Pentrix "El despertar de las semillas"

Capítulo 63. El segundo jardín. Parte 1

Amanece. La carretera ha sido despejada; la pesada maquinaria liberó el camino y las personas que habían quedado varadas suspiran aliviadas. Comienzan a abordar los transportes que los llevarán a sus distintos destinos.

Pentrix sube al autobús. Avanza por el estrecho pasillo, observando a los pasajeros ya acomodados en sus asientos. Finalmente encuentra el suyo, acomoda la mochila y se sienta. Mira por la ventanilla: la ciudad queda atrás.

Por los altavoces, la voz del conductor anuncia: —El viaje comenzará dentro de unos momentos.

Pentrix se acomoda, tranquilo. Pero entonces, dos pasajeros suben a último momento. Uno de ellos se sienta a su lado. Pentrix voltea… y la reconoce.

Es Valkery, vestida con ropa civil.

Del otro lado, en el asiento contiguo, está Anthony, el Evo que Pentrix ayudó durante el intento de secuestro.

Pentrix, incrédulo, finge no conocerlos.

—¡Heeeeyy! —dice Valkery, algo irritada—. No finjas que no nos conoces. Te acompañaremos.

Pentrix se gira, confundido. —¡De ninguna manera!… ustedes están locos. Además, no saben a dónde voy.

Valkery solo sonríe, disfrutando la incomodidad del chico.

E chico intenta levantarse, pero justo en ese momento el autobús comienza a moverse.

Anthony lo observa con una enorme sonrisa. —También te acompañaré —dice con entusiasmo.

El autobús se incorpora a la carretera principal. El viaje ha comenzado.

Dentro del vehículo, Pentrix está resignado. Suspira al ver que Valkery y Anthony han decidido acompañarlo por una razón que aún no comprende.

—Oye, ¿cuál es tu nombre? —pregunta Anthony.

—Pentrix —responde él, sin apartar la vista de la ventanilla.

—¡Qué increíble! —exclama Anthony desde el otro lado—. Es un nombre tan cool. Aunque… aún no tengo nombre en clave.

Valkery le hace señas para que cierre la boca.

Pentrix permanece callado, observando el paisaje que se despliega más allá del cristal. Valkery intenta romper el silencio.

—Llegaremos en tres horas a la próxima ciudad. —Bajaré una estación antes —dice Pentrix, sin cambiar el tono.

Valkery se ríe, pensando que es una broma. Pero al ver la seriedad en su rostro, su expresión cambia. —No hay nada ahí —dice, preocupada—. Solo es una estación de paso. No hay ninguna población cercana. Solo campo.

Pentrix sonríe, viendo la cara de preocupación de Valkery.

A lo lejos, el autobús llega a la antepenúltima estación. Se detiene por un momento. Solo ellos tres bajan. El autobús vuelve a moverse y se pierde en la lejanía. El sonido del motor se aleja, como si el mundo urbano quedara atrás.

Pentrix cruza la carretera, rumbo al campo abierto que se extiende frente a él. Solo naturaleza, árboles y colinas lo rodean.

Valkery y Anthony lo siguen, extrañados. —¿A dónde vamos? —pregunta Valkery, confundida.

Pentrix sonríe, disfrutando de su expresión. —Haremos un campamento a unas horas de aquí. Luego iré por mi objetivo.

—¿Objetivo? —repite ella—. No hay nada acá. Solo es un páramo desolado en medio de la nada.

Anthony, completamente emocionado, exclama: —¡Mi primera misión! ¡Qué bien!

El trío avanza por el terreno, siguiendo veredas rodeadas de árboles y vegetación silvestre. El paisaje se vuelve más denso, más silencioso. Finalmente, llegan a un pequeño claro bajo un árbol solitario.

—Aquí acamparemos —dice Pentrix.

Valkery y Anthony, exhaustos, se dejan caer al suelo. Respiran profundamente, recuperándose del largo y sinuoso camino.

Valkery se incorpora. Saca un plano de su mochila y comienza a revisarlo con atención.

Pero no encuentra nada. Ni rutas. Ni poblaciones. Ni marcas. Solo vacío.

Aunque desconfía, sabe que Pentrix está ahí por alguna razón.

Anthony se aleja del claro, buscando leña y ramas para encender fuego. Valkery comienza a sacar algunos alimentos de su mochila, organizándolos con cuidado.

Pentrix se aparta unos metros, recorriendo el perímetro para asegurarse de que el lugar sea seguro.

Después de un rato, Anthony regresa con suficiente leña. Hace una pequeña fogata y, de su mochila, saca algunos utensilios de cocina. Valkery le pasa los alimentos.

Pentrix vuelve. —El lugar es seguro —dice, con tono tranquilo.

—¿Y ahora qué haremos? No hemos venido a tocar la guitarra junto a la fogata —pregunta con ironía Valkery.

—Esperar al anochecer —responde Pentrix.

Anthony, mientras acomoda la leña, comenta: —Oigan, sé que están ocupados, y no quiero molestarlos pero… aún no tengo un nombre en clave.

Pentrix lo mira, extrañado. —¿Nombre en clave? ¿Para qué quieres uno?

—Pues si vengo con ustedes a esta misión, al menos debería tener un nombre en clave —insiste Anthony.

Valkery se ríe del chico. —Tu nombre en clave es “Ebrio problemático”.

Anthony frunce el ceño, ofendido.

Pentrix interviene. —¿Cuál es tu poder?

—No alientes a este tonto, ya bastante tengo con sacarlo de problemas —murmura Valkery.

Pero Anthony se pone de pie, algo molesto. Da un paso firme. Bajo sus pies, la tierra comienza a reaccionar. Se forman patrones, el suelo se reacomoda como si obedeciera su voluntad.

—Wow… —dice Valkery—. Ahora podrás sembrar maíz con mucha facilidad.

Pentrix observa con atención. —¿Qué te parece Ground? —comenta.

—Tengo un amigo que se llama así —responde Anthony—. ¿Qué tal “Soil”? ¿Tierra?

Pentrix asiente. —Soil suena bien —dice, mientras una sonrisa crece en su rostro.

Los tres comen, disfrutando un momento de respiro bajo el árbol del claro. El fuego crepita suavemente, y el aire huele a tierra húmeda y comida caliente.

Valkery mira a Anthony. —¿Por qué te ofreciste a venir conmigo?

Anthony baja la mirada por un momento, luego responde con firmeza: —Esos idiotas —dice, refiriéndose a los cazadores de la corporación— se atrevieron a hacerle daño a mi hermana y a mi mejor amigo. Y juro que les daré la paliza de su vida.




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