Regla #1: No Te Enamores De Tu Enemigo

Capitulo 20: A Cuatro Horas De Distancia

El coche de Preston desapareció por la carretera y sentí que una parte de mí se iba con él.

Me quedé allí, mirando hasta que dejó de verse.

Después miré mi muñeca.

La pulsera seguía ahí.

Su pequeña estrella brillaba bajo el sol.

—Voy a estar bien —susurré.

Pero no estaba segura de convencerme.

Las primeras horas fueron extrañas.

Mi teléfono permanecía en mi mano.

Esperaba un mensaje.

Cualquier cosa.

Entonces vibró.

Preston: Ya te extraño.

Sonreí inmediatamente.

Emma: Han pasado veinte minutos.

Preston: Los peores veinte minutos de mi vida.

Me reí.

Emma: Dramático.

Preston: En serio.

Después llegó otro mensaje.

Preston: ¿Llegaste a casa?

Emma: Sí.

Preston: Bien. Llámame esta noche.

Emma: Prometido.

A las diez de la noche hicimos nuestra primera videollamada.

Preston apareció en la pantalla sentado sobre su cama.

—Hola.

—Hola.

Nos quedamos mirándonos unos segundos.

—Esto es raro —dije.

—Mucho.

—Te extraño.

—Yo también.

Sonreí.

—¿Cómo fue tu primer día?

Preston comenzó a contarme sobre su nueva habitación, sus compañeros y la universidad.

Yo le conté todo lo que había pasado en el instituto.

Por un momento, parecía que seguíamos juntos en el mismo lugar.

Hasta que miré el reloj.

—Tengo que dormir.

—Lo sé.

—Mañana hablamos.

—Claro.

Ninguno quería terminar la llamada.

—Emma.

—¿Sí?

—Gracias por esperarme.

Sentí un nudo en la garganta.

—Siempre.

Preston sonrió.

—Te quiero.

—Yo también.

La llamada terminó.

Me quedé mirando la pantalla apagada.

Lo extrañaba.

Muchísimo.

Pero había algo que me hacía sonreír.

Seguíamos siendo nosotros.

Las primeras semanas no fueron fáciles.

Algunos días hablábamos durante horas.

Otros apenas teníamos tiempo.

Preston tenía clases.

Yo tenía exámenes.

Y poco a poco nuestras conversaciones comenzaron a ser más cortas.

Una noche esperé su llamada.

No llegó.

Miré el teléfono.

Nada.

A medianoche recibí un mensaje.

Preston: Perdón. Estuve estudiando. Estoy agotado.

Emma: Está bien.

Preston: ¿Estás enfadada?

Miré la pantalla.

Quería decir que no.

Pero sí lo estaba.

No porque hubiera hecho algo malo.

Sino porque empezaba a sentir que la distancia estaba cambiando nuestras vidas.

Emma: Un poco.

Tardó unos minutos en responder.

Preston: Mañana te llamo. Te lo prometo.

Emma: Está bien.

Dejé el teléfono a un lado.

Por primera vez desde que se había marchado, sentí miedo.

No de que dejara de quererme.

Sino de que nuestras vidas comenzaran a avanzar en direcciones diferentes.

Y que algún día…

ya no hubiera espacio para nosotros.

Miré la pulsera de mi muñeca.

La estrella seguía allí.

Recordándome su promesa.

La distancia no puede separarnos.

Solo esperaba que fuera verdad.




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