Regla #1: No Te Enamores De Tu Enemigo

Epilogo

Tres meses después…

—¡Emma!

Levanté la mirada al escuchar mi nombre.

Sophie corría hacia mí con una sonrisa enorme.

—¿Qué pasa?

—Tenemos que hablar.

—Eso nunca suena bien.

—Es sobre Liam.

Miré hacia donde señalaba.

Liam estaba junto a Sophie, intentando ocultar una sonrisa.

—¿Qué hicieron ahora?

Sophie negó con la cabeza.

—Nada.

—No te creo.

Antes de que pudiera seguir preguntando, sentí unos brazos rodeándome por detrás.

—Hola, novia.

Sonreí inmediatamente.

—Hola, novio.

Preston apoyó su barbilla sobre mi hombro.

—¿Me extrañaste?

—Te vi esta mañana.

—No respondiste.

—Sí.

—¿Mucho?

Me giré para mirarlo.

—Demasiado.

Me besó suavemente.

Sophie hizo una mueca.

—Ustedes dos siguen siendo insoportablemente cursis.

—Estás celosa —respondí.

—Jamás.

Nos reímos.

La vida había cambiado mucho desde aquella primera discusión.

Preston había comenzado la universidad y yo estaba preparándome para empezar la mía.

Seguíamos teniendo días difíciles.

Seguíamos discutiendo algunas veces.

Pero habíamos aprendido a hablar.

A confiar.

A elegirnos.

La distancia ya no nos asustaba como antes.

Porque habíamos aprendido que estar lejos no significaba estar separados.

Preston tomó mi mano.

—¿En qué piensas?

Miré nuestras pulseras.

Las dos tenían la pequeña estrella.

—En que todo empezó por una regla.

—La peor regla que he escuchado.

—Y terminó contigo.

Preston sonrió.

—Entonces valió la pena romperla.

Lo miré.

—¿Crees que las demás reglas de nuestros amigos van a durar?

Preston soltó una carcajada.

—Definitivamente no.

Miramos hacia nuestros amigos.

Sophie y Liam discutían por alguna razón.

Chloe y Mason estaban hablando.

Scarlett y Nathan caminaban juntos.

Isabella y Ryan discutían sobre algo mientras Lily y Jack se reían de ellos.

Sonreí.

Tal vez nuestras historias eran diferentes.

Pero todos estábamos a punto de descubrir que el amor tenía una extraña costumbre de aparecer justo cuando menos lo esperábamos.

Preston apretó mi mano.

—¿Lista?

—¿Para qué?

—Para lo que venga.

Sonreí.

—Contigo, sí.

Me dio un beso en la frente.

Y mientras caminábamos juntos, miré por última vez aquella pulsera.

La primera regla había sido rota.

Pero había dejado algo mucho más importante a su paso.

Una historia.

La nuestra.

Emma y Preston.

Dos enemigos.

Un amor.

Y una regla que nunca volveríamos a seguir.

FIN DEL LIBRO 1.




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