Preparativos
La noticia de que Vincent ya sabía sobre el descubrimiento de su propiedad aceleró todos los planes que Valentina había estado organizando cuidadosamente durante las últimas horas.
—Necesitamos movernos antes del amanecer, no después —dijo, reuniendo a su equipo táctico en la sala principal de la casa de los Everglades—. Si esperamos hasta la hora planeada originalmente, le damos tiempo suficiente para escapar o, peor, para preparar una defensa que ponga en riesgo a mi equipo.
—Quiero ir con ustedes —dijo Sofía, con una firmeza que sorprendió incluso a Valentina.
—Sofía, esto no es como las confrontaciones anteriores —dijo Valentina, con una seriedad que dejaba claro el nivel de peligro real—. Vincent no es Marcos, dispuesto a negociar, ni Elena, buscando una salida. Todo lo que sabemos sobre él sugiere que no tiene ninguna intención de rendirse pacíficamente.
—Precisamente por eso necesito estar ahí —dijo Sofía—. Mi padre murió por culpa de las decisiones de este hombre, directa o indirectamente. Merezco ver el final de esto con mis propios ojos, no esperando noticias desde la distancia.
Adrián le tomó la mano, con una expresión que mezclaba preocupación genuina y un respeto profundo por la determinación de Sofía.
—Iremos juntos —dijo—, pero exactamente donde Valentina y su equipo consideren seguro, ni un paso más allá.
Gabriel, que había permanecido escuchando la discusión con su característica calma calculadora, finalmente intervino.
—Yo también voy —dijo—. Vincent construyó, indirectamente, toda la estructura que definió mi vida entera sin que yo lo supiera. Necesito ver su rostro cuando finalmente enfrente las consecuencias de las decisiones que tomó.
Valentina se quedó en silencio un momento, evaluando la determinación de los tres antes de finalmente ceder.
—Está bien —dijo—, pero se quedan en el vehículo blindado, detrás de la línea de mi equipo, hasta que confirmemos que el área está completamente asegurada. No hay negociación posible sobre ese punto.
Los tres aceptaron, y durante las horas siguientes, mientras el equipo táctico se preparaba con una precisión meticulosa, Sofía sintió que una calma extraña se instalaba sobre ella, distinta al miedo constante de los últimos meses: la sensación de estar, finalmente, a las puertas del último capítulo de esta historia que había consumido su vida desde el momento en que regresó a Miami.
Partieron hacia el lago Okeechobee dos horas antes del amanecer, en una caravana de vehículos discretos que avanzaban por carreteras rurales apenas iluminadas, cada kilómetro acercándolos más al hombre que había orquestado, desde las sombras, casi todo el sufrimiento que habían enfrentado en los últimos meses.
—Estamos a quince minutos de la propiedad —anunció Valentina, desde el vehículo líder, con la voz tensa por la radio—. El equipo de reconocimiento reporta actividad en la casa principal. Alguien está despierto.
Sofía sintió que el corazón se le aceleraba, la certeza de que, en cuestión de minutos, finalmente enfrentarían al hombre responsable de todo.
Editado: 18.09.2026