Te he visto al pendiente de todo lo que hago, escondido entre la multitud, observando cada paso como si todavía buscaras algo de mí. Y deberías detenerte. Resulta un poco triste intentar recuperar aquello que fuiste tú quien decidió perder.
Entiende que algunas historias terminan y no existe una versión donde puedas volver atrás para corregirlas. No tienes que arrastrarte frente a mí buscando atención. Lo que rompiste ya no está aquí.
También me he cruzado contigo un par de veces últimamente y, por primera vez, no sentí nada. Ni rabia, ni nostalgia, ni amor. Solo una extraña sensación de vergüenza al ver en lo que te has convertido.
Tal vez pienses que me volví cruel. Tal vez creas que soy un hijo de puta por escribir esto. Pero no puedes ignorar que gran parte de esta versión de mí nació de todo aquello que me obligaste a atravesar.
Así que toma asiento y disfruta del espectáculo.
Porque ya no necesito compararme contigo para saber qué ocurrió después. Basta mirar nuestras vidas. Yo seguí construyendo la mía mientras tú continuaste corriendo en círculos.
Y cuando veo a mis padres reír, cuando veo los sueños que alguna vez parecían imposibles convertirse en realidad, entiendo algo que antes no podía comprender:
No gané porque te perdí.
Gané porque sobreviví.