Cicatrices ocultas

29- No era el final

Capítulo 29. Cuando ya no queda nada

Manoplas llevaba varios días sintiendo que el mundo se había quedado sin colores.

Desde que había descubierto toda la verdad sobre Manuel, algo dentro de él parecía haberse roto definitivamente. No era solamente la mentira, ni siquiera el hecho de que su acercamiento hubiera comenzado por orden de Lolo. Era recordar cada conversación, cada sonrisa, cada gesto de cariño y preguntarse cuántas veces había sido sincero y cuántas había formado parte de un plan que él desconocía.

Había confiado de nuevo.

Y aquella confianza había terminado convirtiéndose en otra herida.

La muerte de Tomeu todavía le dolía. Había aprendido a convivir con su ausencia, aunque algunos días la echara tanto de menos que apenas encontraba fuerzas para levantarse de la cama. Sin embargo, había conseguido volver a sonreír. Había permitido que alguien se acercara y había comenzado a imaginar que quizá podía volver a ser feliz.

Ahora sentía que había perdido también aquella posibilidad.

Se quedaba durante horas mirando el techo de su habitación. El teléfono permanecía sobre la mesita, aunque apenas tenía fuerzas para comprobar las notificaciones. Cada sonido le provocaba inquietud. Temía recibir otra captura, otro mensaje amenazante o alguna noticia sobre la difusión del vídeo.

La intimidad que había compartido con Manuel, algo que debería haber pertenecido exclusivamente a los dos, se había convertido en un instrumento para humillarlo.

Y lo peor era que no sabía hasta dónde podía llegar Lolo.

Intentaba repetirse que no había hecho nada malo. Sabía que no tenía motivos para avergonzarse. No había consentido que nadie lo grabara y mucho menos que utilizaran aquella grabación para amenazarlo.

Pero una cosa era saberlo y otra muy distinta conseguir sentirlo.

A veces cerraba los ojos y recordaba a Tomeu.

Recordaba sus bromas, su manera de mirarlo cuando quería hacerlo reír y aquella tranquilidad que conseguía transmitirle incluso en los días más difíciles.

—Ojalá estuvieras aquí —murmuró una tarde.

La habitación permaneció en silencio.

No esperaba una respuesta. Sabía que Tomeu no iba a regresar, pero había momentos en los que necesitaba hablarle como si todavía pudiera escucharlo.

Después pensó en Manuel.

No podía evitar recordar el beso, las conversaciones y la confianza que había depositado en él. También recordaba su expresión cuando finalmente reconoció que había participado en el plan de Lolo.

Se preguntaba si alguna vez había existido algo verdadero entre ellos.

Aquella pregunta le dolía más de lo que quería reconocer.

Los días fueron pasando y Manoplas comenzó a descuidar incluso las cosas más sencillas. Apenas comía, dormía mal y había dejado de interesarse por actividades que antes le ayudaban a distraerse.

Su familia intentaba acercarse, pero muchas veces no sabía cómo hacerlo.

—¿Quieres que te prepare algo? —le preguntaron una mañana.

—No tengo hambre.

—Aunque sea un poco.

—Por favor, déjame tranquilo.

No lo decía porque no quisiera a quienes intentaban ayudarlo. Simplemente, no encontraba la manera de explicar todo lo que llevaba dentro.

Sentía que cualquier conversación terminaba obligándolo a recordar aquello de lo que intentaba escapar.

Una noche, después de pasar horas llorando, su desesperación alcanzó un punto especialmente peligroso. El dolor, el miedo y la sensación de no encontrar una salida se mezclaron hasta hacerle creer que no podía seguir soportándolo.

Atravesó una crisis muy grave y llegó a intentar quitarse la vida.

No fue una decisión serena ni una solución a sus problemas. Fue la expresión extrema de un sufrimiento que había ido acumulándose durante demasiado tiempo.

Por fortuna, otras personas intervinieron y Manoplas recibió ayuda urgente.

Cuando recuperó la consciencia de lo que había sucedido, se encontraba rodeado de profesionales sanitarios. Le explicaron que necesitaba atención y que no debía afrontar aquella situación solo.

Manoplas apenas hablaba.

Tenía la mirada perdida y parecía no saber qué hacer con todo lo que acababa de ocurrir.

Alguien se acercó a él.

—Ahora lo importante es que estás aquí. Vamos a ayudarte.

Él bajó los ojos.

No sabía si podía creer que las cosas fueran a mejorar. Tampoco tenía fuerzas para imaginar cómo sería su vida a partir de entonces.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, otras personas estaban ocupándose de que no tuviera que enfrentarse solo a su dolor.

La noticia llegó a Manuel como un golpe.

Cuando supo lo que había sucedido, sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Se quedó mirando el teléfono, incapaz de reaccionar. Durante unos segundos, no consiguió comprender las palabras que acababan de comunicarle.

Manoplas había intentado quitarse la vida.

Y él no podía dejar de pensar en su responsabilidad.

Recordó todas las veces que había tenido la oportunidad de contarle la verdad y había decidido callar. Recordó cómo Manoplas le había hablado de Tomeu, de sus miedos y de lo difícil que le resultaba volver a confiar en alguien.

También recordó que había estado a su lado mientras ocultaba información que podía haber cambiado por completo la relación entre ambos.

Lolo lo había amenazado. Lo había chantajeado y había utilizado sus secretos para mantenerlo sometido.

Pero eso no borraba lo que había hecho.

Manuel se llevó las manos a la cara.

—¿Qué he hecho? —susurró.

No esperaba que nadie respondiera.

Durante mucho tiempo se había convencido de que podría arreglar las cosas más adelante. Había pensado que encontraría el momento adecuado para confesarlo todo y que quizá Manoplas podría comprender por qué había actuado así.

Ahora comprendía que había estado utilizando esa esperanza para aplazar una verdad que Manoplas tenía derecho a conocer desde el principio.



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En el texto hay: omegaverse, drama, lgbtq

Editado: 04.11.2026

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