Capítulo 24
A la mañana siguiente desperté con una sensación extraña.
No era miedo.
Tampoco preocupación.
Era... tranquilidad.
Hacía mucho tiempo que no despertaba sintiéndome así.
Me quedé unos segundos mirando el techo, intentando recordar lo que había soñado.
Nada.
Solo una sensación borrosa.
Como cuando intentas recordar el rostro de alguien después de haberlo visto durante unos segundos.
Suspiré y me levanté.
Al salir de la habitación encontré a Samantha en la cocina.
Estaba preparando café.
—Buenos días —dijo al verme.
—Buenos días.
Me quedé apoyado en el marco de la puerta, observándola.
Había algo extraño en aquella escena.
Algo que se sentía conocido.
—¿Qué? —preguntó al notar que la miraba.
Negué con la cabeza.
—Nada.
Ella sonrió.
—Me estás mirando raro.
—Estaba pensando.
—Eso nunca termina bien.
Solté una pequeña risa.
—¿Siempre eres así?
—¿Así cómo?
—No sé... —sonreí—. Molesta.
Samantha abrió los ojos, fingiendo indignación.
—¿Yo?
—Tú.
—Qué decepción.
Tomó su taza y se dio la vuelta.
—Entonces no te hago café.
—Espera.
Ella se detuvo.
—¿Qué?
Me acerqué y tomé la taza que había dejado sobre la mesa.
—Ese es el mío.
Samantha me miró confundida.
—¿Cómo sabes?
Me quedé en silencio.
No sabía.
Simplemente lo había sabido.
Ella también pareció darse cuenta.
—¿Cómo lo supiste?
Miré la taza.
Café sin azúcar.
Exactamente como me gustaba.
—No sé.
Samantha bajó la mirada.
Y durante unos segundos ninguno dijo nada.
—Antes también lo tomabas así —murmuró.
La miré.
—¿Antes?
Ella asintió.
—Antes de...
No terminó la frase.
No hacía falta.
Antes de perder mis recuerdos.
Antes de perder una parte de nosotros.
Tomé un sorbo.
Era exactamente como lo recordaba.
Aunque, técnicamente...
no lo recordaba.
—Tal vez algunas cosas no se olvidan —dije.
Samantha levantó lentamente la mirada.
Sus ojos tenían algo diferente.
Esperanza.
Pero también miedo.
—¿Tú crees?
Pensé unos segundos.
—No lo sé.
Dejé la taza sobre la mesa.
—Pero ayer, cuando estuvimos en el parque...
Ella esperó.
—Sentí que ya había estado ahí contigo.
Samantha sonrió débilmente.
—No era ese parque.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué lo sentiste?
Negué con la cabeza.
—No tengo idea.
Ella se acercó un poco.
—Quizás porque algunas cosas no necesitan ser recordadas para sentirse.
La miré.
Y por alguna razón...
esa frase se quedó conmigo.
El resto de la mañana pasó tranquila.
Hablamos de cosas pequeñas.
De cualquier cosa.
De música.
De películas.
Incluso discutimos por quién había dejado una taza fuera de lugar.
Por un momento...
parecía que nuestra vida era normal.
Y me gustaba.
Demasiado.
Porque empezaba a darme cuenta de algo.
No necesitaba recordar quién había sido Samantha para sentirme bien a su lado.
No necesitaba conocer cada detalle de nuestro pasado.
Porque cada día...
estaba empezando a conocerla de nuevo.
Y quizás...
eso era lo que más miedo me daba.
Porque si algún día recuperaba todos mis recuerdos...
¿qué pasaría si descubríamos que nuestro pasado no era tan bonito como empezaba a sentirse nuestro presente?
Miré a Samantha.
Ella estaba riéndose por algo que había dicho.
Y entonces pensé:
Tal vez no necesitábamos recuperar lo que habíamos perdido.
Tal vez...
podíamos construir algo nuevo.
Pero en el fondo sabía que todavía faltaba una parte de la historia.
Una parte que alguien estaba intentando mantener oculta.
Y tarde o temprano...
íbamos a encontrarla.
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“Hay recuerdos que perdemos... y otros que elegimos conservar.” 🤍
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