Guerra por amor

Capitulo 24

La sala del templo brillaba con una luz tenue, como si el cosmos de cada uno latiera al ritmo del sacrificio que se avecinaba.

El velloncino descansaba en el centro del círculo ritual, extendido como una promesa dorada. Su resplandor era tenue... pero constante. Como si supiera que estaban a punto de pedirle lo imposible.

Megan estaba arrodillada frente a él, con el cabello suelto, los ojos cerrados y su cosmos divino vibrando a su alrededor, pero había algo más en su energía: una serenidad extraña, casi resignada.

—Para que el Velloncino funcione —explicó con voz suave—, no basta solo con colocarlo sobre sus cuerpos. El ritual debe hacerse en un punto de convergencia de cosmos... y debe estar alimentado por una energía pura, dispuesta a pagar el precio.

—¿Cuál es el precio exacto? —preguntó Shun, con voz baja.

Megan abrió los ojos.

—Parte de la vida. Parte del alma. No se puede saber cuánto exacto. Puedes sobrevivir. Puedes quedar marcado. Puedes morir.

—Bien, lo haremos todos juntos— Dice Valen, aunque Megan todavía no estaba muy convencido— Si esto va a funcionar, si de verdad vamos a traer de vuelta a los caballeros dorados, entonces lo vamos a hacer juntos. No te vamos a dejar caer sola en la oscuridad.

Seiya, desde un rincón, observaba sin intervenir. Apretaba los puños, dividido entre su impulso de proteger a todos y su miedo de perderlos otra vez.

Fue entonces que Megan rompió la tensión.

—Debemos elegir el punto exacto del Santuario para hacerlo. Un lugar donde converjan los cosmos antiguos. Donde Athena alguna vez bendijo a los suyos.

—El altar central —dijo Valen—. Donde cayó por última vez. Donde nació la esperanza.

—Bien esta decidido, debemos hacerlo ahora no podemos perder más tiempo

Seiya miró a Valen.

—¿Y si no funciona?

—Entonces caeremos sabiendo que hicimos todo lo posible.

Megan se incorporó lentamente. Su rostro, bañado por la luz dorada del Velloncino, parecía más sereno que nunca.

—Esta noche vamos a jugar con la vida y la muerte —susurró—. Pero si algo he aprendido... es que a veces solo en la oscuridad se encuentra la verdadera luz.

Todos se encaminaron al Altar Central. Megan se colocó en el centro dejando a sus pies el Velloncino de Oro.
Ikki, Shun, Valen, Seiya... se unieron alrededor de ella.

Sus cosmos se alzaron, uno por uno, como llamas que se reconocían, que se aferraban a la esperanza de redimir el pasado.

La luz del Velloncino estalló en un halo dorado que cubrió el altar y, por un instante, todos cerraron los ojos. Visiones de los caballeros dorados comenzaron a pasar por sus mentes, así como de la guerrera celestial Seirah qué también iba a ser revivida. Las voces de los dorados retumbaba en sus oídos con gritos de euforia, agradecimientos, felicidad y entusiasmo por pelear una vez más por la tierra, por su diosa.

Valen no pudo aguantar las lágrimas, al sentir su cariño. La reconocían como su nueva diosa, como la nueva Athena. Y eso la llenaba de orgullo. Estaba dispuesta a darlo todo, para que se sintieran orgullosos de ella. No los iba a defraudar.

—¡Muy bien. Esta es la última etapa!— grita Megan— ¡Elevemos nuestros cosmos más allá del septimo sentido, iluminemos el camino de nuestros aliados para que regresen a la vida, junto a nosotros!

Todos elevaron sus cosmos más allá del séptimo sentido, casi llegando al octavo. El suelo del Santuario tembló ante tan imponente liberación de cosmoenergia. El velloncino se elevó por sobre sus cabezas impulsado por el magnetismo de sus cosmos. Un pequeño destello de luz surco los cielos, que poco a poco se fue haciendo más intenso hasta caer precipitamdamente sobre el velloncino.

Una explosión de luz envolvió el lugar, impulsando a cada uno de los hacia atrás.

Poco a poco la luz se fue disipando. Todos se levantaron alarmados cuando vieron los cuerpos de los caballeros y de la guerrera celestial materializarse en el centro de la luz.
El velloncino de pronto se apago y cayó, pero antes de tocar el suelo fue sostenido por el caballero de Leo.

—Creo que esto les pertenece

—¿No piensas darme la bienvenida Pegasos?— pregunta Aldebarán cruzándose de brazos, bajó la mirada incrédula de Seiya

—Aldeberan

—Lo logramos, Valen lo hicimos todos ellos están aqui—susurró Shun, quebrado, mirando más allá de los caballeros dorados, a sus compañeros de armas Shiryu y Hyoga. Ellos también habían sido revividos

Ikki dio un paso al frente.

—Pero... ¿a qué costo?

De pronto, Megan cayó de rodillas, y su cosmos comenzó a apagarse lentamente. Valen se apresuró a sostenerla.

—¿Megan?

Ella sonrió, débilmente.

—No morí. Pero... parte de mí... ya no está. Valió la pena.

Había perdido su divinidad, su cosmos
Ahora era una simple humana pero no le importaba. Estaba feliz de ver que habían tenido éxito.



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En el texto hay: saintseiya, mitologia dioses heroes, diosesgriegos

Editado: 30.10.2026

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