Madre a la fuerza

Capítulo 2 — No eres mi tipo

Ethan

Levanté la vista del informe al escuchar un carraspeo.

James tenía esa sonrisa que solo aparecía cuando encontraba algo con lo que tocarme las narices durante las próximas semanas.

—¿Te ha dicho que no? —preguntó de forma socarrona.

—¿Perdón? —Dejé el bolígrafo sobre la mesa y lo miré con seriedad—. ¿No tienes trabajo?

—Muchísimo. Pero esto es más interesante.

—Entonces quizá debería revisar tu sueldo.

—Y yo quizá debería llamar a Recursos Humanos y preguntar si amenazar a un empleado por interesarse en la vida sentimental de su jefe entra dentro de sus competencias.

—Hazlo. Te paso el número.

Se echó a reír y ocupó la silla frente a mi escritorio sin que nadie lo hubiera invitado.

Llevábamos siendo amigos desde la universidad y trabajar juntos había demostrado dos cosas: que era uno de los mejores directores de operaciones que podía tener y que jamás conseguiría que me tratara con el respeto que merecía mi cargo.

—Vamos, Ethan. No me jodas. —Se inclinó hacia delante—. ¿Blair Northcliff te rechazó? —insistió.

Por unos breves segundos bajé la vista al informe. Luego, en medio de un suspiro, le contesté:

—Le propuse cenar.

—Y te rechazó.

—Tenía otra reunión.

—Eso no es un no. —Volví a mirar los documentos que tenía delante y pasé una página.

—Dijo literalmente «no».

—¡Joder! —James soltó una carcajada.

—¿Ya has terminado?

—No. Necesito disfrutarlo un poco más.

Lo ignoré. O al menos eso intenté, pero no pude. En especial porque la imagen de Blair Northcliff abandonando aquella sala llevaba varias horas apareciendo en mi cabeza con una frecuencia irritante.

No era el rechazo lo que me causaba fastidio. Había mujeres que me habían dicho que no antes. Eran pocas, pero las había. Lo que me molestaba era la forma en que lo había hecho. Como si hubiera sabido qué clase de hombre era después de cuarenta minutos en una reunión.

«Un hombre muy acostumbrado a que la gente diga que sí», dijo, y luego había salido de allí sin mirar atrás.

Bueno, para ser totalmente sincero, sí había mirado. Una vez…

—Es guapa —comentó James.

—Mucho.

—Ah… —Levanté la mirada.

—¿Qué?

—Nada. Pensaba que fingirías que solo te interesaba Lumis.

—Lumis me interesa.

—Y su dueña.

—También. —Fui honesto, no veía ningún motivo para negarlo porque Blair era preciosa.

Tenía el cabello oscuro, unos ojos que parecían evaluar constantemente lo que tenía delante y una boca que, por lo visto, disfrutaba diciéndome cosas desagradables. Además, sabía perfectamente lo que hacía. Eso último era bastante más raro que una cara bonita.

—¿Vas a volver a invitarla?

—No. —James me estudió.

—¿Te rindes?

—No persigo mujeres que no quieren salir conmigo.

—Qué decepción. Pensaba que al menos mandarías quinientas rosas.

—¿Para qué?

—No sé. Los ricos hacéis cosas raras. —Lo miré en silencio.

—Cierto. Tú cobras el salario mínimo. —contrataqué.

—Prácticamente.

Mi teléfono vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Rebecca, responsable del departamento de estrategia.

📱Aurora. Lista definitiva confirmada. Lumis está dentro.

Sonreí y James lo vio.

—Esa cara no me gusta —dijo con expresión sombría.

Le pasé el teléfono y, luego de leer el mensaje, su sonrisa regresó.

—Mmm… Esto se pone interesante.

—Mucho —acoté sin mostrar más de lo que quería, porque esa mujer me parecía sumamente interesante y no tenía pensado rendirme tan fácil.

El Proyecto Aurora llevaba meses rondando los despachos de las principales empresas tecnológicas del país. Un contrato enorme para desarrollar una nueva generación de sistemas integrados destinados a seguridad, comunicaciones y dispositivos inteligentes.

No era únicamente dinero. Quien consiguiera Aurora ganaría prestigio, contratos derivados y una posición privilegiada durante los siguientes años.

Blackwell's llevaba meses preparándose, y ahora Lumis estaba oficialmente dentro.

—Son pequeños —comentó James.

—Eso no significa que sean malos.

—No he dicho eso.

—Lo estabas pensando.

—Tienen solo tres años en el mercado, no son competencia para nosotros.

—No los subestimes, James. Acaban de presentar delante de doce ejecutivos una solución que el equipo interno calculó en siete meses y Northcliff asegura poder entregar en cinco.

—Te ha impresionado —murmuró, apoyando el teléfono sobre la mesa.

—Sí.

No me costaba reconocer cuando alguien era bueno. Precisamente por eso quería ganar, porque era sumamente competitivo y me encantaban los retos.

—Entonces esto no tiene nada que ver con que te haya mandado a paseo. —Lo miré.

—Absolutamente nada.

—Claro.

—James —advertí, comenzando a irritarme.

—No he dicho nada. —Se levantó todavía sonriendo—. Voy a trabajar en Aurora.

—Para eso te pago. —Llegó a la puerta y, sin poder ocultar su personalidad, dijo:

—Por cierto… A mí sí me parece tu tipo.

—¿Qué? ¡Fuera! —gruñí más fuerte de lo que deseaba.

Su carcajada quedó flotando después de que cerrara.

Volví a mirar el informe. Lumis Technologies. Había investigado la empresa antes de aquella reunión. Blair había empezado prácticamente desde cero. Poco capital. Ningún gran grupo respaldándola. Ningún inversor importante. Eso resultaba especialmente curioso teniendo en cuenta su apellido, porque los Northcliff no eran precisamente desconocidos. Su familia llevaba años moviendo cantidades importantes de dinero en el sector inmobiliario entre Reino Unido y España. Sin embargo, Blair no parecía tener ninguna relación empresarial con ellos.

Lumis era suya. Solo suya. Y aquello me despertaba todavía más curiosidad.

Abrí el dossier del Proyecto Aurora. Pasé varias páginas hasta llegar a la competencia. Ocho empresas. Cuatro realmente peligrosas. Blackwell's Technologies aparecía como favorita. Lumis estaba bastante más abajo sobre el papel.




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