El Precio del Silencio

CAPÍTULO 27

Alguien Conocido

Sofía sintió que el pulso se le disparaba, cada posibilidad cruzando su mente en una sucesión vertiginosa de rostros: profesores, vecinos, colegas antiguos, cualquier persona que hubiera estado presente en los momentos importantes de su vida sin llamar demasiado la atención.

—Dime quién es, Marcos —dijo, con una urgencia que ya no intentaba disimular.

Marcos se pasó una mano por el rostro, con una expresión de agotamiento que parecía llevar años acumulándose bajo la superficie de su cordialidad habitual.

—La reina Elena Vásquez —dijo finalmente—. Tu maestra de piano, cuando eras adolescente.

Sofía sintió que el mundo se detenía por un instante, la imagen de una mujer amable, paciente, que había pasado años enseñándole escalas y sonatas en un pequeño estudio cerca de su casa de la infancia, transformándose de golpe en algo completamente irreconocible.

—Eso no puede ser cierto —dijo, con la voz apenas audible—. Elena era... era solo mi maestra de piano. Vino a mi graduación. Me regaló un libro de partituras cuando cumplí quince años.

—Y también dirigía la rama financiera del Consorcio del Pacífico en Florida durante ese mismo periodo —dijo Marcos, con una calma que resultaba casi más perturbadora que cualquier revelación anterior—. Sofía, Elena Vásquez pasó años cerca de tu familia, no por casualidad, sino porque el Consorcio necesitaba a alguien de confianza vigilando de cerca a Ernesto Duarte, asegurándose de que mantuviera su lealtad y sus registros en orden.

—¿Por qué una maestra de piano? —preguntó Sofía, todavía luchando por procesar la magnitud de la traición.

—Porque nadie sospecharía jamás de una mujer amable que enseñaba música a los hijos de la comunidad —dijo Marcos—. Es la misma lógica detrás de Vantage Group Consulting, la misma lógica detrás de cada fachada que hemos descubierto en los últimos meses. Cuanto más inocente parece alguien, más útil resulta para ocultar operaciones que nadie querría ver de frente.

Sofía sintió que las lágrimas de rabia y traición se le acumulaban en los ojos, la sensación de que cada recuerdo aparentemente inocente de su infancia ahora tenía que ser reexaminado bajo una luz completamente distinta.

—¿Sigue viva? —preguntó—. ¿Sigue en Miami?

—Hasta donde yo sé, sí —dijo Marcos—. Se retiró oficialmente de dar clases hace una década, pero sigue dirigiendo las operaciones financieras del Consorcio desde una posición mucho más discreta que nunca. Y Sofía, tienes que entender algo: si ella se entera de que te dije esto, mi vida y la tuya estarán en un peligro mucho más inmediato del que hemos enfrentado hasta ahora.

Sofía sintió que la determinación reemplazaba lentamente el shock inicial, la misma fuerza que la había ayudado a sobrevivir cada revelación devastadora de los últimos meses.

—Necesito hablar con Valentina de inmediato —dijo, ya poniéndose de pie—. Marcos, gracias por decirme la verdad, finalmente. Pero necesito que entiendas que esto no termina aquí. Vamos a encontrarla, y vamos a asegurarnos de que enfrente las consecuencias de todo lo que hizo.

Marcos asintió, con una mezcla de alivio y temor genuino en su expresión.

—Ten cuidado, Sofía —dijo—. Elena Vásquez no es como Isabela, ni como Robert. Ella construyó su poder precisamente sobre la base de nunca ser vista como una amenaza. Eso la hace mucho más peligrosa que cualquiera de los villanos que ya enfrentaron.




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