Sakharov
No lo podía negar, estaba empezando a jugar un juego muy peligroso y si no tenía cuidado todo podría salir mal.
Catherine rompió mi maldición.
No podía estar más contento, finalmente era libre de cambiar de formas. Sin embargo, debía contárselo a Fenec, algo que me resultaría sumamente difícil, pues ya estaba empezando a ser más que obvia mi atracción por Catherine. Haberle dicho que la amaba y haberle agarrado la mano fue algo tan involuntario que no lo había pensado previamente. Había sentido que Catherine se había incomodado un poco, pero aun así ella no apartó su mano…
Aparté mis pensamientos para situarme en el presente, la luna estaba en lo más alto del cielo. Medianoche. Habíamos avanzado hasta el castillo de Káiser, jamás había estado allí a pesar de mis constantes visitas al Territorio Escamoso.
Lo que de lejos parecía ser la enormidad de la estructura de algún castillo, en realidad eran piedras de una montaña gigantesca que fue manipulada para aparentar tener esa forma. No había guardias ni ninguna criatura que protegiera el lugar, salvo por un dragón congelado en el tiempo que se encontraba al lado de la supuesta “entrada” que era la apertura de una cueva ominosa; en el interior se podía ver una tenue luz que alumbraba hacía algún camino.
-Creo que Catherine y yo deberíamos entrar, mientras ustedes esperan aquí- le aconsejé a Powder y Fenec, quien puso los ojos en blanco y soltó un suspiro sonoro.
- ¿Y cuál es supuestamente el plan? - preguntó Catherine antes de que Fenec pudiera comenzar a quejarse.
-Por lo que sé de la estructura- comencé y miré a Catherine-. La entrada deriva en dos pasillos, uno lleva hacia el centro del castillo y el otro hacia habitaciones de menor importancia, pero donde es más probable que Káiser se oculte. En general, él vive solo a excepción de algunos sirvientes y guardias para aquellos lugares de mayor importancia.
- ¿Solo? ¿No tiene hijos o algo? - preguntó Catherine.
-Se dice que tiene un hijo, pero nada es seguro.
-De hecho, si tiene un hijo, dicen que lo tiene secuestrado en las profundidades de su castillo- habló Powder que se encontraba más alejada de la cueva que nosotros.
Me daba mala espina esa chica; había tenido experiencias con maldecidos por Meldford previamente y en la mayoría de los casos el encuentro había terminado con la destrucción de algo o la muerte de alguien. Aunque siendo sincero, este individuo es bastante pacífico.
-De todas formas, esa no es nuestra responsabilidad o misión en estos momentos- me interpuse antes de que alguna idea estúpida de rescate se formara en la mente de alguien-. Mi plan es que cada uno se dirija por un pasillo distinto y explore el lugar hasta encontrar a Káiser para enfrentarlo, pero solo durante una hora, luego nos encontramos cerca del acantilado de ayer. No quiero que ninguno de los dos lo enfrente solo, es alguien muy peligroso que usa la Magia Oscura.
-En todo caso deberíamos ir los cuatro para asegurarnos que nadie haga alguna estupidez- propuso Fenec dando un paso hacia adelante para hacerse notar.
En el pasado habría considerado tierno ese gesto de liderazgo, pero ahora lo sentí un poco molesto, aun la amaba, pero no tenía las habilidades para pelear o defenderse y nunca me perdonaría si le llegara a pasar algo. Tampoco me perdonaría si le pasara algo a Catherine.
-Tú y Powder podrían correr riesgos si van juntas- le dije con cierta esperanza de que desistiera de esa idea.
-Iré con Catherine, ella puede protegerme; tú ve con Powder, así de paso se conocen- lo último lo dijo con cierto resentimiento-. Además, muy seguramente podrás protegerla no solo con tu forma de lobo, también tus manos saben hacer otras cosas…
- ¡Fenec! - la corté- por favor, no empieces, es muy peligroso para ustedes dos.
Ella lo sabía.
Sabía que Catherine había roto mi maldición y eso me aterró porque no sabía cuánto pudo haber visto o escuchado. Sin embargo, no había nada que temer porque después de todo Catherine y yo solo somos amigos ¿o no?
-Creo que Fenec tiene razón, Sakharov- dijo Catherine, aunque no me pude concentrar del todo en sus palabras, mi corazón se sentía desbocado y palpitaba a mil por hora; solo esperaba que no lo escucharan como yo y mi cara no delatara sorpresa o temor. Me mantuve lo más serio, distante y frio posible-. Quizás estemos más seguros acompañados así si sale algo mal, el otro podrá avisar al resto.
No dije nada y eso lo tomaron como mi respuesta.
-Entonces está decidido- anunció Fenec sin mirarme- iremos en parejas, yo iré con Catherine, y Sakharov irá con Powder- dicho eso, agarró del brazo a Catherine y se dirigieron a la entrada para desaparecer por el pasillo derecho.
Me quedé parado esperando a que Powder se acercara a mí, sus sombras se volvieron más espesas a su alrededor mientras lo hacía.
-Creo que seremos pareja…
-No vengas, si no quieres- dije cortante mientras seguía preocupado por las palabras de Fenec, “también tus manos saben hacer otras cosas…”
-Me da miedo, estuve mucho tiempo en la oscuridad- comenzó a decir Powder.
-Dirígete al pueblo más cercano y espéranos allí, llévate al caballo- no esperé su respuesta e ingresé a la cueva.
Catherine
Fenec caminaba a mi lado, en silencio. A decir verdad, era una situación muy incómoda ¿Iba a decirme o reclamarme sobre lo que vio o escuchó?
-¿No tienes otra cosa que ver?- me preguntó, al parecer la estuve viendo de reojo durante mucho tiempo.
Iba a comenzar una conversación sobre lo sucedido con Sakharov, pero desistí.
-¿Cómo te volviste un esqueleto?- le pregunté mirando disimuladamente su mano y brazo esquelético.
-Es una larga historia- dijo cortante.
-Creo que tendremos tiempo- le dije.
Nos encontrábamos en un túnel o un pasillo, no estaba segura, apenas estaba iluminado por algunas antorchas cada cinco metros, las paredes y el techo eran ovaladas y el suelo estaba cubierto por alfombras viejas, decoradas con diseños rústicos y polvorientas. Habíamos estado caminando en ese lugar por casi veinte minutos y no había señal alguna de que el panorama cambiase.