Vagos recuerdos

Una imagen olvidada

Capítulo 25

La tarde había llegado sin que me diera cuenta.

Después de desayunar, Samantha y yo habíamos pasado gran parte del día hablando de cualquier cosa.

Por primera vez...

no sentía que necesitábamos respuestas para estar bien.

Solo estábamos ahí.

Juntos.

Hasta que Samantha recibió una llamada.

—Tengo que salir un momento —dijo mientras guardaba su teléfono.

—¿Pasa algo?

—No. Solo tengo que hacer algo rápido.

Asentí.

—Está bien.

Ella tomó sus cosas y caminó hacia la puerta.

Antes de salir, se detuvo.

—No te vayas.

Sonreí.

—No pensaba hacerlo.

Ella me devolvió la sonrisa.

Y después se fue.

Me quedé solo.

Por alguna razón...

sentí curiosidad por conocer un poco más de aquella casa.

No porque buscara algo.

Simplemente quería entender dónde estaba.

Caminé por el pasillo.

Había algunas fotografías sobre una pequeña mesa.

Las miré por encima.

Algunas eran de Samantha.

Otras parecían pertenecer a momentos que yo no conocía.

Seguí caminando hasta llegar a una habitación.

La puerta estaba entreabierta.

Entré.

No sabía exactamente qué buscaba.

Tal vez nada.

Pero entonces vi una caja sobre un mueble.

Era pequeña.

De madera.

Y tenía algo escrito en la tapa.

Mi nombre.

Nicolás.

Sentí un escalofrío.

Me acerqué lentamente.

La abrí.

Dentro había algunas cosas.

Una pulsera.

Un boleto viejo.

Un par de fotografías.

Y una pequeña hoja doblada.

Tomé la primera fotografía.

Era Samantha.

Estaba sonriendo.

Pero no estaba sola.

Había alguien a su lado.

Yo.

Me quedé inmóvil.

No recordaba aquella fotografía.

Pero había algo en ella...

algo que me hizo sentir extraño.

La forma en que Samantha me miraba.

La forma en que yo la miraba a ella.

Parecíamos felices.

Mucho más de lo que podía imaginar.

Volteé la fotografía.

Había una fecha escrita detrás.

La leí.

Y sentí que el corazón se me detenía por un instante.

Era de antes del accidente.

Antes de perder mis recuerdos.

Seguí mirando.

Había otra fotografía.

En esa aparecíamos los dos sentados en un parque.

El mismo lugar que había visitado con ella el día anterior.

La observé durante varios segundos.

—No puede ser...

Murmuré.

La imagen que tenía delante no era exactamente igual al recuerdo que había tenido.

Pero se parecía demasiado.

Entonces escuché la puerta.

Me giré.

Samantha estaba ahí.

Su expresión cambió en cuanto vio lo que tenía entre las manos.

—Nicolás...

—¿Por qué no me dijiste que teníamos fotos juntos?

Ella no respondió.

—¿Por qué?

Samantha bajó la mirada.

—Porque pensé que no era el momento.

—¿Y cuándo lo sería?

Ella respiró profundamente.

—No quería presionarte.

Miré nuevamente la fotografía.

—¿Qué pasó ese día?

—No lo sé.

La miré.

—Samantha...

—De verdad, no lo sé.

Su voz sonó diferente.

Como si estuviera escondiendo algo.

Me acerqué.

—Tú sabes más de lo que me has contado.

Ella negó lentamente.

—Hay cosas que tampoco entiendo.

—Entonces dime lo que sí sabes.

Silencio.

Samantha miró la fotografía.

—Éramos felices.

Sus palabras fueron apenas un susurro.

—¿Éramos?

Ella levantó la mirada.

—Antes de que todo cambiara.

Sentí un peso en el pecho.

Volví a mirar la fotografía.

Y entonces ocurrió.

Un pequeño destello.

Una imagen.

Samantha riendo.

Yo corriendo detrás de ella.

El sonido de su voz.

Una canción sonando a lo lejos.

Y una frase.

Una frase que alguien había dicho.

“Prométeme que nunca vas a olvidar este día.”

Solté la fotografía.

Retrocedí un paso.

—¿Nicolás?

Me llevé una mano a la cabeza.

La imagen desapareció.

Pero la sensación permaneció.

Samantha se acercó.

—¿Estás bien?

La miré.

—Acabo de recordar algo.

Sus ojos se abrieron.

—¿Qué?

Tragué saliva.

—Tu voz.

Ella se quedó inmóvil.

—¿Qué dijiste?

—Te escuché decir algo.

—¿Qué?

Intenté recordar.

Pero solo quedaban fragmentos.

—No lo sé.

Miré nuevamente la fotografía.

—Pero sé que fue antes de perder la memoria.

Samantha no respondió.

Y por primera vez...

parecía tener miedo de lo que yo pudiera recordar.

Tomé la fotografía otra vez.

La observé.

Y entendí algo.

Quizás mis recuerdos no habían desaparecido por completo.

Quizás solo estaban esperando el momento para volver.

Y eso...

me aterraba.

Porque si empezaba a recordar...

también tendría que descubrir qué fue lo que realmente nos separó.

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“Lo peor no era no recordar.
Lo peor era empezar a recordar cosas que nadie me había contado.” 🤍

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