Guerra por amor

Capitulo 14

La oscuridad la envolvía como un manto húmedo. No había suelo bajo sus pies, ni cielo sobre su cabeza. Solo un vacío inmenso, donde su cuerpo parecía flotar... o caer eternamente.

—Hermana... — La voz llegó como un susurro, familiar y dolorosa.

Kath giró sobre sí misma. Frente a ella, surgieron tres figuras. Difusas, como hechas de humo. Alicor, con sus ojos tan parecidos a los suyos, la observaba en silencio. Anteros, con su sonrisa cruel y dolida, la miraba desde la distancia. Y al fondo, una versión de sí misma, vestida con la túnica de su antigua divinidad y con las manos manchadas de sangre.

—Me dejaste— dijo Alicor, sin rencor, pero sin dulzura.

—No... yo te busqué. Nunca dejé de hacerlo.

—Pero no llegaste. No a tiempo.

—¡No pude!— gritó Kath, cayendo de rodillas sobre una superficie invisible—
No sabía dónde estabas. No sabía cómo salvarte

La versión divina de sí misma avanzó, acercándose. La miró con tristeza, no con desprecio.

—No puedes salvar a nadie, Kath. Ni siquiera cuando eras diosa lo lograste. Creíste que podías cargar con todo... y perdiste.

Anteros soltó una carcajada amarga.

—Y lo vas a volver a hacer.

Kath cerró los ojos, apretando los puños.

—¡No! Esta vez no. Esta vez voy a encontrarlos. Esta vez voy a traerla de vuelta.

—¿Y si ella ya no quiere ser salvada?—
preguntó su reflejo—. ¿Y si ya es demasiado tarde?

—Entonces moriré intentándolo—susurró, con la voz quebrada—. Porque no sé ser otra cosa. Porque si renuncio a eso... ¿qué me queda?

El vacío tembló. De pronto, miles de espejos comenzaron a surgir en todas direcciones, flotando a su alrededor. En cada uno, una imagen diferente: la diosa que fue, la mujer herida, la amante temerosa, la hermana perdida, la guerrera rota.

Y al fondo, una silueta envuelta en fuego negro con ojos rojos como brasas. De pronto, una voz retumbó con una advertencia.

—Él... esta despertando— murmuró su reflejo.

—¿Quién?— preguntó Kath, temblando.

—Aquello que ni los dioses pueden detener. Lo que ni tú, ni Valen, ni Megan comprenden aún.

La imagen de Alicor alzó una mano, señalando hacia el vacío.

—Encuetrame. Antes de que él me encuentre a mí.

Un último eco de su nombre resonó, como un lamento.

—Kath...

Y entonces despertó gritando y sollozando.

Kanon, sobresaltado, fue hacia ella. La sostuvo sin decir nada. Ella se aferró a su pecho, jadeando.

—Lo vi... — murmuró entre sollozos— A ellos... a mí... a él.

—¿A quién viste?— preguntó Kanon, con la voz en un hilo.

—A Caos.

Kanon sintió que el corazón le daba un vuelco.

Y por primera vez en mucho tiempo, la palabra "miedo" tuvo sentido para ambos.

Kath seguía sentada al borde del catre, envuelta en una manta empapada de sudor. Las imágenes de Alicor y Anteros no se desvanecían. Pero ahora, Kanon estaba allí. Con su silencio que hablaba más que cualquier palabra.

—Cuéntame del sueño, ¿otra vez fue sobre Alicor?

Ella asintió. Tardó un segundo en hablar.

—Pero esta vez... no fue solo ella. Vi a Anteros también. Y me vi a mí. No como soy ahora. Como era antes.

Kanon frunció el ceño. Se sentó a su lado, apoyando una mano en su espalda.

—Vi lo que soy ahora: una sombra de lo que fui. Una mezcla de recuerdos, errores y miedo. Me dijeron que voy a fallar otra vez. Que no voy a llegar a tiempo. Que no puedo salvarla.

Kanon apretó la mandíbula.

—No tienes que salvarla sola. Estoy contigo.

—Lo sé... — dijo con voz quebrada. —Pero eso no cambia el hecho de que no soy una diosa, Kanon. No tengo la fuerza de antes. Ni el cosmos, ni la inmortalidad. Si me enfrento a Deimos o Fobos... pueden matarme.

—Y si tu no vas, pueden hacerle daño a ella— respondió él, con dureza.

Kath se giró.

—¿Entonces qué hago? ¿Voy y me matan? ¿O me quedo y la pierdo para siempre?

—No tengo la respuesta, Kath. Solo tengo una certeza. No pienso dejarte sola. Ni volver a perderte. Si vas a saltar al abismo... saltamos los dos.

Ella tragó saliva. Bajó la cabeza. Quiso decir algo, pero no pudo.

—No soy Hypnos— murmuró él— No te voy a manipular. No te voy a romper. Y no me importa si nunca me vuelves a mirar como antes... solo quiero que estés viva.

Kath se apoyó en su hombro y cerró los ojos.

—Gracias por no irte. Incluso cuando grito, te empujo o te ignoro.

—Es que siempre vuelves— sonrió Kanon, apenas.

—Eso es lo peor— soltó una risa ahogada — Siempre vuelvo.



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En el texto hay: saintseiya, mitologia dioses heroes, diosesgriegos

Editado: 23.09.2026

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