Madre a la fuerza

Capítulo 21 — Una cita para seis

Blair

Hay decisiones que una toma convencida de que son perfectamente razonables.

Vender una empresa después de siete años rechazando ofertas, por ejemplo.

Mudarse de Madrid a Tarragona con cuatro niños, un gato sin pelo y una cantidad indecente de equipaje. O aceptar una segunda cita con el hombre que había intentado comprar tu empresa durante casi una década.

Lo que nunca había contemplado era combinar las dos últimas. Y, sin embargo, allí estaba, un sábado por la mañana, mirando a mis cuatro sobrinos mientras desayunaban y preguntándome si había perdido definitivamente el juicio.

—Tía Blair, Zuli ha metido una galleta en mi leche. —Anouk señaló su vaso con la indignación de quien acababa de descubrir un delito financiero.

—¡Era para que nadara! —se defendió su hermana.

—Las galletas no nadan.

—¡Esta sí! —Miré el vaso. La galleta flotaba a medias, en un estado que no auguraba un desenlace feliz.

—Zuli, cariño, las galletas no necesitan clases de natación.

—Pero estaba aprendiendo.

—Pues me temo que ha suspendido.

Millie soltó una carcajada. El pequeño Ethan, que llevaba varios minutos intentando alimentar a Nilo con un trozo de plátano, aprovechó la distracción para lanzar otro al suelo.

Nuestro gato lo olfateó, retrocedió y me dirigió una mirada profundamente ofendida como queriendo decir: «Esta porquería te la comes tú».

—Lo sé, Nilo. Tampoco es mi desayuno favorito.

Marta había salido el viernes por la tarde para pasar el fin de semana con su familia. Se lo merecía. Llevaba semanas ayudándome a mantener una casa que, dependiendo de la hora, podía parecer un hogar acogedor o el escenario de una evacuación precipitada.

Antes de marcharse, había dejado comida preparada, la ropa de los niños organizada y tres recomendaciones.

La primera: no intentar hacerlo todo sola.

La segunda: recordar que las manchas de tomate salen mejor si se tratan antes de secarse.

La tercera: disfrutar.

De las tres, la segunda era la única que me parecía relativamente sencilla.

Mi teléfono vibró sobre la encimera.

Ethan Blackwell.

Sonreí antes de poder evitarlo.

Buenos días, Northcliff. Necesito confirmar si nuestra segunda cita sigue en pie o si debo resignarme a que me plantes por segunda vez en siete años.

Leí el mensaje dos veces. Era una costumbre reciente que me estaba empezando a preocupar.

No exageres. Durante siete años rechacé tus ofertas comerciales. Es completamente diferente.

Su respuesta llegó enseguida.

Para mi ego, la distinción es mínima.

Me apoyé contra la encimera.

Habíamos hablado de volver a vernos cuando él regresara a Barcelona. Lo que no habíamos concretado era qué hacer con mi pequeña unidad de operaciones especiales. Y el problema no era encontrar a alguien que cuidara de los niños. El problema era que no quería hacerlo.

Marta tenía derecho a disfrutar de su familia. Yo había decidido asumir la responsabilidad de los cuatro y no pensaba organizar mi vida de manera que siempre necesitara apartarlos para tener una cita. Y yo tampoco estaba obligada a presentarles a un hombre con el que apenas había cenado una vez.

Suspiré.

Era extraordinario. Había negociado contratos internacionales con menos dudas que las que me provocaba un simple almuerzo.

Hay un pequeño inconveniente, escribí.

¿Pequeño de verdad o pequeño según tus criterios?

Cuatro acompañantes.

Pasaron varios segundos.

¿Cuatro?

Seis, cuatro, tres y dos años. Y una capacidad de negociación que haría llorar a tu departamento jurídico.

Esta vez tardó un poco más.

Blair, ¿me estás invitando a conocer a los niños?

Miré hacia la mesa.

Anouk intentaba rescatar su galleta con una cuchara. Zuli aseguraba que todavía estaba viva. Millie había empezado a quitarle los trozos de plátano al pequeño Ethan, que protestaba porque alguien estaba robándole su munición.

Esta era mi vida. Caótica, agotadora y absolutamente mía.

Te estoy ofreciendo la posibilidad de cancelar antes de que sea demasiado tarde.

El teléfono sonó.

Su nombre apareció en la pantalla.

Contesté.

📞Buenos días, Blackwell.

📞Buenos días. Antes de que sigamos, necesito aclarar algo.

📞Adelante.

📞¿Los cuatro niños vienen incluidos en la cita o tengo que negociar sus condiciones por separado?

Me reí.

📞Depende. ¿Tienes experiencia negociando con una niña de cuatro años?

📞Dirijo varias empresas.

📞Entonces no tienes ninguna.

📞Empiezo a sentirme injustamente infravalorado.

📞No sabes lo que te espera.

Escuché su risa al otro lado.

📞Blair, me encantaría conocerlos.

La sencillez con la que lo dijo me dejó sin respuesta durante un instante.

📞No tienes que hacerlo —aclaré—. Podemos dejarlo para otro fin de semana. Marta está con su familia y no pienso molestarla.

📞No me estás obligando a nada.

📞Son cuatro niños, Ethan. No una pareja de sobrinos tranquilos que se entretienen coloreando mientras los adultos conversan.

📞¿Y quién te ha dicho que espero eso?

📞Tengo la obligación moral de advertirte.

📞Advertencia recibida.

📞Millie hace preguntas.

📞Me gustan las preguntas.

Sonreí.

Pobre hombre.

📞No sabes lo que acabas de decir.

📞¿Y los demás?

📞Anouk te observará como si estuviera evaluando una solicitud de empleo. Zuli probablemente te preguntará por tu castillo. Y el pequeño Ethan intentará comerse algo de tu plato.

📞Puedo compartir mi comida.




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