El Precio del Silencio

CAPÍTULO 40

La Casa del Lago

Salieron del hospital con la información fragmentada de Alessandro resonando en sus mentes, mientras Valentina ya coordinaba con su equipo para identificar cualquier propiedad relevante cerca de cuerpos de agua asociada, aunque fuera indirectamente, con Vincent Ferrante.

—Hay al menos una docena de lagos en el sur de Florida donde alguien con los recursos de Vincent podría haber construido una propiedad discreta —dijo Valentina, revisando mapas en su laptop mientras conducían de vuelta hacia la casa de los Everglades—. Necesito acotar la búsqueda con algo más específico que "la casa del lago".

—Alessandro mencionó que Vincent siempre quiso construir cerca del agua —dijo Adrián, tratando de recordar cualquier detalle adicional de conversaciones pasadas con su abuelo—. Recuerdo, ahora que lo pienso, que mi abuelo mencionó una vez, hace años, un lago específico donde solían pescar juntos cuando eran jóvenes. Lago Okeechobee.

Valentina buscó de inmediato registros de propiedades alrededor del lago Okeechobee asociadas con cualquiera de los alias conocidos de Vincent, encontrando, después de varios minutos de búsqueda intensa, una coincidencia que hizo que su expresión se tensara.

—Una propiedad registrada hace quince años, a nombre de una compañía consultora con el mismo patrón de transferencias que hemos visto con Vantage Group y Meridian Shipping —dijo—. Está a las afueras de Clewiston, con acceso privado al lago.

—Entonces ahí es donde tenemos que ir —dijo Gabriel, con una determinación que Sofía reconocía cada vez con más frecuencia como parte esencial de quien se había convertido en las últimas semanas.

—No pueden ir solos —dijo Valentina de inmediato—. Necesito coordinar un equipo táctico completo antes de que se acerquen a esa propiedad. Si Vincent es tan peligroso como todo lo que hemos descubierto sugiere, no podemos arriesgarnos a un enfrentamiento directo sin la preparación adecuada.

Esa noche, mientras Valentina organizaba la operación con su equipo, Sofía se sentó junto a la ventana de la casa de los Everglades, observando la oscuridad del pantano que se extendía más allá de la propiedad protegida.

—¿Crees que esto realmente termine mañana? —preguntó, cuando Adrián se sentó a su lado.

—Espero que sí —dijo él, con una honestidad que no intentaba disimular su propio cansancio—. Llevamos meses persiguiendo sombras cada vez más profundas. En algún punto, tiene que haber un fondo a todo esto.

—¿Y si Vincent es solo otra capa, y hay algo todavía más profundo debajo? —preguntó Sofía, articulando el miedo que había estado cargando en silencio durante las últimas horas.

Adrián se quedó en silencio un momento, considerando la pregunta con la misma seriedad que merecía.

—Entonces seguiremos excavando, juntos, hasta encontrar el fondo real —dijo finalmente—. Pero tengo la sensación de que Vincent es diferente a todos los demás que hemos enfrentado. No parece alguien que opere bajo las órdenes de nadie más. Parece alguien que quiere ser, finalmente, el único que queda al final de esta historia.

El teléfono de Valentina sonó desde la habitación contigua, y momentos después ella entró con una expresión que confirmaba que la operación de mañana acababa de volverse considerablemente más urgente.

—Vincent sabe que encontramos la propiedad del lago —dijo, sin rodeos—. Uno de nuestros analistas detectó actividad de red saliendo de esa dirección hace apenas veinte minutos, justo después de que empezáramos a investigarla.




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