Te vi tratar corazones como si fueran desechables y después cerrar los ojos en una iglesia, rezando para escapar de un karma que tú mismo construiste.
Es curioso.
Pasas la vida interpretando al hombre correcto, proyectando una felicidad impecable, una seguridad admirable, una historia perfectamente ordenada. Pero algunas fachadas son tan frágiles que basta observarlas de cerca para descubrir las grietas.
Y pasan los meses.
Llega alguien nuevo, lo idealizas, lo consumes, lo rompes y finalmente te marchas.
Entonces aparece otro.
Y otro.
Y otro más.
Hasta que un día descubres que no estabas buscando amor.
Solo estabas repitiendo el mismo ciclo.