La Propuesta
Tres meses después de la captura de Vincent, Adrián llevó a Sofía de regreso a un lugar que ninguno de los dos había visitado desde el día en que todo había comenzado a desenredarse: el pequeño mirador junto a la bahía donde solían pasar tiempo juntos, años atrás, antes de que la mentira de Robert los separara.
—¿Por qué aquí? —preguntó Sofía, mientras caminaban por el mismo sendero que recordaba de su juventud, ahora bañado por la luz dorada del atardecer.
—Porque quiero empezar de nuevo, en el mismo lugar donde todo empezó la primera vez —dijo Adrián, con una sonrisa que llevaba meses sin verle con tanta ligereza.
Se detuvieron en el mirador, con la bahía extendiéndose frente a ellos en tonos naranjas y rosados, el mismo paisaje que había sido testigo, años atrás, de las primeras conversaciones sinceras entre dos jóvenes que apenas empezaban a enamorarse.
—Sofía —dijo Adrián, girándose para mirarla directamente, con una seriedad que ella reconoció de inmediato—, hemos pasado por más en el último año de lo que la mayoría de las parejas enfrenta en toda una vida. Descubrimos mentiras que se remontaban a generaciones, enfrentamos amenazas que ninguno de los dos imaginó que existían, y aun así, en cada paso del camino, elegimos quedarnos juntos.
Sofía sintió que el corazón se le aceleraba, reconociendo la dirección que tomaba la conversación.
—No quiero pasar ni un día más sin hacer esto oficial —continuó Adrián, arrodillándose con cuidado mientras sacaba una pequeña caja de terciopelo del bolsillo de su chaqueta—. Sofía Duarte, después de todo lo que hemos vivido, después de perderte y encontrarte de nuevo de tantas formas distintas, quiero pasar el resto de mi vida asegurándome de que nunca más tengas que dudar de cuánto te amo. ¿Te casarías conmigo?
Sofía sintió que las lágrimas se le acumulaban, esta vez completamente de felicidad, mientras reconocía el anillo dentro de la caja: el mismo que su padre había guardado para ella en la caja fuerte de su estudio, meses atrás, con la nota que hablaba de amar sin miedo otra vez.
—¿Cómo conseguiste esto? —preguntó, con la voz quebrada por la emoción.
—Le pregunté a Marisol, el ama de llaves de tu antigua casa, si sabía de algún objeto sentimental que quisieras conservar —dijo Adrián—. Ella me señaló la caja fuerte, y encontré el anillo justo donde tu padre lo había dejado para ti.
—Sí —dijo Sofía, sin dudar ni un segundo más, extendiendo su mano para que Adrián le colocara el anillo—. Sí, quiero casarme contigo.
El beso que siguió llevó consigo el peso de todo lo que habían superado juntos, una promesa silenciosa de que, finalmente, el precio que ambos habían pagado para volver el uno al otro se transformaba en algo permanente y hermoso.
Editado: 18.09.2026