Pentrix "El despertar de las semillas"

Capítulo 64. El segundo jardín. 2da parte

Pentrix rodea la instalación.

La noche ha caído por completo. Su traje negro con franjas azul marino lo vuelve indetectable, moviéndose como una sombra entre la maleza y el concreto, evitando la iluminación. Busca una entrada, como lo ha hecho en otras ocasiones.

Finalmente, encuentra un acceso por debajo. Con cuidado, arranca la tapa metálica que lo cubre. El sonido es mínimo, pero el esfuerzo revela que no es la primera vez que lo hace.

Se desliza entre un laberinto de tuberías y conductos de servicio, avanzando con precisión hasta llegar al interior de la instalación. Encuentra una entrada, empuja un poco la tapa y se introduce.

Dentro del cuarto de limpieza, hay algunas batas blancas colgadas. Pentrix toma una, se disfraza, ajusta el cuello, oculta parte del traje debajo y comienza a caminar por los pasillos.

En el interior, solo hay personal trabajando frente a computadoras. El ambiente es silencioso, casi clínico. El avanza sin levantar sospechas.

De pronto, nota a dos investigadores acercándose por el pasillo. A unos metros, una cafetera lanza vapor. Sin perder tiempo Se acerca y comienza a servirse un poco de café en esos vasos térmicos blancos.

Los investigadores llegan hasta él. —Somos los primeros —dice uno de ellos—. Dentro de poco esto se volverá una locura.

Pentrix se hace a un lado, permitiéndoles servirse.

—Vaya que eres suertudo —añade el otro, refiriéndose a Pentrix—. Te tocó la primera taza.

El chico asiente sin hablar y les dedica una sonrisa.

Más investigadores comienzan a acercarse apresuradamente a la cafetera.

Pentrix logra tomar discretamente un pase electrónico del bolsillo de uno de ellos. También se apropia de unas gafas olvidadas sobre una mesa. Ya conoce este tipo de instalación; ha irrumpido en lugares similares en el pasado.

Camina con calma hacia una zona específica, al fondo del complejo. Es el área donde los cazadores llevan a los Evos o Neoevos capturados.

Con la taza de café aún en la mano, el vapor elevándose como una cortina tenue, revuelve un poco su cabello y se coloca las gafas. Su aspecto humano, como siempre, le sirve de camuflaje.

Al llegar a la parte trasera, ve a un cazador colocando a una chica Evo en una jaula transparente. Ella lleva una corona restrictora que anula sus poderes. Pentrix no se dirige a ella. Pasa de largo, sin mirar demasiado.

Sigue caminando. Nota que no hay nadie más capturado.

Fingiendo haber olvidado algo, se regresa.

Esta vez, hay una investigadora dentro, atormentando a la chica. La Evo se mueve, intentando liberarse. El cazador parece haberse ido.

La investigadora sale justo cuando ve a Pentrix acercándose con su taza de café en la mano. —Oye, ¿tú podrías ayudarme un momento? —pide la mujer.

Pentrix se acerca. —Podrías detenerla un momento mientras voy por una jeringa nueva. La aguja se rompió por el forcejeo.

La investigadora sale apresurada.

Pentrix se acerca a la chica. Nota el trozo de aguja aún clavado en su cuello. La mira a los ojos. —Hey… tranquilízate, por favor. Te sacaré de aquí. Pero debes confiar en mí.

Ella lo observa sin comprender del todo. El chico retira la aguja con cuidado.

En ese momento, la investigadora reaparece. Pentrix se inclina hacia la chica y susurra: —Sígueme el juego.

Ella asiente con un leve movimiento de cabeza.

La investigadora llega con una jeringa nueva, llena de un líquido transparente. Pentrix la intercepta con naturalidad. —Yo puedo hacerlo por usted, si gusta. Parece algo cansada… y el café se está acabando.

La mujer sonríe apenas. Pentrix recibe la jeringa. Al darse la vuelta, ella se dirige hacia la cafetera.

El chico aprovecha.

Inyecta a la investigadora con precisión, sometiéndola sin ruido. Le quita la bata, desata a la chica Evo y la viste con ella.

Sin perder tiempo, lanza un haz con su puño hacia un tanque de gases cercano. La explosión sacude el pasillo.

Pentrix levanta a la investigadora inconsciente y sale con la Evo.

Los demás investigadores corren hacia el desastre con extintores en mano. Una alarma contra incendios comienza a sonar. Luces rojas parpadean. El caos se desata dentro de la instalación.

Todo el mundo busca la salida de emergencia.

Afuera, ocultos entre las sombras, Valkery y Soil observan cómo el personal comienza a salir apresuradamente, sin orden alguno. —Esa es la señal —dice Valkery en voz baja—. Prepárate. Yo te aviso.

Aunque nervioso, Soil responde con firmeza: —Y… ya estoy listo.

Adentro, el personal sigue evacuando. Pentrix carga a la investigadora inconsciente y guía a la chica Evo por los pasillos. Pero en la puerta de salida hay varios cazadores, organizando la evacuación.

Antes de cruzar, Pentrix se inclina hacia la chica. —Cerca de aquí hay dos personas esperando, más allá del patio, entre los arbustos. Dirígete hacia ellas. No levantes la cabeza. No mires a los cazadores al salir.

Ella asiente y baja la mirada.

Pentrix queda atrás, cargando a la investigadora.

Al llegar junto a los cazadores, uno de ellos lo detiene.

—¿Qué le pasó? —No lo sé —responde Pentrix con naturalidad—. Solo estaba tirada.

Pero uno de los cazadores lo observa con atención. No lo reconoce como parte del personal. Se acerca, con intención de detenerlo. —¡Hey! ¿Tú quién diablos eres?

Mientras tanto, la chica ya ha salido del complejo. Camina con paso firme, sin levantar la cabeza, rumbo a la zona donde comienza la naturaleza.

Pentrix alza las manos, fingiendo rendirse.

El gesto le da tiempo a la Evo para alejarse sin levantar sospechas. Uno de los cazadores se aproxima con cautela, pero Pentrix reacciona: le da una palmada directa al torso, lanzándolo contra la pared. El impacto lo atraviesa como si fuera papel.

Otro cazador intenta atraparlo, pero Pentrix lo toma como si fuera un muñeco de trapo y lo lanza hacia el exterior.




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