Podría adivinar exactamente cómo lo seduces. Las cenas románticas, los nervios antes de verlo, las conversaciones que se extienden hasta la madrugada, las promesas de amor eterno, los desayunos tranquilos y los paseos por la ciudad. Lo haces sentir especial, diferente al resto, como si hubiera sido elegido entre todos. Lo observo desde lejos y no puedo evitar sonreír con cierta tristeza, porque yo también estuve ahí. También creí que conmigo sería distinto.
Lo único que ha cambiado son los rostros. La historia sigue siendo la misma. A veces me pregunto si todavía los llevas del consultorio a tu departamento, si continúas contándoles los mismos sueños y repitiendo las mismas promesas. Me pregunto si él sabe que, apenas unas semanas antes, alguien más ocupaba exactamente el lugar que hoy ocupa en tu vida. Es cruel pensarlo. Más cruel aún verlo sonreír convencido de que encontró al hombre correcto.
Quisiera advertirlo. Correr hacia él y decirle que tenga cuidado, que no todo es lo que parece cuando se trata de ti. Decirle que conozco el final de esta historia porque fui uno de sus protagonistas. Pero también sé que no me escucharía. Yo tampoco escuché las advertencias cuando estaba enamorado. El amor tiene una forma muy extraña de volvernos ciegos; nos convence de que seremos la excepción incluso cuando todas las señales apuntan a lo contrario.
Lo veo mirarte como si fueras perfecto y recuerdo la forma en que yo también lo hacía. Lo veo construir un futuro en su cabeza mientras tú respondes mensajes que él jamás verá. Lo imagino acostado a tu lado creyendo que encontró estabilidad, sin saber que tu atención siempre está buscando la siguiente puerta abierta. Y entonces siento pena por él, porque todavía no conoce la parte de la historia que viene después.
Todavía no sabe lo que se siente regresar a casa preguntándose qué hizo mal. No sabe lo que es llorar en silencio para que nadie escuche. No sabe lo que es repetir "estoy bien" mientras todo se derrumba por dentro. Yo sí lo sé. Viví las noches interminables, la ansiedad, las dudas y la sensación de perderme a mí mismo intentando entender a alguien que nunca quiso ser entendido.
A veces me veo reflejado en él. Tan ilusionado. Tan convencido de que esta vez es real. Y me duele porque sé exactamente cómo termina. Sé que algún día también se sentará a preguntarse si alguna vez fue amado de verdad. Sé que intentará encontrar respuestas donde nunca las hubo. Sé que terminará culpándose por cosas que jamás fueron su responsabilidad.
Los traidores rara vez parecen monstruos. A veces sonríen. A veces abrazan. A veces prometen quedarse para siempre. Te miran a los ojos mientras construyen una mentira tan perfecta que terminas creyéndola tú también. Esa fue la lección más dolorosa que me dejaste.
Por eso, cuando lo veo sonreír a tu lado, no siento celos. Siento algo mucho más triste. Me veo a mí mismo. Veo al chico que alguna vez creyó haber encontrado el amor de su vida y todavía no sabía que estaba a punto de sobrevivirle.