(Inicio de escena retrospectiva.
Momentos después de que el hechicero Ymn es derrotado por Grigore y la hechicera Kéilan)
Mientras Grigore, Kéilan, Volker y Emil están conversando, Ymn está encadenado e inmovilizado, acostado en el pasto. Está pensando en la manera de escapar, cuando es tragado por un agujero negro que se abre justo abajo de él. Ese mismo agujero se cierra instantes después, justo un segundo antes de que el trío voltee hacia atrás.
—¡Maldita sea! ¡Hijo de su perra madre! —exclama Grigore todo furioso.
—¡¿Escapó?! ¡¿Cómo demonios escapó de mis cadenas?! —pregunta Kéilan, sorprendida y enojada.
—Daré un vistazo. No debería de estar lejos —expresa Gyula antes de elevarse decenas de metros en el aire.
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La paz de un bosque se interrumpe de golpe (literalmente de golpe), porque el mago Ymn acaba de aparecer justo en medio de la arboleda, cayendo a través de un agujero negro que apareció a un escaso metro del suelo; sigue encadenado e inmovilizado. Por fortuna ha caído acostado. El pasto ayudó para amortiguar su caída, aunque sea un poco. El agujero negro se esfuma tan rápido como apareció.
—¡Ouch! ¿Qué carajos acaba de pasar? Yo no hice nada —comenta el hechicero carmesí confundido mientras da un vistazo alrededor, agregando con algo de preocupación—. Si estoy en Piud estoy en grandes problemas. Me atraparán y enviarán de regreso a esa polvorienta celda. Bueno, por lo menos mi amigo Sly podrá…
—No te confíes de más, mago carmesí. Te ofrecí mi ayuda, mas eso no significa que te ayudaré a escapar si te encierran de nueva cuenta —dice una voz masculina, interrumpiendo el soliloquio de Ymn.
El malvado mago voltea, descubriendo a otro paria y conocido. Es un hombre anciano, calvo y con una barba blanca, larga, angosta y sin bigote. Sus cejas son finas. Viste una larga capa gris oscura, lo que impide ver el resto de la ropa; la prenda de vestir incluye una capucha, la cual cuelga hacia atrás. Una cuerda café claro hace la función de cinturón. En los pies lleva unas simples sandalias. Pareciera que es un fraile. No lo es. Utiliza un largo bastón liso para moverse.
Bajo su brazo izquierdo lleva un libro grande con encuadernado café oscuro. Hay un enorme rombo rojo en la portada y contraportada; tal parece que es una piedra pulida.
—Uuuhmn. ¿Energía yaerp de color violeta? Eso sí que es nuevo. Esa niña sí que ha entrenado duro en estas semanas —susurra el anciano de larga barba mientras mira hacia un lado, caminando a un lado de su amigo inmovilizado.
—¿Qué? ¿Dijiste algo Sly? —pregunta Ymn, volteando hacia todos lados, tratando de encontrar a su amigo.
Tal y como lo acaba de decir el antagonista, el segundo hechicero malvado se llama Sly {Eslai}.
—Nada nada. Son pensamientos propios que no te incumben —dice Sly de manera indiferente, extendiendo su mano abierta hacia la cadena violeta, invocando un haz de energía negra.
De un segundo al otro los eslabones desaparecen después de una efímera explosión de luz blanca, permitiéndole a Ymn ponerse de pie con ayuda de su bastón personal.
—Muchas gracias, colega. ¿Cuál es el nuevo plan? —pregunta emocionado el mago carmesí, acercándose con su paria.
—Uno que no te incluye. Puedes divertirte, pasear o practicar tus habilidades arcanas; estás oxidado después de pasar tantos meses encerrado —comenta Sly con seriedad después de voltear con su aliado.
—¡¿Queeé?! Vamos colega. Solo fue un pequeño error. De seguro hubiera ganado si esa mocosa y ese caballo alado no se hubieran metido en la pelea. No sabía que ese gitano Rudolf también gozaba de tener poderes mágicos, la verdad son demasiado pobres comparados con los míos. Dame otra oportunidad camarada Sly. Estoy seguro de que puedo acabar con ese romaní estorboso si me das un ejército completo de tus leales demonios negros —asegura Ymn con mucha determinación.
Antes de decir lo siguiente, Sly realiza una lenta respiración profunda mientras cierra los ojos y comienza a caminar alrededor de su amigo.
—Ymn. Apenas un par de días atrás te entregué a más de cien hombres dispuestos a morir, un campamento completo de tiendas y una parte de mis súbditos negros. Fueron casi doscientos ladrones, asesinos y malhechores, tanto de Ítkelor como de tierras vecinas. Me tomó semanas de viajes y montones de dinero conseguir todo eso. ¿Dónde quedaron esos hombres, Ymn? —inquiere Sly con molestia, deteniéndose justo al lado del otro hombre.
Ymn voltea e intercambia miradas con el anciano, mas no pronuncia palabra alguna.
—Las tiendas no me interesan para nada. Telas y soportes que ya no utilizaré. ¿Dónde está el ejército que te conseguí, colega Ymn? —pregunta Sly por segunda vez, prevaleciendo el tono decepcionado y enojado en su voz.
Ymn se niega a contestar, mostrando un rostro molesto.
—Exacto. Lo has perdido —responde el mago anciano con aparente felicidad, retomando sus pasos tranquilos alrededor del hechicero Ymn, diciendo otras palabras—. Lo curioso del asunto, es que todos ellos fueron derrotados por tres héroes menores mucho menos poderosos que ese tal gitano Rudolf. Estoy algo decepcionado de ti, amigo Ymn, sin embargo, tienes que entender que hay que reevaluar la situación. Sí hay otro plan, pero este no te incluye. Te tomaré en cuenta si este nuevo plan falla, por lo mientras, entrena o distráete —dice Sly, empezando por alejarse con pasos tranquilos.
—Te puedo ayudar mientras tanto, ya sea para espiar o para cons… —trata de opinar Ymn al tanto que alcanza a su camarada, cuando es interrumpido de nueva cuenta.
—Ymn, Ymn, Ymn. ¿De verdad quieres obtener a la reina Zelinda para ti solo? Recuerda que también te prometí a la reina Leonora. ¿Quieres que se conviertan en tus esposas y esclavas? —pregunta Sly con seriedad, deteniéndose y volteando con el hechicero carmesí.
—Por supuesto que sí, pe…
—Nada de peros ni objeciones. Confía en mí. Ya te buscaré para el siguiente plan, o para darte buenas noticias si tengo éxito —promete Sly.
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Editado: 16.09.2026