Amor, ven aquí.
Siéntate frente a mí y hablemos.
No quiero discutir ni pelear. Solo necesito que me escuches por un momento. Quiero que prestes atención a lo que llevo tanto tiempo intentando decirte antes de que ya no tenga sentido seguir intentándolo.
Me estás lastimando y ya no sé cómo hacerte entender lo que estoy viviendo.
Siento que estoy al límite, esperando alguna razón para quedarme. Una muestra de cariño, una señal de que todavía te importa lo que nos pasa, algo que me permita creer que vale la pena seguir luchando por esta relación.
Solo quiero sentir que me escuchas de verdad. Que no me juzgas antes de terminar una frase. Que no descartas mis sentimientos diciendo que exagero, que soy un desastre o que convierto todo en un problema.
Ven.
Mírame.
Escúchame por una vez.
¿No ves cómo me estoy desgastando? ¿No ves que cada día pierdo un poco más de mí mismo intentando salvar algo que parece no importarte tanto como a mí?
Siento que mi amor por ti se está apagando, no porque haya dejado de quererte, sino porque estoy cansado de sentir que lucho solo. Mientras yo intento acercarme, tú pareces cada vez más distante.
He pasado muchas noches llorando en silencio dentro de la habitación donde antes me sentía feliz. El lugar donde alguna vez soñé, me sentí seguro y creí que las cosas podían salir bien. Ahora entro y solo encuentro tristeza, ansiedad y una sensación constante de vacío.
Mi rostro refleja el cansancio que llevo acumulando durante meses. He intentado seguir adelante, hablar contigo, buscar soluciones, pero muchas veces siento que observas cómo me derrumbo sin hacer nada para evitarlo.
Y lo peor es que este sigue siendo mi último intento.
Nunca he sido una persona que huya de los problemas. Nunca quise alejarme de ti. Al contrario, siempre quise acercarme más, sentirme amado y construir una vida contigo.
Pero con el tiempo he empezado a entender que quizá no queríamos lo mismo.
Mientras yo buscaba formas de acercarnos, tú encontrabas nuevas maneras de marcar distancia. Mientras yo insistía en arreglar las cosas, tú parecías resignarte a que se rompieran.
Entonces aparecen los recuerdos.
Recuerdo las calles que recorrimos juntos, las conversaciones que parecían interminables, las risas, los lugares que alguna vez tuvieron significado para nosotros. Todos esos momentos vuelven una y otra vez a mi cabeza.
Y duele.
Duele porque he amado esta ciudad con toda mi alma y porque muchos de esos recuerdos están ligados a ti. Ahora camino por los mismos lugares y siento que están llenos de ausencias.
Me asusta pensar que quizá tenga que dejar todo eso atrás para poder seguir adelante.
Me asusta aceptar que tal vez este nunca fue mi lugar.
Y más aún, me asusta aceptar que quizá tú tampoco lo eras.
Aun así, sigo aquí.
Sentado frente a ti.
Esperando que escuches lo que llevo meses intentando decirte.
Antes de que sea demasiado tarde.
Antes de que ya no quede nada de mí para seguir intentándolo.