Four Kingdoms

Queridas Conteslaciones V

Aquel objeto brilló tanto al punto de cegarme parcialmente. El picor de los ojos y la molesta que se creó me pareció indescriptiblemente desagradable.
Escuché la voz de Padre Muerte. Pero a diferencia de la que segundos antes me decía como se usaba la estrella está era tan lejana... extrañamente lejana.

— Bueno, ahora no tendré que escuchar a los Trillizos quejarse. Adiós, jueza y buen trabajo

Luego llegó el ruido y, ¡Diablos! Fue tan doloroso como un taladro martillando mis pobres oídos. Busqué desesperadamente su origen y para entonces, había recuperado parcialmente la visión. Y reitero, parcialmente. Por alguna razón, quizás efecto de la luz, apenas era consciente de la niebla que se levantaba frente a mis ojos

— ¿Clavis? — murmuré — ¿Clavis?— repetí con mayor desesperación. —¡Clavis!¡Monarca!¡Padre Muerte!¡Alguien! — nada, no escuchaba nada.

Me puse de pie frotando mis ojos con fuerza. Frente a mi, trás de mí y a mi lado, todo era blanco. Clavis y Monarca habían desparecido. El ruido había desaparecido, incluso la sombra oscura de Padre Muerte.

—¿Hay alguien aquí? — alcé la voz — Donde estoy — susurré abrazándome a mí misma

¿Qué había sucedido con Clavis? era lo único que me molestaba. Lo único que necesitaba saber. ¿Había funcionado la estrella?¿Se encontraba bien?

No me quedaría quieta, así que corrí, como un laberinto buscando una salida.

— ¡Clavis!¡Monarca!

Mi derecha e izquierda parecían iguales. Golpeé el suelo, pero tampoco obtuve reacción. El cielo también se vió incoloro y me desesperación comenzó a asfixiarme

—¿¡Dónde estoy!?¡Alguien!¡Saqueme de aquí! — justo allí, persiví el ruido tan lejano como inentendible y me dirigí a él. Cuando por fin se volvió comprensible para mí oído, también lo hizo para mis ojos.

— Tarde, tarde, tarde — repetían la misma palabra una y otra vez. ¿Quiénes? Las causantes de varios de mis problemas más gordos: hadas. No eran pocas. ¡Qué va! Demasiadas para siquiera contarlas y me invadió la ansiedad. Dentro de mi la lógica y la razón discutían, como una advertencia. Lógicamente al ser lo único vivo a parte de mi, quizás, tendrían una idea dónde estábamos y sacarme no sería un problema. Pero dado mi experiencia anterior con ellas, algo gritaba bulliciosamente pidiéndome que corriera.

Y así fue. Huí. Aunque solo retrasará el inevitable futuro que me separaba porque las hadas me persiguieron con su metódica melodía repitiendo "Tarde" como único estribillo y casi toda la letra. No voy a mentir diciendo que no me atraparon. No estoy segura cómo, solo, la manera en que me lanzaron al aire como un globo haciéndome caer sobre ellas y sobre volar la blancura nada igual que una especie de alfombra voladora. Finalmente me cubrieron y una de ellas con el rostro cubierto de una máscara negra bastante espeluznante me escupió, no bromeo, escupió sobre mi rostro. Otra vez medio ciega, otra vez sin ser capaz de percibir que sucedía y lo siguiente que supe, estaba de vuelta en mi apartamento

— ¿Pepito? — me volví loca, totalmente loca al ver su colita moviéndose revuelta sobre mi. La bola de cristal enterita de pie sobre el suelo. Negué enloquecida, lloré sin comprender por qué la estrella de los deseos había cumplido mi primer deseo, enviarme a casa.

Si yo estaba de vuelta eso significaba que... Clavis estaba muerto




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