Me enamoraste, me besaste y me llenaste de promesas vacías. Durante mucho tiempo creí que lo nuestro era diferente, hasta que descubrí que era exactamente así con todos.
Y entonces entendí algo terrible:
Nunca fui especial.
Ahora es él quien ocupa el asiento del copiloto. Él aparece en las fotografías, en las indirectas, en los lugares donde a mí me ocultabas. Y no puedo evitar preguntarme cómo fui capaz de entregarte mi corazón o cómo olvidar la primera vez que te besé.
Lo llevas a tu consultorio, a tu departamento y a cada rincón donde acostumbras construir ilusiones. Él todavía cree que eres perfecto. Te escucha hablar de tus sueños, de tus metas y de la persona que dices ser.
Lo que aún no sabe es que olvidaste contarle una parte importante de la historia.
Que no sabes amar.
Y tarde o temprano descubrirá lo mismo que todos descubrimos.
Que detrás de todas tus promesas solo existe alguien incapaz de quedarse.
Hasta que un día la realidad lo alcance.
Y entonces también entenderá quién eres realmente.