudo y salió de su cuarto.
—¿Hija, desayunarás algo?
—Adiós, mamá, nos vemos más tarde —dijo al pasar corriendo por el comedor.
—Espera, Evelyn, ¿quieres que te lleve?
—¿Llevarme? ¿Ir a mi cita con mi madre? ¿Estás loca?
—¿Qué tiene de malo, Eve?
—Tiene todo de malo, mamá. ¿Y desde cuándo me llamas Eve?
—No lo sé, jeje, me agrada decirte así.
—Pues no lo hagas, suena a una anciana de 80 años.
—¡Vaya! No había notado lo hermosa que estás.
—Gracias, mamá.
—¿Segura de que no quieres que te lleve? Sería una pena que ese vestido blanco y su hermoso listón rojo se arrugue por correr.
Evelyn soltó un gran suspiro, no tenía más opción que dejar que su madre la llevara a su cita.
—¡Está bien, mamá! Tú ganas, llévame.
—¡Bien! Iré por las llaves del auto, tú ve saliendo.
Cuando estaban acercándose a la plaza, Evelyn insistió en que la dejara unas calles antes.
—Por favor, mamá, déjame aquí.
—¿Te avergüenzas de mí?
—No, mamá, no quiero que seas atrevida con mi novia.
—¿Dices que tu mamá es atrevida?
—Estoy segura de que dirás algo para avergonzarme.
Evelyn en ese momento comenzó a imitar a su madre.
—Qué tal... ¿Cómo domaste a mi hija? O tal vez... Mi hija no podía dejar de pensar en ti.
—¿Y pensar en ella qué tiene de malo, Eve?
—Nada, mamá, solo olvídalo. Y deja de decirme Eve.
—Está bien, hija —dijo sonriendo—. Disfruta de tu cita.
—Lo siento, mamá, estoy muy nerviosa.
—Lo sé, no te preocupes.
En ese momento, alguien golpeó la ventanilla del auto.
Evelyn giró la cabeza para ver que era Nilin la que tocaba.
—Hola —dijo Nilin saludando desde afuera.
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Editado: 02.10.2026