No quería que llegara.
Había intentado no pensar en ello durante semanas.
Pero finalmente había llegado el día.
El último día antes de que Preston se marchara.
Nos encontramos después de clases en nuestro lugar favorito del parque.
Durante unos minutos ninguno habló.
—No quiero irme —dijo finalmente.
Lo miré.
—Lo sé.
—Quiero quedarme contigo.
—Y yo quiero que te quedes.
Preston tomó mi mano.
—Pero esto no es un adiós.
Intenté sonreír.
—Es un hasta luego.
—Exactamente.
Nos sentamos bajo un árbol y recordamos todo lo que había pasado desde el comienzo del año.
Nuestra primera discusión.
El proyecto.
La lluvia.
La primera cita.
El casi beso.
Nuestro primer beso.
Y aquella regla absurda que había terminado cambiándolo todo.
—¿Te acuerdas de cuando me odiabas? —preguntó Preston.
—Todavía te odio un poquito.
—Mentira.
—Un poquito.
Se rio.
—Yo nunca te odié de verdad.
Lo miré sorprendida.
—¿Qué?
—Me gustabas desde mucho antes de admitirlo.
—¿Desde cuándo?
Preston sonrió.
—No voy a decírtelo.
—¡Preston!
—Es un secreto.
Le di un pequeño empujón.
Él me rodeó con sus brazos.
—Te voy a extrañar muchísimo.
—Yo también.
Nos quedamos abrazados durante varios minutos.
No quería soltarlo.
Cuando llegó la hora de irnos, caminamos juntos hasta mi casa.
Nos detuvimos frente a la puerta.
—Mañana a esta hora estarás lejos —susurré.
—Pero voy a llamarte.
—Todos los días.
—Todos.
—Y mensajes.
—Muchos.
—Y videollamadas.
—Las que quieras.
Sonreí.
—Entonces quizá podamos hacerlo.
Preston acarició mi mejilla.
—Vamos a hacerlo.
Me besó suavemente.
Esta vez el beso duró un poco más.
Cuando nos separamos, nuestras frentes quedaron apoyadas.
—Te quiero, Emma.
—Te quiero, Preston.
Lo abracé con fuerza.
—No tardes demasiado en volver.
—Nunca.
Esa noche me quedé despierta mirando el teléfono.
A las once llegó su mensaje.
Preston: Buenas noches, novia.
Sonreí.
Emma: Buenas noches, novio.
Un segundo mensaje apareció.
Preston: Mañana empieza nuestro desafío.
Fruncí el ceño.
Emma: ¿Qué desafío?
Preston: Demostrar que la distancia no puede separarnos.
Sonreí.
Emma: Acepto.
Apagué el teléfono.
Por primera vez no tenía miedo del futuro.
Porque Preston y yo habíamos comenzado con una regla imposible.
Y si habíamos conseguido romperla…
podíamos superar cualquier cosa.
Aunque mañana tuviera que aprender a quererlo desde lejos.
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Editado: 30.08.2026