Regla #1: No Te Enamores De Tu Enemigo

Capitulo 21: Demasiado Lejos

La distancia empezó a sentirse diferente después de unas semanas.

Al principio, cada mensaje de Preston conseguía hacerme sonreír.

Ahora miraba el teléfono esperando que apareciera su nombre.

Y algunas veces no aparecía.

No porque no me quisiera.

Simplemente estaba ocupado.

Pero mi cabeza no entendía la diferencia.

—¿Estás bien? —preguntó Sophie.

—Sí.

—Otra vez estás mirando el teléfono.

Lo dejé sobre la mesa.

—Estoy esperando que me llame.

—¿Hace cuánto?

—Una hora.

Sophie suspiró.

—Emma, tiene clases.

—Lo sé.

—Entonces intenta no preocuparte.

Asentí.

Pero era más fácil decirlo que hacerlo.

Esa noche finalmente llegó su llamada.

—Hola —dijo Preston.

—Hola.

—Perdón por tardar.

—Está bien.

—No estás bien.

Guardé silencio.

—Te extraño —admití.

—Yo también.

—Siento que ya no hablamos como antes.

Preston suspiró.

—Lo sé.

—Y tengo miedo.

—¿De qué?

—De que esto deje de funcionar.

Hubo unos segundos de silencio.

—Emma, mírame.

Levanté la mirada hacia la pantalla.

—No quiero perderte.

—Entonces no me pierdas.

—Estoy intentando.

—Yo también.

Preston sonrió ligeramente.

—¿Recuerdas lo que prometimos?

—Que la distancia no podía separarnos.

—Exacto.

—Pero está siendo difícil.

—Sí.

Se quedó callado.

—Entonces tendremos que esforzarnos más.

Sonreí.

—¿Cómo?

—El sábado voy a volver.

Abrí los ojos.

—¿Qué?

—Solo por el fin de semana.

—¿En serio?

—Sí.

Sentí una felicidad enorme.

—¡Preston!

Se rio.

—Quería darte una sorpresa.

—Lo lograste.

—Entonces nos vemos el sábado.

—No puedo esperar.

El sábado por la tarde escuché un coche detenerse frente a mi casa.

Salí corriendo.

Preston estaba bajando del coche.

Nos miramos.

Y en cuanto estuvo frente a mí, lo abracé.

—Te extrañé muchísimo.

—Yo también.

Me levantó ligeramente del suelo y comenzó a reír.

—No vuelvas a irte.

—Tengo que hacerlo.

—No quiero escuchar eso.

—Lo sé.

Nos separamos.

Preston tomó mi rostro entre sus manos.

—Pero voy a volver.

—Prometido.

—Prometido.

Me besó.

Y durante ese momento olvidé las cuatro horas de distancia.

Olvidé los mensajes que no habían llegado.

Olvidé las noches esperando una llamada.

Solo estábamos nosotros.

Cuando nos separamos, Preston sonrió.

—¿Sabes algo?

—¿Qué?

—Ahora entiendo por qué dicen que la distancia hace que extrañes más a alguien.

—¿Por qué?

—Porque ahora te quiero todavía más.

Sonreí.

Quizá la distancia no era fácil.

Pero quizá tampoco significaba el final.

Quizá solo era otra prueba.

Y nosotros todavía teníamos algo por lo que luchar.




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