Regla #1: No Te Enamores De Tu Enemigo

Capitulo 18: Antes De Irte

Desde que Preston me contó que se iría a otra ciudad, intentábamos aprovechar cada momento juntos.

Y eso hacía que todo se sintiera más especial.

Una tarde caminábamos por el parque cuando Preston se detuvo.

—Tengo algo para ti.

Sacó una pequeña pulsera de su bolsillo.

—¿Qué es?

—Para que tengas algo mío cuando no esté.

Me la colocó cuidadosamente en la muñeca.

Era sencilla, con un pequeño dije en forma de estrella.

—Es preciosa.

—La vi y pensé en ti.

Sonreí.

—Gracias.

Preston tomó mi mano.

—Quiero que recuerdes algo.

—¿Qué?

—Que estar lejos no significa dejar de querernos.

Asentí.

—Lo sé.

—Y tampoco quiero que dejes de vivir tu vida por mí.

—No lo haré.

—Prométemelo.

—Te lo prometo.

Lo miré durante unos segundos.

—Pero tú tampoco puedes olvidarte de mí.

Preston sonrió.

—Eso sería imposible.

Me abrazó y apoyé la cabeza sobre su pecho.

—Tengo miedo —admití.

—Yo también.

—¿Y si las cosas cambian?

Preston levantó mi rostro para que lo mirara.

—Entonces las enfrentaremos juntos.

Sonreí.

—¿Aunque estemos lejos?

—Aunque estemos al otro lado del mundo.

Me dio un beso.

Uno lento y dulce.

Cuando nos separamos, apoyó su frente contra la mía.

—Te quiero.

—Yo también.

Esa noche regresé a casa y miré la pulsera durante varios minutos.

La primera regla había comenzado como una broma.

No te enamores de tu enemigo.

Y ahora Preston era la persona que más quería.

Pero había algo que todavía no sabía cómo manejar.

La distancia.

Dos semanas.

Eso era lo que quedaba antes de que se marchara.

Catorce días.

Catorce días para guardar todos los recuerdos posibles.

Catorce días para fingir que no tenía miedo.

Y, sobre todo…

catorce días para descubrir si nuestro amor era lo bastante fuerte para sobrevivir cuando ya no pudiéramos vernos todos los días.

Tomé mi teléfono.

Emma: Te extraño.

La respuesta llegó segundos después.

Preston: Estoy a cinco minutos de haberte dejado y ya me extrañas.

Sonreí.

Emma: Cállate.

Preston: Yo también te extraño.

Apoyé el teléfono contra mi pecho.

Quizá no sabía qué iba a pasar.

Pero sí sabía algo.

No quería rendirme.

No después de todo lo que habíamos vivido.

No después de encontrar al chico que había empezado siendo mi enemigo y había terminado convirtiéndose en mi hogar.

Y estaba dispuesta a luchar por nosotros.

Sin importar la distancia.




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