El monstruo que soy tiene tu nombre

CAPÍTULO 20. Siempre termino aquí

Porque he tenido que disimular mis lágrimas con la lluvia.

Porque he visto lo fácil que es ser reemplazado.

Porque he aprendido a mantener la calma frente a los demás mientras por dentro siento que estoy a punto de derrumbarme.

No existen excusas para seguir adelante. He peleado cada batalla que la vida ha puesto frente a mí y, aun así, algunas noches siento que termino exactamente en el mismo lugar donde todo comenzó.

Siempre pasa igual.

Llega la medianoche y me encuentro recogiendo mis maletas emocionales, buscando el camino de regreso a casa. Me encierro durante meses, huyo de cualquier cosa que tenga relación con el amor y tomo lo que queda de mi corazón para esconderlo en el rincón más oscuro de mi habitación. Entonces vuelvo a convertirme en la misma persona de siempre: disciplinado, enfocado, obsesionado con sus metas.

Y odio admitirlo.

Odio que mi mayor fuerza nazca de un corazón roto.

Termino de rodillas mirando el techo, rezando por un final feliz. Uno solo. Confiando en que quizá esta vez seré ese uno entre un millón que logra encontrar aquello que lleva buscando toda la vida.

Pero las voces regresan.

Los recuerdos regresan.

Los nombres regresan.

Y los murmullos de todas las personas que alguna vez pasaron por mi vida terminan siendo más fuertes que mis propias plegarias.

Entonces me derrumbo en silencio y espero.

Espero que el tiempo haga aquello que yo ya no sé cómo hacer.

Porque me he vuelto estúpidamente vulnerable.

Porque me siento agotado.

Porque sigo creyendo en el amor incluso después de todo.

Y quizás esa sea la parte que más me duele.

Continúo pensando que tal vez el problema soy yo.

Que algo me falta.

Que existe alguna pieza dentro de mí que todos parecen encontrar ausente.

He muerto en vida más veces de las que puedo contar y, aun así, el mundo sigue viéndome sonreír.

Celebran mis logros.

Aplauden mis victorias.

Admiran mi disciplina.

Pero nadie ve las guerras que peleo cuando llega la noche.

Nadie escucha las conversaciones que tengo conmigo mismo cuando todo se queda en silencio.

Nadie sabe cuánto cuesta levantarse algunas mañanas.

Hoy me siento derrotado.

No porque haya dejado de luchar.

Sino porque estoy cansado de pelear las mismas batallas.

Y por primera vez tengo miedo de que el tiempo no sea suficiente para reparar todo lo que se rompió dentro de mí.

Aun así, mañana volveré a levantarme.

No porque me sienta fuerte.

Sino porque nunca he sabido hacer otra cosa.



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En el texto hay: desamor, amor, heartbreak

Editado: 26.09.2026

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