Capítulo 26
No pude dormir.
La fotografía seguía sobre la mesa.
La había mirado tantas veces que ya podía recordar cada detalle.
La sonrisa de Samantha.
El lugar.
La forma en que la miraba.
Y aquella frase.
Prométeme que nunca vas a olvidar este día.
Cerré los ojos.
Intenté volver a ese momento.
Nada.
Solo oscuridad.
Respiré profundamente.
Volví a intentarlo.
Esta vez...
algo apareció.
Un árbol.
El sonido de unas hojas moviéndose con el viento.
Samantha riendo.
Mi propia voz.
Pero no podía entender lo que decía.
Abrí los ojos.
El corazón me latía rápido.
Me senté en la cama.
¿Por qué podía sentir aquel recuerdo...
pero no verlo completamente?
Me levanté y caminé hasta la ventana.
La noche estaba tranquila.
Demasiado tranquila para todo lo que estaba pasando dentro de mi cabeza.
Miré hacia afuera.
Y entonces lo escuché.
Una voz.
No sabía de dónde venía.
Pero la reconocí.
—Nicolás.
Me quedé inmóvil.
No era Samantha.
Era un hombre.
Intenté recordar su rostro.
Nada.
Solo una silueta.
Oscura.
Lejana.
Y después...
otra voz.
La de Samantha.
—No puedes hacerlo.
El hombre respondió.
—Tiene que saber la verdad.
Sentí un escalofrío.
Cerré los ojos.
La imagen desapareció.
—No...
Murmuré.
Me llevé una mano a la cabeza.
Intenté regresar a ella.
Pero solo aparecían pequeños fragmentos.
Una puerta.
Una calle.
Un automóvil.
Samantha llorando.
Y después...
un nombre.
Gabriel.
Abrí los ojos de golpe.
Gabriel.
Lo conocía.
Pero...
¿desde cuándo?
Salí de la habitación.
Encontré a Samantha en la sala.
Estaba sentada en el sofá, leyendo.
Al verme, levantó la mirada.
—¿Qué pasa?
Me acerqué lentamente.
—¿Quién es Gabriel?
El libro cayó de sus manos.
No dijo nada.
Y ese silencio...
fue suficiente.
—Lo conoces.
Samantha tragó saliva.
—Sí.
—¿Quién es?
Ella se levantó.
—Nicolás...
—Solo dime quién es.
Samantha apartó la mirada.
—Es alguien que estuvo con nosotros antes.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Antes de qué?
Ella no respondió.
—¿Antes del accidente?
Silencio.
—Samantha.
Finalmente me miró.
Sus ojos estaban llenos de tristeza.
—Antes de que lo perdiéramos todo.
No entendí.
—¿Qué significa eso?
Ella respiró profundamente.
—Que Gabriel sabe cosas que nosotros no recordamos.
Me quedé en silencio.
—¿Y por qué nunca me hablaste de él?
—Porque pensé que era mejor dejar algunas cosas en el pasado.
Miré hacia la ventana.
La misma sensación volvió.
Como si estuviera a punto de recordar algo.
—Creo que ya lo conocí.
Samantha se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—No sé cuándo.
Me toqué la cabeza.
—Pero recuerdo su voz.
Ella palideció.
—¿Qué dijo?
Cerré los ojos.
Intenté encontrar las palabras.
Nada.
Solo un último fragmento.
Una voz.
Una advertencia.
Y después...
silencio.
—No lo sé.
Abrí los ojos.
—Pero sé que estaba ahí.
Samantha se acercó.
—Nicolás...
—¿Qué?
Ella dudó.
—Tal vez deberías dejar de buscar.
La miré.
—¿Por qué?
No respondió.
Y entonces entendí algo.
No era que Samantha tuviera miedo de que yo no recordara.
Tenía miedo de que recordara demasiado.
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“A veces, recordar no significa recuperar el pasado... sino descubrir por qué tuvimos que olvidarlo.” 🤍
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