(Inicio de escena retrospectiva.
Minutos después de que acabe la fiesta en el bosque Piim-Asud)
Narradora omnisciente: Doña Agripina Petronila Gervasia
Todos en el bosque se han ido a dormir, ya cansados de platicar, bailar y reír.
Todos… excepto la reina Zelinda. Ella camina por entre los árboles, al parecer buscando algo en especial… mejor dicho, buscando a alguien en especial.
—Diosa Qephif, diosa Qephif. ¿Dónde está? Quiero hablar con usted —susurra ella mientras voltea hacia todas direcciones, deteniéndose de vez en cuando.
Faltan muchos minutos para el alba, así que no hay ninguna luz que ayude a la reina ninfa en su búsqueda. Ella podría invocar un poco de luz en una de sus manos y así obtener su propia linterna improvisada, mas no quiere llamar la atención de algún plebeyo cercano.
—Diosa Qephif. Por favor —llama Zelinda durante otros minutos, mas no hay respuesta.
Solo hasta que la reina llega a las cercanías del borde Este de Piud, obtiene la respuesta que quería.
—Calma Zelinda. Cálmate. Ya estoy aquí.
Es lo que expresa una voz femenina cercana. Zelinda se detiene, poniendo más atención al frente, observando como una sombra sale de atrás de un árbol cercano. La oscuridad persistente impide que la reina ninfa distinga a la visitante; por fortuna para ella, una tenue luz amarilla verdosa emana del cuerpo de la visitante, quien resulta ser la deidad tan solicitada.
Su nombre es Qephif {Kepif}. Su aspecto combina elementos de diferentes animales: cuerpo de zorra antropomorfa de pelaje rojizo con una franja ancha y negra que recorre toda su espalda, aparte de un blanco en su rostro y parte de sus pechos grandes (copa D). En sus antebrazos (desde el codo hasta la punta de sus dedos) y piernas (desde la rodilla hasta los dedos de sus pies), su pelaje cambia por cientos de pequeñas escamas, que cambian de color a según la perspectiva donde se contemplan: pueden ser azules rey, violetas o verdes oscuras. Su cola es de un cocodrilo, larga y llena de escamas negras. Aparte de sus orejas de zorro, tiene un par de grandes y largas antenas de abeja, junto con un par de cuernos pequeños de antílope. Tiene cabello humano largo, rizado, color verde azulado. Los iris de sus ojos son amarillos, con pupila verde oscuro y esclerótica rosa. Esta deidad adolescente usa un par de prendas de vestir sencillas para cubrir su busto y partes íntimas (un sujetador rudimentario y un taparrabos).
—Gracias a Jehová que la encontré, diosa Qephif —dice ella mientras se acerca con la diosa, quien mide lo mismo que ella (un metro y setenta centímetros).
—¿Qué haces despierta tan tarde? Deberías de estar descansando junto a tu familia —comenta algo perpleja la deidad antropomorfa, sujetando con delicadeza las manos de la reina ninfa.
—Lo siento, pero no podía dormir. Necesito que me guíe, necesito de su autorización —responde Zelinda al parecer preocupada.
—¿Autorización? ¿Autorización para qué? —indaga Qephif más desconcertada que antes.
—Para intervenir con los poderes de Rudolf. Ya por fin despertó una pequeña porción de su legado; puedo hacer despertar todo su verdadero potencial. Sé que puedo hacerlo, aunque sí necesitaré la ayuda de mi esposo y amiga Leonora. Pensaba realizarlo mañana temprano, pero me acordé de que primero tengo que ped…
—Ay Zelinda —expresa Qephif con pesar, soltando a la reina y alejándose un par de pasos hacia atrás.
—Por favor querida diosa. Necesitamos protección, ¿o acaso ya se extinguió la amenaza que me advirtió años atrás? Estoy segura de que no se refería al regreso del odioso Ymn. ¿Ya no hay que preocuparse? —pregunta Zelinda ya angustiada.
—La amenaza sigue rondando por las tierras vecinas, tienen que permanecer atentos —advierte Qephif con mucha seriedad.
—Entonces le suplico que me deje despertar el verdadero potencial arcano del líder gitano Rudolf.
—Ya lo hemos hablado, Zelinda; aunque sigas insistiendo durante los siguientes días, la respuesta no va a cambiar: ya no tienes permitido interferir en las habilidades mágicas de Alb… quiero decir de Rudolf. Las alhajas mágicas que te entregué y que le regalaste al gitano líder, es la única ayuda que va a recibir de tu parte para despertar una pequeña porción de su verdadero poder dormido. Los únicos que deben de liberar todo el poder dormido en Rudolf son sus padres, nadie más —asevera la diosa antropomorfa con mucha seriedad.
—¡Su padre y madre murieron muchos años atrás, antes de que usted me dijera toda la verdad sobre él! ¡¿Me está tratando de decir que todo es en vano?! ¡¿Que hagamos lo que hagamos Rudolf no nos salvará?! ¡¿Que él morirá igual que su legado ancestral y divino?! —pregunta y grita la reina ninfa ya desesperada, sin importarle despertar a cualquier súbdito cercano y arruinar esta reunión sagrada.
—Cálmate Zelinda, cálmate. Sé que quieres cuidar de todos, y me refiero a tu familia y a tus súbditos, junto con los amigos que viven dentro y fuera de este territorio sagrado. Esa no es tu labor. No es tu obligación. Te estás apropiando de cargas que no te corresponden. Solo cuida de tu familia y procura el bien para la grey que vive en este bosque —asegura Qephif con voz serena.
—¡Eso es lo que estoy tratando de hacer! ¡He cumplido esa labor a la perfección durante estos miles de años, desde el primer día que me dio la vida y me encomendó esa misma responsabilidad! ¡Lo intento, pero es difícil hacerlo cuando sabes que alguien o algo te quiere hacer daño y no sabes nada de tal amenaza! —responde Zelinda con gritos y angustiada.
Qephif se queda callada unos segundos, para después extender una de sus manos-garras hacia delante, extendiendo los dedos. De un segundo al otro, la palma de Qephif empieza a irradiar un tenue brillo azul claro, proyectando esa luz sobre el cuerpo de la reina ninfa, sobre todo en su rostro. Zelinda cierra los ojos y empieza a respirar de manera profunda, se tranquiliza poco a poco, hasta llegar a una serenidad total; abre los ojos, observando los alrededores para cerciorarse de que nadie los espía. Por fortuna no hay nadie. Tal parece que sus gritos no han interrumpido los agradables sueños de la grey.
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Editado: 16.09.2026