Demasiado Cerca
Valentina reaccionó de inmediato, ordenando a su equipo que evacuara la casa segura y trasladara a los tres a una segunda ubicación de emergencia, un protocolo que rara vez se activaba fuera de situaciones de máximo riesgo.
—Necesito que revisen cada dispositivo, cada vehículo que usamos hoy —dijo, mientras coordinaba la evacuación con una urgencia que dejaba claro cuánto la había afectado el mensaje—. Si sabe dónde estamos con esta precisión, tiene que haber algún tipo de rastreo activo que todavía no hemos encontrado.
Durante el traslado, en la parte trasera de un vehículo blindado que Valentina había conseguido a través de contactos federales, Sofía sintió que la adrenalina de las últimas horas empezaba a pasarle factura, un cansancio profundo instalándose en cada músculo de su cuerpo.
—Esto ya no se siente como una investigación —dijo, con la voz apenas audible—. Se siente como si estuviéramos siendo cazados.
—Porque probablemente lo estamos —dijo Gabriel, con una honestidad cruda que no intentaba suavizar la situación—. El Contador acaba de perder dos tercios de su organización en cuestión de horas. Nosotros somos, en este momento, el blanco más lógico para su furia.
Adrián, sentado junto a Sofía, le tomó la mano con firmeza.
—Vamos a superar esto también —dijo, con una determinación que Sofía reconocía como parte esencial de quien se había convertido en los últimos meses—. Igual que superamos a Isabela, a Robert, a Daniel Reyes, a Marcos y a Elena.
—Ninguno de ellos nos rastreó con esta precisión —dijo Sofía—. Ninguno de ellos supo, en cuestión de una hora, exactamente dónde nos habíamos mudado.
El silencio que siguió confirmó que ninguno de los tres tenía una respuesta reconfortante para esa observación.
Llegaron a la segunda ubicación de emergencia pasada la medianoche, una casa aislada en los Everglades, propiedad de la fiscalía federal, sin ninguna conexión digital visible que pudiera rastrearse fácilmente.
—Aquí deberíamos estar seguros, al menos temporalmente —dijo Valentina, mientras su equipo instalaba equipo de comunicación completamente nuevo y verificado—. Ningún dispositivo electrónico previo entra a esta propiedad. Todo lo que usemos de ahora en adelante será nuevo, verificado, sin ningún rastro de conexión con nuestras vidas anteriores.
Esa noche, mientras el resto de la casa dormía, o al menos lo intentaba, Sofía encontró a Gabriel despierto en la pequeña sala principal, revisando documentos impresos a la luz de una lámpara tenue.
—¿No puedes dormir tampoco? —preguntó, sentándose a su lado.
—Sigo pensando en algo que dijo El Contador —dijo Gabriel—, sobre haber estado observándonos desde mucho antes de que Marcos o Elena entraran en la historia. Eso sugiere que su vigilancia empezó incluso antes de la muerte de nuestro padre.
Sofía sintió que un escalofrío conocido le recorría la espalda.
—¿Crees que él ordenó la muerte de nuestro padre, y no Isabela? —preguntó.
Gabriel se quedó pensativo un momento, revisando de nuevo los documentos frente a él con una concentración renovada.
—Creo —dijo finalmente— que tal vez Isabela ejecutó la orden, pero que la decisión real vino de alguien todavía más arriba en la cadena. Alguien que ha estado moviendo piezas en esta historia desde mucho antes de que cualquiera de nosotros supiera que el tablero existía.
Editado: 18.09.2026