Blair
Hay una diferencia importante entre dirigir una empresa y dirigir una familia.
En una empresa, cuando alguien incumple las normas, puedes convocar una reunión, revisar los procedimientos y establecer medidas correctivas.
En una familia, cuando alguien incumple las normas, puede mirarte directamente a los ojos mientras introduce una galleta en el reproductor de DVD.
—Ethan. —Mi sobrino levanta la cabeza.
El mocoso tiene dos años, una sonrisa angelical y media galleta en la mano. Me mira con esos ojos claros que me desarman haciéndose el desentendido.
—¿Qué estás haciendo?
—Comida.
—Ya veo que es comida, cariño. Lo que no entiendo es por qué intentas alimentar al aparato.
Señala la ranura y dice:
—Tiene hambre.
Contemplo el reproductor y después, al niño. Me doy un golpe mental...
—Es una explicación razonable, pero me temo que no funciona así. —Ethan frunce el ceño.
—Hambre.
—Lo sé. Pero los aparatos electrónicos no comen galletas.
Me observa durante unos segundos y después se mete el trozo que le queda en la boca.
Problema resuelto. O eso creo... Hasta que descubro que ya ha conseguido introducir otro.
—¡Marta! —i voz tiene ese tono que antes reservaba para las reuniones con el departamento financiero.
—¿Sí?
—Necesitamos revisar el protocolo de seguridad de los electrodomésticos.
La mujer aparece desde la cocina, mira el reproductor, mira a Ethan y suspira.
—¿Otra vez? —Me vuelvo lentamente.
—¿Cómo que otra vez?
—Ayer intentó darle un plátano al router. —Cierro los ojos.
—Estamos criando a un terrorista tecnológico.
—Tiene dos años, Blair.
—Precisamente. Imagina lo que hará cuando aprenda a utilizar un destornillador.
Marta se ríe.
Desenchufo el aparato antes de intentar retirar la galleta.
Nilo, instalado sobre el respaldo del sofá, contempla la escena con una superioridad moral que considero ofensiva.
—No me mires así —le advierto—. Tú intentaste dormir dentro de la impresora.
Maúlla.
—Exactamente. Aquí nadie está libre de antecedentes.
***
La segunda semana de colegio comienza con una noticia que debería alegrarme.
Anouk ha hecho una amiga. Una amiga de verdad. De esas que comparten secretos, se buscan durante el recreo y consideran que sentarse juntas en clase es un asunto de importancia diplomática.
Se llama Lucía, tiene seis años, le gustan los animales y, según Anouk, posee la mochila más extraordinaria jamás fabricada.
—Tiene tres cremalleras escondidas —me explica durante el desayuno.
—Impresionante.
—Y un bolsillo para guardar cosas secretas.
—Espero que no sean documentos clasificados.
—¿Qué son?
—Papeles que no puede ver cualquiera. —Anouk reflexiona.
—Como mi diario.
—Exactamente.
—Pues Lucía tiene uno.
—¿Un diario?
—No. Un bolsillo. —Asiento.
La conversación avanza con una lógica impecable.
—Y me ha invitado a su cumpleaños. —sigue diciendo.
Levanto la vista.
—¿Ah, sí?
—El sábado.
—Qué bien.
—Y tengo que llevar un regalo.
—Naturalmente.
—Y tú tienes que venir.
—¿Yo?
—Sí.
—¿A la fiesta?
—Sí.
—¿No es una fiesta infantil? —Anouk me mira como si acabara de preguntar si el agua moja.
—Tía Blair, soy infantil. —Marta suelta una carcajada.
—Un argumento sólido —murmuro.
—Su mamá dice que los padres pueden quedarse —añade Anouk.
Ahí está. Esa palabra: «Padres». No parece haberla pronunciado con tristeza. Simplemente forma parte de la explicación.
—Entonces iré contigo —respondo.
Su sonrisa ilumina la cocina.
—¡Bien! —exclama y vuelve a sus cereales.
Como si no acabara de conseguir que yo aceptara voluntariamente asistir a una reunión social con desconocidos.
Empiezo a sospechar que esta niña tiene más talento para la negociación que yo.
A media mañana, Adrián solicita una llamada. La acepto mientras reviso los últimos cambios de Atlas.
📞Buenos días, Vanta.
📞Eso dependerá de lo que vayas a contarme. —Se ríe.
📞¿Siempre empiezas las conversaciones así?
📞Solo cuando alguien me llama antes de la hora acordada.
📞Son las diez y cinco.
📞Nuestra reunión era a las diez y media.
📞Tienes razón. Disculpa. ¿Prefieres que vuelva a llamar? —Sonrío. Por lo menos sabe reconocer un error.
📞Ya estamos aquí. Adelante.
📞Quería avisarte de que el propietario del grupo vendrá la próxima semana.
Observo el calendario.
📞¿Y eso afecta a nuestro trabajo?
📞No directamente. Quiere revisar el progreso y conocer los próximos hitos.
📞Entonces podrás explicárselos.
📞Por supuesto.
📞Magnífico. Problema resuelto.
Adrián guarda silencio. Un silencio demasiado significativo.
📞¿Qué ocurre? —pregunto.
📞Le haría ilusión saludarte. —Levanto una ceja.
📞¿Al propietario?
📞Llevaba años intentando contratarte.
📞Eso me han dicho.
📞Y ahora que por fin estás trabajando con nosotros…
📞Adrián.
📞¿Sí?
📞¿El contrato incluye reuniones sociales con personas que sienten curiosidad por mí?
📞No.
📞Entonces seguimos teniendo un problema resuelto. —Se ríe.
📞Tenía que intentarlo.
📞Y yo tenía que negarme.
📞Justo.
Revisamos los avances.
El equipo ha empezado a corregir los procesos de sincronización y las primeras pruebas muestran mejoras, aunque todavía quedan errores que requieren atención.
No es un proyecto sencillo y por eso me interesa.
📞El informe estará listo el jueves —le confirmo—. Podrás presentarlo durante la visita.
📞Perfecto.
📞Y recuerda que las fechas no son orientativas.
📞Lo sé.