Habían pasado varios días desde nuestra primera pelea.
Y, para mi sorpresa, las cosas entre Preston y yo estaban mejor que nunca.
Ya no escondíamos nuestra relación.
Nuestros amigos lo sabían.
Nuestros compañeros también.
Y, aunque al principio me había puesto nerviosa, ahora me gustaba caminar por los pasillos de su mano.
—Estás distraída —dijo Preston.
—Estoy pensando.
—Eso puede ser peligroso.
Lo empujé suavemente.
—Idiota.
Preston sonrió.
—Pero tu idiota.
—Eso todavía está por discutirse.
—No hay discusión.
Después de clases, Preston me pidió que lo acompañara.
—¿A dónde vamos?
—Es sorpresa.
—Otra vez esa palabra.
—Confía en mí.
Terminamos en el mismo parque donde habíamos tenido nuestra primera cita.
Había una pequeña manta sobre el césped y una cesta con comida.
Lo miré sorprendida.
—¿Preparaste todo esto?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque quería pasar un rato contigo.
Nos sentamos.
Durante un rato hablamos de cualquier cosa.
De la universidad.
De nuestros amigos.
De lo que haríamos después de graduarnos.
Hasta que Preston se quedó callado.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Estoy pensando en el futuro.
—¿Y?
Me miró.
—Me gustaría que estuvieras en él.
Sentí un nudo en el pecho.
—Preston…
—No estoy diciendo que tengamos que saber qué pasará dentro de cinco años.
Tomó mi mano.
—Solo sé que ahora mismo no quiero imaginar mi vida sin ti.
Sonreí.
—Yo tampoco.
Preston entrelazó sus dedos con los míos.
—¿Sabes qué es lo más extraño?
—¿Qué?
—Hace unos meses no podía soportarte.
—Y yo a ti.
—Ahora no puedo pasar un día sin querer verte.
Me reí.
—Eso sí que es preocupante.
—Muchísimo.
Nos quedamos mirándonos.
Esta vez no hubo nervios.
No hubo dudas.
Solo una certeza.
Me acerqué y lo besé.
Cuando nos separamos, Preston sonrió.
—¿Eso fue iniciativa tuya?
—Quizá.
—Me gusta esta versión de ti.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Apoyé la cabeza sobre su hombro.
Por primera vez no pensé en las reglas.
Ni en cómo había empezado todo.
Solo pensé en nosotros.
Emma y Preston.
Dos enemigos que habían terminado encontrando algo que ninguno estaba buscando.
Amor.
Y quizá esa era la razón por la que nuestra primera regla había sido tan fácil de romper.
Porque algunas personas llegan a tu vida para enseñarte que el amor puede aparecer justamente en el lugar donde menos lo esperabas.
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Editado: 30.08.2026