Guerra por amor

Capitulo 25

El silencio de la madrugada cubría el Santuario. Las estrellas titilaban aún sobre el altar sagrado, pero el Velloncino ya no brillaba como antes. Su fulgor había menguado, como si hubiese entregado una parte de sí... o como si hubiese cobrado algo a cambio.

Megan caminaba sola por uno de los antiguos pasillos laterales del templo de Athena, descalza, con el cabello suelto y el vestido simple de tela blanca apenas rozando las piedras frías. La luz de la luna acariciaba su piel.

Se detuvo frente a un espejo de agua, oculto entre columnas viejas. Se miró.

—Sigo siendo yo...— murmuró, tocando su reflejo— Pero no igual que antes

Lo sentía en los huesos. Algo se había ido. No se trataba solo de su divinidad, su cosmos había desaparecido. Ahora... ya no estaba completa.

Y sin embargo, no tenía miedo.

—Esto... es libertad— susurró.

Su cuerpo tembló. Se dejó caer de rodillas junto al agua y cerró los ojos.

—Si pierdo todo lo que soy... pero salvo a los que deben vivir, entonces no me importa. Que desaparezca lo que queda. No vine a quedarme, vine a devolver lo que tomé.

Y por primera vez desde que fue convertida en diosa, Megan lloró, como nunca antes lo había hecho..

Desde las sombras de una columna, Shun la observaba. No quiso interrumpirla. Giro y se encontró con Ikki, quien también la observaba en silencio

—Megan ya no es lo que solía ser. Pero creo que... por fin es ella misma— le dijo Shun a su hermano, quien solo asintió en silencio.

Valen también lo supo al verla en la ceremonia. A pesar de todo, sentía que algo las unía. Y no era solo el pasado, ni Hera. Era el deseo desesperado de redención.

Los caballeros que habían revivido comenzaron a enterarse de lo ocurrido. Todos estaban agradecidos, por lo que Megan había hecho, aunque algunos no se atrevían a decírselo.

—La mujer que venció mi puño... terminó dándome la vida. No lo voy a olvidar.— murmuró con orgullo el caballero de Tauro.

Aioros, conmovido por el acto de Megan, pidió verla para agradecerle personalmente, aunque aún ella no se sentía preparada para verlos. Porque ella sabía que no todos estaban contentos.

En lo profundo del Santuario, algunos caballeros menores aún veían a Megan como una enemiga disfrazada. Susurraban en rincones oscuros que no debía confiarse en quien había servido a dioses ajenos... en quien se había enfrentado a Athena en el pasado. Había temor.

Y ella lo sabía.

Pero no intentó justificarse. Solo caminaba con la frente alta... incluso cuando su alma ya no estaba completa.

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El sol comenzaba a alzarse tímidamente sobre las columnas del Santuario, tiñendo de oro los templos y las estatuas antiguas. Era el primer amanecer con los caballeros dorados nuevamente entre los vivos. Un aire distinto se respiraba, como si el mundo hubiese contenido el aliento... y al fin, pudiera exhalar en paz.

Valen caminaba sola por los jardines superiores, como su capa blanca rozando las flores recién abiertas.

—No estás sola— dijo una voz firme pero amable detrás de ella.

Se giró. Allí estaba Aioros de Sagitario, de pie, con su armadura reluciente como el sol naciente. Sus ojos tenían esa misma calidez de siempre. Ese fuego tranquilo que una vez guio a Athena... y que ahora la buscaba a ella.

—Diosa Valen— murmuró con suavidad.— Sabés que no necesitás demostrarle nada a nadie. Ya lo hiciste todo. Pero quiero que lo escuches de mí... ahora que estoy de regreso.

Ella lo miró, sin decir nada. Solo esperó.

Aioros hincó una rodilla en tierra, bajando la cabeza como hacía antaño ante Athena.

—Desde este momento, juro por mi vida, por mi cosmos y por la memoria de quienes dieron todo por esta causa... que te protegeré. Que pelearé por ti, por tu justicia, por tu luz... como lo hice con Athena. Porque ahora eres quien mantiene viva esta esperanza.

Valen sintió un nudo en la garganta. No era adoración nio sumisión. Era un voto de confianza.

—Gracias, Aioros...— susurró, con la voz cargada de emoción.

Unos pasos discretos interrumpieron el momento. Megan se detuvo a unos metros, como si no quisiera interrumpir.

Aioros se volvió hacia ella. Su mirada se suavizó.

—A ti también... gracias.

—¿Yo?— replicó Megan, un poco incómoda, ladeando la cabeza—. No lo hice por ustedes. Lo hice por que era lo correcto.

—No importa por qué lo hiciste-respondió Aioros—. Lo hiciste. Y eso cambió todo. Sin ti, muchos de nosotros seguiríamos en la oscuridad.

Megan bajó la mirada, algo tensa, casi ruborizada.

—Todavía no me acostumbro a esto... a que me agradezcan. Antes todos querían matarme.

Valen sonrió, acercándose y poniéndole una mano en el hombro.

—Eso es lo que hace una redención verdadera. Nadie la espera. Pero cuando ocurre... nos cambia a todos.



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En el texto hay: saintseiya, mitologia dioses heroes, diosesgriegos

Editado: 30.10.2026

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